Tomás Roig fue un visionario de la flora cubana

Juan Tomás Roig dedicó todas sus energías al estudio de la botánica, porque veía en la flora cubana una fuente potencial de riqueza y salud inexplorada.


Testimonios de cercanos amigos y colaboradores señalan que el sabio cubano Juan Tomás Roig dedicó todas sus energías al estudio de la botánica, porque veía en la flora cubana una fuente potencial de riqueza y salud inexplorada.

Sus estudios sobre las propiedades de las plantas medicinales son fuente de obligada consulta para los especialistas en el tema.

Nacido el 31 de mayo de 1877 en la localidad habanera de Santiago de Las Vegas, con apenas doce años comienza a trabajar como aprendiz de tabaquero, oficio que también desempeñaría en Cayo Hueso, Estados Unidos, entre los años 1894 y 1898.

Luego regresa a Cuba y tras aprobar los exámenes correspondientes a una convocatoria especial, es nombrado maestro de primaria en septiembre de 1901.

Dotado de una inteligencia nata y extraordinaria capacidad para enfrentar las adversidades, Roig cursa varias carreras al unísono y durante esa etapa gana por oposición la plaza de alumno ayudante del Jardín Botánico de la Universidad de La Habana. Ahí descubre su naciente pasión por esa disciplina.

En 1910 obtiene el título de Doctor en Farmacia y Perito Agrónomo. Dos años después logra ese grado en Ciencias Naturales, al defender la tesis titulada Las Cactáceas de la flora cubana.

PARADIGMA DE GENERACIONES
La vida de Juan Tomás Roig está estrechamente vinculada a la Estación Experimental Agronómica de Santiago de las Vegas, porque fue allí donde laboró la mayor parte de su fecunda carrera profesional, e hizo los aportes más importantes de su vasta obra científica.

En diferentes momentos ocupó la jefatura del Departamento de Botánica, y la correspondiente a la Sección de Investigaciones del Departamento de Química.

Participa en numerosas expediciones por la geografía cubana y enfatiza en la urgencia de investigar y clasificar el patrimonio vegetal, como un peldaño insoslayable para el progreso de la nación.

A pesar de coincidir con una etapa donde estuvo alejado de la mencionada Estación Experimental, sus consejos fueron tomados en cuenta en los trabajos que posibilitaron recuperar entre 1914 y 1919 la variedad cubana de tabaco Havanensis, considerada entonces la de mayor calidad mundial, desaparecida por más de 20 años debido a la última contienda bélica librada contra el colonialismo español.

Fue un abanderado del cuidado de los bosques y la conservación de las especies; incluso redactó un proyecto de legislación forestal y parques nacionales. También abogó por crear reservas naturales, áreas protegidas y jardines botánicos.

Al decir de los historiadores de la ciencia, nadie como Roig investigó de manera tan detallada las plantas medicinales de los campos cubanos y defendió la idea de aprovecharlas para desarrollar una industria químico-farmacéutica nacional.

Para muchos estudiosos, su obra cumbre está recogida en el libro Plantas aromáticas, medicinales y venenosas de Cuba, publicado en 1945, donde presenta una monografía de cada especie estudiada por él a lo largo de muchas décadas.

Este contiene los datos referidos al nombre científico y popular, hábitat, distribución geográfica, descripción botánica, partes que se emplean del vegetal con diversos fines, composición química y empleo en la medicina casera.

Según aparece citado en el libro Hacedor del futuro, del doctor Rafael Martínez Viera, el Journal of The New York Botanical Garden expresó en una extensa nota que no se trataba solo de una contribución a la literatura sobre el uso de las plantas medicinales en Cuba, sino que además tenía el valor de dar a conocer la flora de la Isla.

En un plano más particular vale mencionar los estudios de Roig dirigidos a profundizar en las propiedades medicinales de la albahaca morada, la sábila, manzanilla alemana, cordobán, jengibre, vicaria y sagú.

Junto al también amigo entrañable y notable investigador Julián Acuña, participó en el descubrimiento de más de 50 especies de plantas nuevas para la ciencia, durante las frecuentes expediciones que ambos realizaron por las más apartadas regiones del archipiélago.

Tras el triunfo revolucionario del Primero de enero de 1959, su avanzada edad no le impidió seguir con renovadas energías el camino de la investigación, y la lista de aportes aumentó.

Dejó, sin duda, un legado excepcional de conocimientos sobre la flora nacional y el ejemplo de su magisterio como formador de varias generaciones de botánicos.

Fallecido el 20 de febrero de 1971, a la edad de 93 años, la impronta de Roig se multiplica en el actual Instituto de Investigaciones en Agricultura Tropical Alejandro de Humboldt (INIFAT), heredero de su colosal obra y del quehacer de la antigua Estación Experimental Agronómica de Santiago de las Vegas.

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