
En más de una ocasión hemos escuchado que los cubanos siempre están inventando, que le sacan punta a un foco, que las cogen al vuelo y que de todo sacan provecho y ventaja. Si a lo anterior sumamos las vicisitudes y limitaciones a las que han tenido que hacer frente por décadas el cóctel está servido, ¿el resultado? una extensa galería de inventos, remiendos, parches y soluciones que a más de uno dejarían boquiabierto.
Los inventos culinarios y gastronómicos cubanos han transitado por la pícara inventiva, el juego con lo que había y el reacomodo de los nombres tradicionales a los nuevos ingredientes.
Sirva esta lista como recuerdo de algunos de esos mejunjes, comidas y bebidas made in casa.
Pizza de preservativo: en Cuba los productos 'desaparecen', un día los puedes encontrar y al siguiente no. A veces la desaparición se dilata y la imaginación para sustituirlos echa a volar. Ante la escasez de queso para las pizzas a algún pillo se le ocurrió que la apariencia de un preservativo fundido simularía al queso y ni corto ni perezoso se puso a ello, sin embargo, parece que esto es más una leyenda urbana que una realidad. ¿Acaso se conoce un solo caso de alguien que la haya comido? No pocos se han lanzado a la empresa de comprobar la apariencia de un preservativo 'horneado' y sinceramente el resultado no parece muy apetecible.
Bisté de colcha de trapear: no valía cualquier colcha nueva, con el tejido tupido, impoluta y gruesa; cuanto más vieja mejor, pues bien sazonada y con una guarnición apropiada emulaba perfectamente al original filete machacado.
Picadillo de cáscara de plátano: otro engaño más para el paladar en aquellos tiempos duros en los que la proteína animal parecía haberse marchado a otras latitudes.
Dulce de coco de col (por la apariencia y lo crujiente de ambos) o de zanahoria (no engañaba a nadie porque solo compartía con el otro el ser ambas frutas rayadas).
Papatillo: primo tercero del boniatillo, no solo no tenía boniato -claro está- sino que las más de las veces era sólo papa, agua y azúcar y el hambre como ingrediente estrella, pues como dijera el sabio Sancho “la mejor salsa del mundo es el hambre”.
Helado de arroz hecho en lavadora rusa: no es que no fuera sabroso en muchos casos, no es que no fuera un helado porque lo estaba, sino que de leche tenía más bien poco y de higiene... vaya usted a saber!
Barra de guayaba de plátano burro: si expertos eran los vendedores en apañarse con lo que había y abaratar costes al máximo, semejante pericia desarrollaban los consumidores para detectar los engaños o invenciones. Como relleno de los pasteles o dulces costaba un poco más detectarlo.
Sin embargo, la economía e infraestructura precarias, la falta de controles sanitarios y de principios de algún que otro 'negociante' cubano trajo 'inventos' francamente irresponsables, delictivos y punibles que ponían en riesgo la salud e integridad de los consumidores. No merecen estar en la lista anterior pues no revelan la creatividad y pillería cubana, su adaptabilidad y presteza sino una falta de escrúpulos y ética. Me refiero, por ejemplo, a la leche en polvo con talco o cemento blanco y al alcohol de madera vendido como ron.
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