Virgen de las Mercedes | Foto © Wikimedia

Virgen de las Mercedes, madre de nuestros presos

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Hoy la casa de Nuestra Señora de la Merced, en pleno barrio de San Isidro, espera visita, y mucha, desde muy temprano, tan pronto abran sus puertas.

Es el día de su Virgen, y su Anfitriona sabe que su casa es muy popular en la zona, en la ciudad, que se desbordará de fieles. Ambas tendrán que lucir y estar a la altura de la ocasión.

No se necesitará engalanar su templo más de lo habitual, uno de los más suntuosos de La Habana, pues antiguos condes, marqueses, gente rica y de todas las clases sociales, en señal de profunda devoción a Ella, ya se encargaron de convertirla en una edificación patrimonial que hoy resiste en preservarse. Eso sí, olerá a mariposas y flores blancas más de lo habitual.

‘Merced’ es ‘misericordia’, ‘piedad’, ‘compasión’. Venerar a esta Virgen es, sobre todo, activismo en favor de los mayores marginados sociales: los presos.

Actual Patrona de Barcelona, su devoción nació en esa ciudad, de donde pasó al resto de España. La conquista de América extendió y arraigó su devoción en nuestro continente.

Según la leyenda, el religioso Pedro Nolasco, por mandato de la Virgen María en 1218, fomenta esa devoción mediante la Orden religiosa de Nuestra Señora de la Merced cuyo objetivo era rescatar cristianos cautivos en manos musulmanas, vendiendo cuanto tenían, comprando y canjeando la libertad de presos y esclavos al punto de llegar a ofrecerse como rehenes de cambio.

Fue la primera Virgen entronizada en América por Colón al sofocar en 1495 una rebelión indígena dominicana. Precisamente, el terremoto del 8 de septiembre de 1615 en Santo Domingo destinó esa fecha a la Virgen de la Merced como Patrona de República Dominicana, aunque luego una Real Cédula de 1740 trasladó la festividad al 24 de ese mes.

Su iconografía clásica es una virgen coronada, con un cetro en la mano derecha y un Niño Jesús cargado a la izquierda, vistiendo túnica, escapulario y capa blancos, escudo mercedario en el pecho. Además del escapulario del hábito, suele ofrecer otro en la mano a los fieles. A veces muestra cadenas y grilletes como símbolos de cautiverio.

Cuba, cada 24 de septiembre, sincretiza a esta Virgen con Obatalá, orisha mayor del panteón yoruba, creador de la tierra, artífice del ser humano, deidad de la pureza, dueño de la blancura, la cabeza, los pensamientos y los sueños.

Ese día los fieles, vestidos de blanco, acuden a la Iglesia de las Mercedes, calle Cuba # 806, para colmar de flores y ruegos a la Merced, a Obatalá, o a ambas, y en especial a pedir por los presos. Suele ser una celebración tensa, pues el tema latente de los presos políticos siempre hace temer que la misa y las expresiones de devoción popular estallen en protestas espontáneas públicas contra el gobierno.

Pero religión aparte, o precisamente por ello, un 24 de septiembre siempre será la mejor excusa para reflexionar y debatir sobre una de las cuestiones más incómodas y silenciadas en la sociedad cubana actual: las cárceles.

Se estima que la población carcelaria en la Isla ronda las 57 mil personas, de los cuales 32 mil estarían en régimen de internamiento, 26 mil en instalaciones abiertas, cerca de 23 mil serían empleados asalariados, unos 27 mil recibirían escolarización y más de 24 mil participarían en programas de capacitación laboral, educativos, deportivos y culturales.

Por lo visto en este último medio siglo de historia de Cuba, a la Virgen de las Mercedes también se le ha multiplicado con creces el trabajo atendiendo súplicas: si en 1959 había 14 prisiones, hoy esa cantidad se estima en 200.

Los fieles que vienen hoy a la Casa de La Merced, muchos familiares de presos (se les nota por su forma de vestir, sus expresiones y formas de comportarse), son un reflejo tangencial de nuestra población carcelaria, que a su vez reproduce en miniatura las mismas desigualdades sociales y penales, de crisis económica y educativa, y represión a la diversidad vividas fuera de rejas.

Un día como hoy, se pedirá especialmente por estos presos cubanos que cumplen condena por delitos relacionados con estas desigualdades y por otros, por los cubanos que cumplen condena en su país y en cualquier otro lugar del mundo, que sabemos que no son pocos.

Se pedirá especialmente porque en Cuba exista una participación estatal conjugada con la ciudadana para articular estrategias de prevención con personas en situaciones de riesgo y marginación, de lucha contra la pobreza y la exclusión mediante políticas educativas y laborales que cubran las necesidades básicas de esta población, sus familias, y potencien su dignidad humana.

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