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La crónica es memoria viva: un retrato del instante que mezcla lo personal con lo colectivo, lo íntimo con lo social. En este espacio reunimos textos que capturan la esencia de nuestro tiempo, con la voz directa y sin filtros de quienes lo viven en carne propia. Relatos que nacen de la realidad, contados con la fuerza de la palabra y la sensibilidad de quien observa, sufre, recuerda y resiste.
Cada crónica es un testimonio y, al mismo tiempo, una invitación a mirar más allá de lo cotidiano.
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Apagón y ceniza: crónica de la oscuridad cubana
Adrien Ponderal
Redacto estas líneas en pleno apagón. He de decirlo, pues la ira impulsa el odio que le profeso a este sistema y a sus gobernantes. Su maquiavélico plan de destrucción y deshumanización del hombre ha dado frutos. Ejemplo de ello: la sociedad resignada y aplastada que se superpone a leyes absurdas, a propagandas surrealistas y a doctrinas, más que todo, ridículas.
Por el lado racional, no ceso de pensar si esto es un experimento social o una burla ante la imposibilidad de doblegarnos. ¿Quién restaurará el orden social? ¿Quién construirá un mundo feliz dentro de esta nación en ruinas?
Hoy, más que nunca, palpar la realidad se ha convertido en una pesadilla; sin embargo, también es la consecuencia de obviar tantas veces la oportunidad de vacilación ante lo sensacionalmente correcto.
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Desde mi palco en el cuarto piso de un edificio mal construido en los años 70, inspirado en el brutalismo soviético, disfruto de la oscuridad en la cual ha sucumbido el barrio, tanto moral como energética.
Un crío de meses llora; escucho sus quejidos de espanto. Imagino que se retuerce de calor mientras su madre, probablemente, lo esté meciendo a la par que lo abanica, sentada sobre un sillón, sin tiempo para pensar en qué hará cuando sus fuerzas se agoten y sus brazos ya no puedan soportar el vaivén del movimiento.
También escucho gritos de alegría. Al parecer, los más adolescentes se valdrán de la nocturnidad del apagón como excusa para no asistir a la escuela. Total, el sistema no ha hecho más que mentirles, reprimiendo el desarrollo intelectual y sustituyéndolo por la mecanización educativa. No creo que pierdan demasiado de no ir.
A pesar de los alaridos aislados, lo que priva el ambiente es un silencio mayoritario, un quejido silente: la resignación, el cansancio, el encabronamiento. Todas estas emociones son negadas por sus portadores a expresar, algunos por miedo, otros porque se les ha esfumado la esperanza.
A nivel de accionar, las personas se valen de informar sus incomodidades, manifestándolas a través de mensajes en un chat de la empresa eléctrica, la cual, en un paralelismo siniestro con la realidad, también se encarga de silenciar a quienes no cumplen los parámetros establecidos.
Ahora presencio algo más que el silencio: el rugir de un generador eléctrico. No es de asombro conocer de dónde viene; entre la oscuridad abrasiva, pocas luces llaman tanto la atención.
El esplendor proviene del edificio colindante, de un quinto piso, perteneciente este a un funcionario del Ministerio del Interior que sabrá Dios cómo puede, con un salario tan irrisorio, sustentar dicho artefacto, tan costoso por estos días de penurias generalizadas.
En fin, la hipocresía ideológica: promueven un ideal, dominan de manera cruel y, encima, no pueden contener sus ansias de disfrutar de productos capitalistas. Igual es que los mosquitos pican para todos, comunistas incluidos.
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