Trabajadores sociales cubanos sustituyeron más de siete millones de bombillos en América Latina y el Caribe

Este artículo es de hace 12 años
No importó que se presentaran contratiempos. Primó siempre el entusiasmo y la capacidad para afrontar lo que les encomendaron», reconoció Enrique Gómez Cabeza, director del Programa de los Trabajadores Sociales, durante el acto de Misión Cumplida de las tareas de la Revolución Energética que se desarrollaron en países de América Latina y el Caribe. En el encuentro, que se celebró la semana precedente en el teatro del Centro de Convenciones Pedagógicas de Cojímar, también se conoció que los cerca de 800 jóvenes que participaron en la experiencia, cambiaron entre 2006 y 2008 más de siete millones de bombillos incandescentes por fluorescentes en esas naciones. «Allí estuvimos no solo para multiplicar las iniciativas cubanas en el ahorro de energía y combustible, sino para llevarles el apoyo solidario y el mensaje de respeto y fraternidad a estos pueblos hermanos. Esas luces no podemos permitir que se apaguen nunca en nuestros corazones», comentó el trabajador social Yunier Cárdenas, quien hizo sus labores en Guyana. Imagínate, añadió cuando recordaba aquellos primeros días, todo fue muy rápido, nos reunimos una noche y en la madrugada ya yo estaba en el aeropuerto. «Pero no me acobardé, y asumí la responsabilidad que tenía con mi país. Ese fue siempre el principal incentivo de la tropa», argumentó. Además de Guyana, este grupo de jóvenes, junto a 38 cuadros de la Unión de Jóvenes Comunistas, 13 ingenieros eléctricos y diez profesores, cumplieron misiones en Antigua y Barbuda, Belice, Dominica, Granada, Haití, Jamaica, Nicaragua, Saint Kitts y Nevis, San Vicente y las Granadinas, Santa Lucía y Surinam. Sin descanso «Trabajamos hasta que oscurecía porque teníamos que aprovechar el tiempo al máximo. Hubo días en que cambiamos hasta 300 bombillos en la jornada», aseguró el joven Alexis Acosta, quien cumplió su misión en Antigua y Barbuda. Lo más difícil al principio, admitió, fue el idioma. Nos costaba un poco de trabajo comunicarnos con los jóvenes de ese país que participaron con nosotros en la tarea, pero luego nos fuimos entendiendo. Hasta la brigada médica cubana que labora en Antigua y Barbuda nos ayudó en la ejecución del programa. —¿Qué fue lo que más te impactó de la experiencia? —Lo más asombroso fue darnos cuenta del cariño y el respeto que sienten por Cuba, y sobre todo por Fidel. Es muy grande el magnetismo de nuestro líder. Muchos nos preguntaron por su salud y elogiaron su obra revolucionaria. Imagínese el orgullo tremendo que nos dio saber eso. «Tuvimos momentos inolvidables. Un día hasta presentamos una rueda de casino en una actividad cultural. Fue muy impresionante porque terminamos todos, cubanos y nativos del lugar, agitando nuestras banderas y cantando unidos». La profesora Marcelina Moreno fue una de las personas que estuvo al frente de este grupo que laboró en Antigua y Barbuda. Cuenta que sus recuerdos e impresiones pueden llegar a desbordar esta página. «Cada cosa que hicimos fue una lección de entrega y cariño. Había estado anteriormente en Venezuela haciendo la primera etapa del proyecto, que consistió en el diagnóstico integral del potencial de ahorro de energía, y a la semana de haber regresado, me ponen al tanto de esta nueva misión», rememora. Junto al ingeniero eléctrico y el cuadro de la UJC, explicó la profesora, organizamos cómo se iba a hacer el cambio. El trabajo era muy dinámico. Sobre todo en las tardes teníamos que duplicar los esfuerzos, porque en las mañanas no podíamos adelantar tanto ya que las personas estaban en su horario laboral. «Además del cambio de los bombillos, preparamos a los muchachos para cualquier contingencia y analizábamos diariamente los resultados. También hicimos otras actividades para que el grupo se interrelacionara, porque nuestra propia brigada estaba compuesta por trabajadores sociales de varias provincias del país y jóvenes de esa nación. El juego de dominó fue lo que más nos ayudó a familiarizarnos, más tarde se hizo hasta un campeonato», manifestó la profesora Marcelina, quien en Cuba se desempeña como directora provincial de la Escuela de Trabajadores Sociales de Matanzas. Creer en los jóvenes Gustavo Caso Valencia fue uno de los ingenieros eléctricos que asumió el reto de llevar la experiencia cubana de la Revolución Energética a Granada. En esta nación no solo hizo coordinaciones de trabajo, especificaciones técnicas para conocer la incidencia del impacto del cambio, sino que se sumó a la labor de los trabajadores sociales como uno más de ellos. «Me fui al terreno con los muchachos. Y lo más simpático fue que aquel día que supe que tenía que hacer esta tarea con los trabajadores sociales, me sentí como si me hubiesen tirado un cubo de agua fría. Pensaba que ya yo a mi edad no estaba pa’ el embullo y la algarabía que ellos tienen. Pero me equivoqué tremendamente, ahora lo que quiero es repetir la experiencia», aseguró. «Hasta extraño a los muchachones. Fidel, como se mencionó aquí en el acto, no se equivocó cuando dijo que sobre los hombros de la juventud se pueden depositar grandes tareas. Hay que creer en ellos, que con su algarabía y su cosa, no dejan de cumplir con lo que se les orienta. «Nosotros, sostuvo Gustavo, caminamos todas las regiones del país, a veces el terreno era irregular y se nos hacía muy difícil, pero finalmente ganamos la “pelea” y aportamos nuestro granito de arena para que se reduzca la demanda eléctrica en Granada. Con los altos precios que tiene el combustible actualmente el impacto de nuestra labor es más significativo». Para el profesor Germán Rojas también fue muy trascendente la experiencia. Cuenta como allá en Santa Lucía estas nuevas luces trajeron otra suerte. «Además de lo interesante que resulta conocer diferentes culturas, uno también se asombra de lo que tiene cuando va y conoce otras realidades, entonces es cuando más satisfecho te sientes de retribuirle con tu entrega a la Revolución todo lo que te ha dado». Su colega Jesús Martín estuvo con igual empeño en Dominica. «En un mes concluimos el trabajo, que estaba previsto terminar en dos. Allí contamos con la ayuda de jóvenes que se graduaron en nuestras universidades y de las autoridades de esa nación. Esta tarea fue realmente épica y hermosa. Por eso estamos dispuestos a cumplir con las próximas misiones que se nos encomienden».

Este artículo es de hace 12 años

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