El asombro de un Alacrán centenario

Este artículo es de hace 12 años
  Cuenta la leyenda que el 6 de enero del “Año del Cuero” (1844) la dotación esclava del ingenio La Demajagua había logrado permiso de los dueños y se disponía a celebrar su jolgorio anual del Día de Reyes, cuando la mujer del contramayoral Nangoro lanzó un grito desde el cañaveral al ser picada por un bicho, que aparentemente nadie identifica. El brujo Ta Cuñengue pregunta a los caracoles y le informa al marido que se trata de un alacrán, que el hombre mata con su mocha. Este tema motivó a la primera comparsa de El Alacrán, fundada en 1908 en el barrio habanero de Jesús María, donde cuentan que tuvo a blancos pintados de negro. A su modo se fue  enriqueciendo hasta llegar al actual espectáculo, que revivió la barriada del Cerro en los años 30, donde varias decenas de parejas evolucionan al compás de 35 músicos, todos precedidos de farolas dedicadas a deidades de la religión Yoruba. La principal es Yemayá Olokum, de ahí el azul señero en el vestuario. Pero igual se veían junto a divinidades afrocubanas los equivalentes del santoral católico y los achoneros o portadores de piezas cuajadas de luces haciendo malabares en su honor. La comparsa renacida recibía la ayuda del comercio y de particulares, y había que convencer a la gente para que contribuyera y participara pues todo aquello se tenía por atraso y terminaban los propios comparseros cubriendo los gastos de su bolsillo. Trabajadores asiduos a la bodega de San Salvador y San Quintín, en la barriada del Cerro, decidieron reimprimir la añeja página comparsera y trajeron para el actual municipio su hermosa tradición en la temporada 1937-38. Sería director Santos Ramírez, quien con su hijo del mismo nombre, y sus amigos Sebastián Mitjans, Ricardo Flores, José y Benito Menéndez, Armando Delgado, Pedro Marín y Félix Huerta fueron al rescate de sus raíces servidos para el empeño de una leyenda vestida de color, luces y música. Algunos ofrecieron sus testimonios a esta redactora hace 30 años y le contaron entusiasmados los pormenores de la típica comparsa que inundó a la capital con su ritmo, lo alzó desde la calle sobre el tiempo, y hoy nada impide afirmar que fue el barrio quien aupó a la comparsa. Así repetían al compás del estribillo: Oye colega no te asombres cuando veas/ al alacrán tumbando caña/ costumbre de mi país, mi hermano. También me contó Panchita Cubas, quien por aquel tiempo había cumplido 93 años y bailaba todavía, que había sido despalilladora, luchado junto a Lázaro Peña y estado presa por enfrentarse a unas rompehuelgas. Pero la comparsa fue penetrando tanto que estaba hasta en la pelota. El Club Almendares era azul con un alacrán porque también en el deporte se identificó lo popular. Desde los tiempos de Jesús María y después de 1959, la comparsa de El Alacrán conquistó más de una vez los primeros premios en los carnavales. “Muchas cosas cambiaron”, me dice el tercer Santos de la generación de los Ramírez, y actual director, y agrega: “mas lo autóctono permanece como herencia para los que vendrán después”. Fuente: Trabajadores

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