Odelín resurge como el ave fénix

Este artículo es de hace 12 años
Aún puedo revivir el torrente de emociones que me dominaron cuando la conocí. Batallaba dentro de un vaivén de preguntas e ideas ante aquella especie de ave fénix trocada en mujer. Silenciosa y algo cohibida, intenté acercármele para desentrañar su historia. Aunque al inicio se negó a ser entrevistada, muy pronto estuve hundida en un gran butacón escuchando el relato de su vida, y no me quedó más remedio que acordarme de la canción del trovador Carlos Varela, cuando dice: “su sexo qué importaba si era falso o cierto si ya vivía con la ilusión”. Odelín mira inquisidora, se arregla el cabello y su voz se proyecta con seguridad mientras yo la interrogo; nada desea ocultar y por eso no omite ni el más mínimo detalle. Sus ojos son un mar de optimismo, el pasado ha quedado atrás y aunque la lucha por la total aceptación de los transexuales es bien larga, ella cree que podrá retar el oleaje externo a cualquier precio. “Desde pequeña, con apenas cuatro o cinco años, comencé a imitar las características de mi sexo opuesto. La maestra se dio cuenta de todo, llamó a mi mamá y le comentó sobre mi comportamiento anormal. Desde ese momento empecé a tratarme con psicólogos y abandoné los estudios a los diez años”, rememora Odelín. Su infancia transcurrió por un sendero espinoso cubierto de incertidumbres e incomprensiones. La reacción de la figura paterna fue negativa, las peleas y las prohibiciones se multiplicaron. Sobre esta compleja situación comenta Odelín: “aunque mi papá me regañaba casi siempre, yo buscaba la oportunidad para travestirme. Le cogía prestado a mi mamá un par de vestidos bonitos, collares y maquillajes. Me pasaba horas mirándome en el espejo”. “Comencé a tratarme en la Clínica de Orientación y Diagnóstico Sexual, de Ciudad de la Habana, luego pasé a la Consulta del adolescente, hasta que me realizaron la diagnosis de transexual en el Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX). Antes me había automedicado una hormona anticonceptiva para el crecimiento de las mamas, pero allí me ofrecieron un tratamiento hormonal adecuado para feminizar la figura y me brindaron un gran apoyo psicológico”, recuerda. Después de la tormenta viene la calma, asegura el refrán, que bien podría suscribir Odelín pues, tras mucho bregar, finalmente obtuvo la comprensión de padres, amigos y vecinos. “No considero que tenga problemas sociales. Entro y salgo de mi casa con naturalidad. Además, mi familia me ama y me respeta mucho. Ahora tengo 33 años, me siento muy bien en el plano personal y laboral. Trabajo en el Centro Nacional de Educación Sexual y abogo por los derechos de la diversidad”, asegura, mientras sus labios se sellan con una sonrisa. Ranura de luz. Aún en pleno siglo XXI, los tabúes persisten en la mente de los seres humanos. En materia de transexualidad, es notorio que se ha avanzado algo, pero mucha brecha queda por abrir, ya que el rechazo es evidente en un alto número de personas. La transexualidad, en psiquiatría y sexología, es la identificación con el rol de género asociado al sexo opuesto, que conduce al individuo a modificar su anatomía. En la década de los setenta, la Federación de Mujeres Cubanas propuso crear un equipo multidisciplinario para atender transexuales, lo que fue aprobado en 1979 por el Ministerio de Salud Pública. Se consideraron alrededor de 92 solicitudes. En 1988 en nuestro país se llevó a cabo la primera y única intervención quirúrgica de transexualismo. El paciente sufría de una enfermedad denominada Síndrome de Disforia Genérica o Síndrome del Sexo Insatisfecho, según denominaciones de algunos especialistas norteamericanos. Expertos europeos consideran que la causa radica en impregnaciones de hormonas sexuales durante la vida intrauterina en el período de unas ocho semanas, en las que se empiezan a conformar los genitales del feto. Otros pequeños pasos se dieron en el 2004, al ampliarse el equipo interdisciplinario. Ya en el 2005 surge la Comisión Nacional de Atención a Transexuales. Recientemente se celebró el IV Congreso Cubano de Educación, Orientación y Terapia Sexual, donde tuvo lugar el I Simposio La transexualidad en Cuba. Un debate quedó abierto sobre el tema. Los especialistas intercambiaron sobre acuerdos, legislación y retos futuros. Al respecto apuntó la máster Mariela Castro Espín, directora de CENESEX: “Entre los cambios legislativos aceptados por el Ministerio de Salud Pública, a materializarse durante los próximos cinco años, fueron incluidas las propuestas que modifican el Código de Familia y la identidad de género. Además quedaron aprobadas las resoluciones que abordan la atención al transexual y la intervención quirúrgica para el cambio de sexo. Pienso que el Partido ha comprendido la relevancia de la cuestión como problema social. “La transexualidad es una realidad histórica. Lamentablemente muchas personas aún no comprenden de qué se trata y por ello la rechazan. Sin embargo, cuando se les explica a fondo el asunto, son capaces de sensibilizarse y humanizarse con el tema. Por este motivo el CENESEX cuenta con una campaña educativa en la cual se imparten conferencias, charlas y seminarios, con el objetivo de que las personas transexuales puedan ocupar un lugar en la sociedad y que no queden como parias abandonados en tierra de nadie”. Fuente: Por Ana Lilian Lobato, Juventud Técnica

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