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Orígenes de la medicina en Cuba

La medicina aborigen en Cuba sobrevivió a su propio pueblo como un verdadero “préstamo cultural” que recibieron los colonizadores hasta el siglo XVIII. Pruebas palpables existen. El Ayuntamiento de Santiago de Cuba concedió en 1609 a la curandera india Mariana Nava una licencia para practicar la medicina, por lo que fue la primera en ejercer legalmente esta profesión en Cuba.


Este artículo es de hace 16 años
La historia de la medicina en Cuba, no comienza, como algunos pudieran creer, con la llegada de los españoles a la isla. Basados en las lecturas de los cronistas de Indias y los trabajos de algunos historiadores médicos, podemos asegurar que entre los aborígenes de esta tierra existía ya una cierta práctica de la medicina, muy propia de su cultura.

La medicina aborigen en Cuba sobrevivió a su propio pueblo como un verdadero “préstamo cultural” que recibieron los colonizadores hasta el siglo XVIII. Pruebas palpables existen. El Ayuntamiento de Santiago de Cuba concedió en 1609 a la curandera india Mariana Nava una licencia para practicar la medicina, por lo que fue la primera en ejercer legalmente esta profesión en Cuba.

Entre los aborígenes taínos esta práctica la ejercían los Behiques o Bohiques, una suerte de sacerdotes médicos, que se convirtieron en las principales víctimas de los misioneros y colonizadores, pues ellos constituían una fuerte barrera en su misión de esclavizar y aniquilar el patrimonio cultural aborigen.

Por supuesto que estos “médicos” de la tribu no poseían conocimientos científicos de anatomía o fisiología, eran puramente intuitivos, aunque parecen haber tenido ciertos conocimientos en relación con los cinco sentidos principales, teniendo en cuenta que estas funciones le ponían en con el medio externo, el peligro y la supervivencia.

No se han encontrado pruebas de que nuestros aborígenes hayan padecido alguna epidemia o enfermedad infecciosa que pudieran transmitirle a los españoles; más bien eran saludables, como efecto de sus buenas costumbres higiénico-sanitarias. Sin embargo, aun con estas condiciones ejemplares en que convivían, conocieron malestares como la tos, fiebre, anemia, cuadros neurálgicos y otros síntomas a los que identificaban por igual en su lengua con la voz “axe”.

Según las referencias encontradas, los behiques trataron parasitismo intestinal, lesiones cutáneas, diarreas, constipación, asma, dificultades urinarias, dolores, acné, heridas, contusiones, etc. Como costumbres tenían el aislamiento de los enfermos para evitar el contagio, y el enterramiento de los muertos en zonas lejanas. También realizaban la disección de los cadáveres, hasta dejarlos como momias. Estas culturas no practicaban la antropofagia, la consaguinidad ni los sacrificios humanos. Sin embargo, eran muy celosos en la responsabilidad exigida para practicar la medicina, para lo cual tenían sus ritos. Cuando moría el jefe de la tribu, el Behique o médico era enterrado junto con él y su esposa.

El agua fue uno de los principales recursos para los métodos de aquella rudimentaria práctica médica. También algunas plantas como la yerba santa, la manzanilla, la guayaba, la piña, el bejuco, el tabaco, la canela, la verbena, el betumen, guaguasi, goaconax, la jagua, guácima, guayacán y el palma cristi, entre otras.

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