Los mil y un gatos

Este artículo es de hace 12 años
Mil y un gatos hay en este libro y tal como recuerda la expresión a los cuentos de la reina Scheherazade, son como para no dormir o mejor: para soñar por cada noche una nueva historia de mininos. Un libro con muchos gatos es una antología a cargo del destacado escritor para niños y niñas Enrique Pérez Díaz, quien reunió aquí poemas, canciones, adivinanzas y cuentos; algunos escritos especialmente para la edición y otros seleccionados de diferentes publicaciones periódicas y títulos anteriores. Entre muchos están varios textos de Dora Alonso, la cual a juzgar por la cantidad, debe haber sido una eterna enamorada de esos cuadrúpedos, en quienes quizás encontró mucha de su inspiración en el trabajo literario. Aparecen también algunos muy populares como Romance de don Gato, anónimo hispano rescatado por Herminio Almendros para su emblemático Había una vez; el poema Como un signo, de Carilda Oliver y que se encontró en una nota al pie del libro Cinco noches con Carilda, de Vicente González Castro. O canciones como Mi gatico Vinagrito, de Teresita Fernández o Este era un gato andaluz, de María Álvarez Ríos, que podemos encontrar en los labios de cualquier infante o adulto al tararear. Pero los maullidos de los mil y un gatos de este libro ni siquiera están escondidos o son síntoma de miedos, se escuchan apenas de mirar el libro, mucho más: te asaltan cariñosamente si lo abres, cada uno a su manera. Te hacen olvidar esos mitos de que dichos animales son unos hipócritas porque cierran los ojos cuando les damos de comer y por otra parte nos hacen envidiar sus habilidades histriónicas y acrobáticas cada vez que los vemos haciendo de las suyas en los tejados o escuchamos aquello de “se ve que tienen siete vidas”.   Los felinos de mis cuentos son todos diferentes, los hay tan aventureros como El gato con botas de Charles Perrault, en versiones más atrevidas o valientes, cariñosos, dulces o glotones; simpática u ocurrente como la gata de María Ramos; los gatos viajeros de Fayad Jamís; el de Carilda, que cree ella ve como una pantera o un niño con maruga; los que juegan con los ratones; los amigos de los perros, aún con la antagónica dualidad que los dibujos animados reflejan de ellos y los canes… y hasta aparecen (en juego semántico) los gatos que se usan para levantar los autos cuando se descomponen. Muchas de estas historias las conocimos cuando aprendimos nuestras primeras letras y además de algunas que se han hecho habituales como la disyuntiva de quién le pone el cascabel al gato, encontramos otras que incluso nos llevan a hacernos las Otras preguntas, de Félix Guerra que quizás no imaginábamos de la naturaleza gatuna como el temor a las alturas, aún viviendo siempre en los tejados, o a la luna que a veces es amiga y otras parece una daga afilada… Casi todos los textos, llenos de humor y rodeados de un mundo de fantasías, constituyen una fábula, que desde la personalidad de los gatos, representa escenas de humanos con enseñanzas muy propias para los pequeños sobre cómo conservar amistades, el egoísmo, aprender a oír consejos e incluso,  enseñarles a los niños y niñas diversas formas de contemplar la belleza, como el cuento que reza: “Este era un gato largo, flaco y reflaco, no era bonito pero estaba siempre muy alegre y deseoso de hacer cosas nuevas…” Este nuevo título de la colección Ismaelillo de Ediciones Unión, de seguro vuela de las librerías y será arrasado si llega la Feria Internacional del Libro porque, además de la acertada curaduría literaria de Enrique, tiene un mar de sugerentes ilustraciones de Alein Somonte, que acompañan a la sonrisa e incentivan la lectura de los infantes, compartida con los padres. Como diría el propio Enrique, es el libro que a él le hubiera gustado tener en su infancia y ahora esta aquí, realizando como un viejo sueño. Un libro con muchos gatos se ubica en el género de literatura infantil sin ñoñerías de más o de menos, lo justo para estimular el amor al gato, conocer e imaginar algunas de sus costumbres, recordarnos que están ahí, en nuestra vida, en el vecindario, cada día. Pero eso no lo hace para un público determinado. Va dedicado también a quienes les temen, quienes los espantan o los cuidan, los que les dan comida, a la luna que los acompaña, a los gatos de papel, a los de verdad, a los del basurero, a los que andan sin dueño y aman la libertad de la noche, a los que sueñan con un rincón en la cocina y a los que tienen su alfombra en un lugar seguro de la casa. A todos.  Fuente: CubaSi

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