Conrado Marrero: leyenda viva del béisbol cubano

Este artículo es de hace 12 años
El ex pitcher derecho Conrado Marrero, leyenda viva del béisbol cubano, cumplió 97 años, rodeado del cariño y la admiración de los millones de compatriotas que  lo recuerdan por su admirable labor durante 20 años.  Marrero nació el 25 de abril de 1911 en una zona campesina de la región nor-central del país y se convirtió en lanzador cuando apenas contaba 15 años, jugaba con mayores y sin un entrenador que le enseñara a tirar bolas y strikes.  Con cinco pies siete pulgadas de estatura y 165 libras de peso, ningún scout de las Grandes Ligas norteamericanas se hubiera fijado en aquel  pobre labriego que en 1950, a la edad de 39 años, se unió a los Senadores de Washington y en cinco temporadas ganó 39 juegos y perdió 40  pese a ser un equipo de segunda división.  El Premier o el Guajiro de El Laberinto,  como se le conocía, logró en su larga carrera 353 victorias -95 sin permitir carreras y cuatro sin permitir hits- contra 173 derrotas.  Serpentinero que se apoyaba básicamente en el control y una slider que tiraba con gran precisión, el ídolo de multitudes que llenaba estadios con su solo anuncio es hoy un venerable anciano que recuerda a jugadores a los que enfrentó y detalles de partidos memorables.  Yo tiraba más sliders que nada y de vez en cuando lanzaba una recta y algunas curvas por encima del brazo, pero tenía más seguridad con lanzamientos de tres cuartos y sobre lo bajo, señala a Prensa Latina.  En una ocasión, rememora, bateaba el  zurdo Claro Duany, cuarto bate del club Marianao, de la Liga profesional Cubana de Béisbol, y lo ponché con un lanzamiento que hizo un extraño movimiento hacia afuera y él corrió detrás de mí para preguntarme qué le había tirado y le respondí que no sabía.  Estudiaba a todos los bateadores tanto cuando trabajaba o estaba en el banco y "me lo metía en la cabeza", recuerda el Guajiro de Laberinto, en honor al lugar donde nació, un caserío que marca el límite entre los municipios de Sagua La Grande y Quemado de Güines, en la actual provincia de Villa Clara.  En las Grandes Ligas elogia en particular al jardinero zurdo Ted Williams, de los Medias Rojas de Boston, quien en un desafió le pegó dos jonrones, pero en otras ocasiones dominó con lanzamientos alejados del home.  Williams era muy difícil para todo el mundo, era el mejor bateador que había en aquel tiempo, dice de quien era el terror de los  pitchers.  Este slugger, a su vez, comentó en un artículo que Marrero poseía un control excepcional y mucha experiencia. "Durante mis años en las Mayores rara vez he visto a un lanzador con las características del cubano", escribió.  Sobre Ted recuerda Marrero que en 1950 su compatriota Carlos (Patato) Pascual le  pidió consejos para lanzarle y le respondió: "pitchéale y agáchate".  Otro bateador zurdo estadounidense que conectaba con facilidad al pequeño tirador cubano era el jardinero central de los Indios de Cleveland, Larry Doby, quien el 2 de agosto de 1950 le pegó tres cuadrangulares consecutivos en un partido que perdió 11-0.  Señala que afrontaba dificultades con los zurdos por no poseer una buena curva por encima del brazo "tenía que inventar para ponerlos outs".  En la larga entrevista concedida a Prensa Latina hace un recuento de su fructífero desempeño y recomienda a los pitchers actuales  mejorar su control, lanzar bajo y tener un lanzamiento que suba para engañar a los bateadores.  Seguidor de los campeonatos cubanos, a los que sigue por radio por la pérdida casi total de la visión, el Premier critica que los tiradores lanzan hoy muy alto y pone de ejemplo al derecho Pedro Luis Lazo, quien con 237 victorias de por vida pudiera ser, en su opinión, aún más efectivo.  