A escena, la imaginación. Teatro en la radio

Esta noticia es de hace 12 años
Acaba de concluir la edición del Festival Nacional de la Radio correspondiente al año en curso y, una vez más, Radio Progreso ocupa el primer lugar entre todas las radioemisoras participantes en razón de los premios obtenidos por sus productos radiofónicos y, en particular, se alza con buena parte de los reconocimientos en las categorías dramáticas. Entre ellos dos han correspondido a los programas que se trasmiten en el espacio Teatro que sale al aire todos los domingos de 1.00 a 1.57 p.m. Dicho espacio cuenta con una extensa historia cuyo inicio se remite a la segunda mitad de la década del cincuenta. Durante algunos años en la década siguiente dejó de figurar en la programación de la emisora hasta que definitivamente fue restituido a la misma. A lo largo de todo este tiempo ha presentado obras de muy diversa índole. Desde el punto de vista genérico: tragedias, dramas, comedias de toda clase, farsas, musicales, monólogos. Desde un enfoque temporal y geográfico: clásicos europeos, norteamericanos, latinoamericanos y cubanos, textos contemporáneos de cualquier latitud y, entre los contemporáneos del patio, lo mismo versiones que obras originalmente escritas para el medio. El espacio cuenta con un cuadro artístico donde destacan directores de la talla de Caridad Martínez, Moraima Osa, Héctor Pérez; Carmen Solar, María Antonia Álvarez y, más recientemente, nuevos nombres que se incorporan como Raquel Rosales, Néstor Camino, Juan Carlos Tejera, María Elena Hernández, etc., todos con la asesoría, desde 1992, de una especialista de alto nivel de rigor y experiencia como Carmen Laura Marín. También el equipo técnico juega un papel fundamental en la calidad de este tipo de programa considerado el más complejo entre los que conforman la propuesta dramática de la radioemisora. Efectistas como Rolando Alonso y Raúl Guanche, grabadores de la talla de Evelyn Marrero, Marta Daniel, musicalizadores del vuelo de Iván Pérez y Patricia Martínez garantizan el éxito. A los repartos que encabezan actores de primer nivel y extensa experiencia, algunos de ellos verdaderas glorias de la radiodifusión cubana, como Marta Velazco, Marta del Río, Aurora Pita, Julio Alberto Casanova, (imagen) seguidos de Marcial Zamora, Jorge Rivera, Manuel Portela, Osnildo Fundora, se incorporan día a día jóvenes intérpretes. Unos y otros llevaron al aire De cara al sol, de Gilberto Enríquez, en mayo del año pasado como homenaje al Héroe Nacional en el aniversario de su caída en combate. Dos tramas se entretejían e iluminaban una a la otra en un hermoso juego de espejos: de una parte una selección de los textos de Abdala, la conocida pieza de Martí, donde dialoga el amor filial con el amor a la patria; de la otra, la historia ficcional de la relación entre Doña Leonor y su amado primogénito. Lo dirigió María Elena Hernández. No por casualidad el programa resultó galardonado con uno de los premios especiales en el recién concluido Festival Nacional. También a cargo de María Elena estuvo un texto radiado hace unas pocas semanas: Monogamia, del reconocido autor chileno Marco Antonio de la Parra. Ella eligió al veterano Julio Alberto Casanova y al novel Saúl Seijo para interpretar los dos únicos personajes de esta obra. Su atinada disposición del set de grabación, su modo de conducir a los actores y al equipo técnico que la secundaba sorteó con pericia los riesgos que puede presentar una historia con solo dos personajes, escasa acción física ,que se desarrolla en un espacio cerrado y se apoya en un diálogo íntimo. El resultado fue una emisión de excelencia que mucho agradecieron sus radioyentes donde se conjugaron el cuidado de los diferentes planos de sonido, la recreación de ambientes, la adecuada utilización de los efectos y, por supuesto, el estímulo y la orientación que supo brindarle a cada uno de los actores. Las difíciles condiciones de infraestructura que caracterizan el trabajo de la radiodifusión nacional, sobre todo durante las últimas décadas, también se hacen presentes en la labor cotidiana de Radio Progreso. Escasez de papel y de insumos para la reproducción de los libretos, roturas frecuentes de las dos únicas máquinas fotocopiadoras que garantizan las copias para el funcionamiento de toda la emisora son algunas de las razones que impiden en ocasiones cada vez más reiteradas la grabación y correspondiente salida al aire de nuevas emisiones de este y otros espacios de carácter no seriado. A ello se unen las carencias materiales que aquejan a los escritores de los disímiles programas quienes no cuentan con ordenadores personales y sufren la escasez de papel y de cintas de máquina. Una situación peligrosa se ha creado como consecuencia del cambio tecnológico que supone la era digital. Para digitalizar la información que hoy se conserva en cintas es preciso contar con la cantidad suficiente de unidades de soporte. En la actualidad la emisora no posee el número de discos compactos que permitiría realizar el proceso de conversión tecnológica con eficacia y sin pérdidas de información, tampoco posee la cifra precisa de quemadores para ello. Ahora mismo las grabaciones de los radioteatros, al igual que el resto de los programas, se almacenan en los discos duros de las computadoras de la entidad. Cada vez que estos soportes se llenan es preciso ganar unas cuantas gigas de espacio para continuar guardando lo grabado recientemente. Este espacio se gana por lo general borrando algunos radioteatros bajo el criterio estrecho de priorizar en la conservación los productos que han sido reconocidos con algún premio o aquellos que, por alguna razón, constituyen fondos patrimoniales. Por una parte sucede que la categoría de objeto patrimonial está íntimamente vinculada con el eje temporal, por lo tanto lo que hoy no revela este valor puede hacerlo mañana. Por la otra resulta que son precisamente las existencias en archivos lo que permite la perdurabilidad de un producto en el tiempo, su máxima explotación, su disfrute por generaciones sucesivas e, inclusive, poder responder a cualquier demanda de programación ante una eventualidad. Ya en una ocasión, cuando emergió al mercado fonográfico el disco de larga duración o LP los procesos de conversión de la información cultural acopiada en los discos de 78 y 45 rpm resultaron traumáticos para una buena parte de nuestro patrimonio musical, que se perdió en aquel tránsito, puesto que las firmas disqueras norteamericanas que eran quienes atesoraban en ese tiempo aquella música priorizaron los parámetros mercantiles por encima de los estéticos, históricos o patrimoniales. La voluntad, la creatividad, el amor a la profesión de todo este maravilloso equipo de la radiofonía cubana merece y necesita un pronto respaldo material y financiero. Eso, además de los premios ganados en los festivales, le confirmará cuánto valoramos y agradecemos de punta a punta de la Isla su originalidad y su desvelo. Fuente: Cubarte

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