Las abejas más laboriosas de Cuba

Este artículo es de hace 12 años
Entre reinas, obreras y zánganos tuvo que aprender el difícil arte de la miel y gota a gota se convirtió en el mejor apicultor del país si de eficiencia y propóleos se trata. Sus manos, renuentes al guante, sufren más de 100 picadas de abeja en cada castración cuando las flores escasean y el celo las vuelve más furiosas. Aun así, no desiste de su laboreo y el año pasado logró un rendimiento de 155 kg de miel por colmena, y desde el 2000 no baja de los 110 kg. Para muchos entendidos, 70 kg es un resultado aceptable; pero Mangano ha ido más lejos y hasta bromean con ponerle una planta de beneficio en las afueras de su casa, allá en Cambao (Yaguajay), pues las 27 toneladas de miel entregadas a la industria en el 2007, con solo 170 colmenas, lo catalogan como el "rey de las abejas". A ese ritmo, los 64 mejores productores de la provincia hubiesen podido casi cuadruplicar la miel entregada al país. Eliseo dice que hay que trabajar más que las abejas, pero la sabiduría y el extremo cuidado han de acompañar también a los apicultores. Si a ello se añade el apoyo de los directivos, el resultado parece sencillo: mucha miel y poca abeja. ¿Fórmulas mágicas? Esta provincia es la cuarta en la producción de mieles, pero la excelencia no está en la cuantía, sino en la eficiencia y calidad. Lázaro Bruno García, director de apicultura en el territorio, apunta que actualmente existen en la provincia 10 800 colmenas, cifra inferior a lo que se debería tener. "Ante esta situación, la estrategia ha sido priorizar y facilitar recursos a los mejores productores. Hemos ido decantando y de 94 que existían en el 2000, hoy tenemos 64. Con ellos logramos un rendimiento de 69 kg por colmena". Foto: OSCAR ALFONSO SOSA y OTMARO RODRÍGUEZA Eliseo Herrera Mangano, los guantes le resultan incómodos y asegura que está acostumbrado a los aguijonazos. Poseemos suficiente campanilla y aguinaldo que inciden en el color y la humedad, indicadores muy importantes en la calidad de la miel. Ocho centros formadores de colmenas y uno de reinas tributan también a la permanencia de colmenares fuertes, y anualmente, comenta Bruno, trasladamos a las costas unas 6 000 colmenas para su abundante alimentación. Pero no solo la reproducción y el alimento garantizan la permanencia y el crecimiento de los colmenares. Muchos son los retos que los apicultores han de enfrentar. Eliseo, quien con 15 años rodeado de panales y sus logros productivos es considerado un experto, revela "secretos", aunque él asegura que le falta mucho por aprender. "Cada 10 días un apicultor debe visitar la colmena para ver si la reina está bien (debe poner entre 2 500 y 3 000 huevos diarios). Esto es imprescindible porque una abeja nace a los 21 días y demora 21 en volar, su vida promedio es de dos a tres meses. Si no visitas el apiario frecuentemente y la reina está muerta, en ese periodo dejan de nacer muchas abejas y en lo que traes otra y esas obreras están listas para producir, el colmenar se te demora unos 6 meses en volver a levantar". Por eso Mangano recorre frecuentemente sus 170 colmenas (cada una tiene entre 60 000 y 90 000 abejas) y antes de castrarlas las alimenta, pues los primeros días suelen ser difíciles para ellas si no tienen la comida suficiente. Se pillan unas a otras y hasta se matan. Entre tanta cámara de cría (donde la reina pone), alza (segunda caja) y media alza (tercera), Eliseo logra el crecimiento vertical requerido, al tiempo que le sigue la pista a cada panal para no colocarlo en la colmena equivocada. Así mantiene la barroa (plaga) a raya. Detallista en sus manejos, evita el guante que le resulta incómodo para extraer propóleo; un factor de limpieza que señala además cómo está la producción de miel. En este indicador, la apicultura cubana lo reconoce como el mejor. Sus labores trascienden los apiarios. Dos veces al año, las abejas tratan de reproducirse y abandonan su casa. Para impedir que las colmenas "boten enjambres", cambia la reina, y las nuevas obreras que nacen se mantienen en producción y posponen esa necesidad. "Si no evito la enjambrazón, obtengo la mitad de la miel", cuenta Eliseo. Pudiera parecer una locura, pero cuando la prevención falla, soga en mano, y núcleo (pequeña caja) al hombro, Mangano sale a cazar abejas. Explora los alrededores, a veces distantes, localiza el enjambre y sube a la mata o tira una soga que cuelgue del gajo. Amarra su núcleo y lo hace subir hasta las cercanías de las abejas. Cobija segura y miel abundante, logran convencerlas y este apicultor recupera sus "hijas" extraviadas y no afecta la producción. Sin fórmulas mágicas transcurren los días. El amor al trabajo y el empeño son los verdaderos "trucos", pues aunque el humo del fuelle controla los enjambres y nos permite un asomo cercano, es sin dudas Mangano quien logra hacer de ellas las abejas más eficientes. Fuente: Granma

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