Si Lazo tuviera una buena curva por arriba del brazo fuera tremendo pitcher porque posee buena velocidad y control. El pitchea al pecho y la gente le choca con la bola, razona.  Norge Luis Vera, el estelar lanzador del equipo de Santiago de Cuba, es considerado por Marrero al decir que se defiende bien con su experiencia, tira rectas con velocidad, curvas hacia fuera y trabaja sobre lo bajo.  En cuanto al catcher santiaguero Rolando Meriño estima que es un jugador de experiencia que batea sobre bolas altas y se beneficia por la tendencia de los pitchers a tirar sobre esa zona.  Pese a lanzar durante 20 años, en 12 de estos en verano e invierno, El Guajiro de Laberinto no tuvo grandes problemas con su brazo, aunque tan temprano como 1939, un año después de debutar con el Cienfuegos Sport Club en la Liga Nacional Amateur, sintió dolor en el codo derecho.  Con el sentido del humor que siempre lo ha caracterizado, Marrero cuenta que después de un juego de exhibición en que le "cayeron a palos" le hizo una promesa a la Virgen de la Caridad del Cobre si le curaba.  Como no mejoraba y seguía recibiendo fuerte castigo se le quejó a su mujer diciéndole que la Patrona de Cuba le quería cobrar por adelantado.  Tras recibir otra paliza decidió viajar al Santuario de la Virgen, en Santiago de Cuba, y colocó en su altar la "medallita" con su efigie.  Días después lanzó un juego en el que propinó 18 ponches y en broma dijo que, al parecer, le había "arreglado la mucanga".  En otra ocasión, militando en el Havana Cubans, de la Liga Internacional de la Florida, tuvo otro problema en el codo, que le eliminó un terapeuta recomendado por el doctor Julio Sanguily.  Marrero considera que en Cuba no hay condiciones para establecer el sistema de pitcheo de abridores, relevistas y cerradores, que es efectivo en las Grandes Ligas estadounidenses porque allí tienen abundancia de serpentineros.  En los campeonatos cubanos, expresa,  casi ninguno de los 16 equipos tiene tres o cuatro abridores, los que son dejados en el box hasta que le hacen cuatro o cinco carreras porque no hay relevistas de calidad.  Un reciente incidente en el último juego del play off entre Sancti Spíritus y Pinar de Río es criticado por Marrero cuando Pedro Luis Lazo y otros jugadores se lanzaron al terreno para protestar un conteo del árbitro de home.  Recuerda que en el béisbol profesional nadie discute las  decisiones de los jueces, salvo cuando hay infracción de las reglas.  Marrero señala que junto a una mayor disciplina de los jugadores hay que mejorar el arbitraje pues hay deficiencias en ese aspecto.  El experimentado ex lanzador elogia al desaparecido umpire Amado Maestri, quien "no se equivocaba dos veces".  En una ocasión, recuerda, tenía al excelente bateador Juan Ealo en dos strikes sin bolas y le lanzó una recta por encima del plato que el juez consideró mala.  Al concluir el juego le criticó a Maestri su conteo y éste le respondió que mentalmente esperaba un lanzamiento afuera, porque no podía pensar hiciera un envío así en esa situación.  De las 353 victorias de Marrero 128 fueron en la Liga Nacional Amateur de Cuba y 11 en Series Mundiales de esa categoría y las restantes en torneos profesionales en Cuba, México y Estados Unidos.  El Premier llegó tarde al béisbol pues debutó en las filas amateurs con 27 años, al profesionalismo con 35 y a las Grandes Ligas a los 39 años, edad en que la mayoría de los jugadores optan por el retiro.  Entre los muchos elogios que recibió Marrero figura el del manager de los Senadores de Washington, Bucky Harris, quien en 1951 dijo que era el más valioso de los muchachos de su equipo. Tiene una magnifica curva, buen control y un magnífico temperamento. Y lo que es más, él puede realmente protegerse a si mismo, dijo. Fuente: Radio Ciudad del Mar

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