Piden cubanos fortalecer capacidad de compra con una sola moneda

Este artículo es de hace 12 años
Cuando se pongan a la venta en divisas las computadoras, reproductores de videos y otros artículos electrodomésticos, su adquisición podría estar reducida a un pequeño sector poblacional de con mayores ingresos La dualidad monetaria en Cuba complica la situación de la economía y limita la capacidad de compra de la mayoría de la población, que demanda la apreciación del peso (moneda nacional). Por ello, cuando se pongan a la venta en divisas las computadoras, reproductores de videos y otros artículos electrodomésticos, su adquisición podría estar reducida a un pequeño sector poblacional de con mayores ingresos. Según estadísticas oficiales, 60 por ciento de los cubanos tiene acceso a los pesos convertibles CUC, divisa local que en 2004 sustituyó al dólar, devaluado por el entonces presidente Fidel Castro, pero que continúa anclada al valor del billete verde. El acceso a los coloridos billetes es muy desigual, pues depende del monto de las propinas, remesas de familiares en el exterior o las llamadas “gratificaciones” o estímulos que reciben quienes laboran en el turismo o firmas extranjeras radicadas en Cuba. Un CUC tiene 24 veces más valor que un peso cubano. Así, el poder de compra de una persona sigue dependiendo más de los ingresos que recibe en moneda nacional con salarios que el presidente del Consejo de Estado, Raúl Castro, calificó de “insuficientes”. En la escala salarial local, la máxima equivalencia con el CUC de una remuneración en moneda nacional no pasa de 20 dólares. Muchas familias han desarrollado una afición por las matemáticas para ver cómo sus ingresos les alcanzan para sobrevivir entre los días de cobro.  La brecha entre salarios y precios fue uno de los temas que emergió en un debate nacional sobre los problemas económicos promovido por Raúl Castro desde julio de 2007, a mediados de su presidencia interina en remplazo de su enfermo hermano Fidel Castro. La apreciación del peso frente al convertible (CUC, de convertibilidad interna a 1.08 dólares o 24 pesos), fue también una de las expectativas abiertas por el presidente. En diciembre pasado, Castro indicó en el Parlamento que la existencia de dos monedas y las deformaciones de los sistemas de salarios y precios, “requieren estudio profundo y se realizará con la mesura, rigor y responsabilidad que merecen”. Al ser electo presidente por el nuevo Parlamento el 24 de febrero pasado, Raúl advirtió que se estudia una “progresiva, gradual y prudente revaluación del peso cubano. Al propio tiempo, profundizamos en el fenómeno de la doble moneda en la economía”. Cubanos de a pie, académicos e incluso economistas independientes coinciden en que es necesario revaluar el peso cubano, con el que se pagan los salarios estatales, para equiparlo al peso convertible, en que son vendidos los productos importados. Aunque la eliminación de la doble moneda en Cuba es una sentida demanda de la población, quienes la aceptan como una medida que deberá tomarse en algún momento alertan sobre sus efectos inmediatos si no está respaldada por el desarrollo de la economía. El diario Granma llamó a comprender que el gobierno “no puede decir de hoy para mañana que desaparece la doble moneda, adoptada como algo perentorio cuando empezamos a buscar fórmulas propias para remontar el momento más crítico y agudo del periodo especial” (crisis económica). En un artículo, su director Lázaro Barredo anotó que “en nuestro colectivo nos hemos planteado varias veces la hipótesis de qué pasaría si se dice que mañana desaparece la doble moneda”. “No hay que ser sabio para imaginarse que la gente arrasaría de inmediato con los mercados, +y después, qué?”, dijo y señaló que el grueso de lo que se vende en las tiendas en divisas no lo produce la industria nacional, es importado. Pero el problema no se circunscribe al consumo de la población, durante décadas restringida a lo más esencial dada la ausencia de una suficiente oferta de mercado. El impacto de la dualidad afecta el control y medición de la eficiencia económica, señaló en un artículo la revista Bohemia, según el cual por la existencia de dos monedas “los costos reales quedan enmascarados muchas veces en los enredos de contabilidades paralelas”. En el plano social, primero el dólar, cuya tenencia fue despenalizada en 1993 como parte de cautas reformas económicas, y luego el CUC, ahondaron en los últimos años las desigualdades en la isla caribeña de 11.2 millones de habitantes. “Los que tienen dólares tienen una gran ventaja”, comentó Roberto, un electricista del gobierno que sobrevive con su salario mensual de 350 pesos cubanos, el equivalente a casi 15 pesos convertibles. La dualidad monetaria pauta la existencia de dos tipos de consumidores de bienes y servicios. Con los CUC puede comprarse en las denominadas “shoppings” (tiendas) de la nación, donde los precios son superiores a los de otros países como parte de la estrategia gubernamental para recaudar divisas. Con mejor presencia que los establecimientos en moneda nacional, estas tiendas venden alimentos, bebidas, tabaco, ropa, zapatos, artículos de aseo y cocina, cosméticos, juguetes, electrodomésticos, papelería, y artículos fotográficos, entre otros bienes importados. También el CUC da acceso a gasolina, autopartes y costear taxis, cuentas en bares, restaurantes y cabarets, entre otros servicios, en cantidad y calidad superior a las del mercado en pesos tradicionales. Con pesos cubanos, se costean los productos de la canasta básica de alimentos y otros subsidiados, servicios municipales como agua, luz, teléfono, correos, gas doméstico, vivienda y medicamentos. En moneda nacional para todo el mundo se cotiza el transporte urbano, cines, teatros, eventos deportivos, tiendas de confecciones, cafés y restaurantes modestos, y venta callejera de bebidas y bocadillos nacionales. Fuente: Milenio

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