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Este artículo es de hace 17 años
Como Historiador de La Habana y responsable de la restauración del
casco viejo de la ciudad, Eusebio Leal está de reformas de manera
permanente. Miembro del comité central del Partido Comunista Cubano,
Leal defiende también la continuidad de esas otras transformaciones,
más de fondo, que el país y sus estructuras requieren.
¿En qué punto se encuentra la complicada restauración de La Habana Vieja?
Es difícil responder. Está en el punto en que ya existe una conciencia
pública -que fue lo más difícil de alcanzar- de la importancia de la
preservación del patrimonio cultural. No fue una labor mía, sino de
muchos precursores; una labor de la nación, que, en un momento de
crisis profunda, en 1994, cuando ya nosotros llevábamos muchos años
trabajando, consideró que en medio de esas circunstancias lo más
importante era salvar el patrimonio de Cuba. Y se le dio a la Oficina
del Historiador todo un conjunto de atribuciones que, catorce años
después, arrojan como resultado lo que está a la vista. Hay un treinta
por ciento del centro histórico que se ha restaurado. Si reuniéramos
todos los elementos dispersos en que hemos actuado, lo reparado sería
mayor que la zona restaurada de San Juan de Puerto Rico, la de Santo
Domingo; mayor que la de Cartagena de Indias en su parte fundamental.
La monumentalidad de La Habana es extraordinaria. Y el gran problema no
es lo que se ha hecho sino lo que falta por hacer. Harían falta mil
millones de dólares sólo para dar un primer golpe de impulso a un buen
proyecto de rehabilitación de toda la ciudad, con sus redes de
servicios, pavimentación e iluminación.
¿Cuánto tiempo puede tardarse en completar la restauración?
Cuando comencé mi trabajo, para mí lo histórico era lo remoto, lo
antiguo; casi lo arqueológico. Después comprendí que toda La Habana era
maravillosa y que ese hechizo de la ciudad, esa capacidad de
deslumbramiento -a pesar de una decadencia que nadie puede negar-
aparece cuando se rasga el velo que la cubre. Es el esplendor de una
ciudad cuyo urbanismo no ha sido modificado. Si hay una fortuna en esta
situación complicada es que, cincuenta años después, y contemplada en
el contexto de las ciudades latinoamericanas, La Habana aparece
intacta. Lo está porque hace medio siglo la revolución detuvo la
especulación inmobiliaria que venía avanzando resueltamente por todos
los costados. Basta ver la imagen de La Habana Vieja. Ahora bien, hay
otros problemas. En esos cincuenta años la mirada no fue introspectiva;
se miró hacia otras direcciones pensando que La Habana podía esperar.
Hoy estoy en condiciones de opinar que ha sido un error estratégico.
Porque ésta es la masa construida más importante no ya de Cuba sino del
Caribe. En justificación de eso que podríamos considerar equivocado
está la enorme batalla que hemos vivido, la cual ha requerido recursos
infinitos para forjar una educación y un sistema de salud preventivo,
para reordenar y recrear la cultura nacional. A ello se suma el
imperativo de la naturaleza, que este año ha dado un golpe que nos
afecta en la medida en que todos los recursos del país tienen que ir a
restañar las heridas de lo que con razón se definió como un golpe
nuclear. Tres ciclones en 30 días, casi tres millones de desplazados…
Es muy difícil para nosotros, los restauradores, reclamar prioridad
cuando incluso parte del patrimonio de la Humanidad y reservas de la
biosfera del interior del país han quedado dañadas. Para que sea haga
una idea, los huracanes derribaron un cuarto de millón de palmas, el
árbol nacional de Cuba. Ante eso, nuestro trabajo se hace más largo,
arduo y difícil… Pero lógicamente ya no será tarea mía.
Usted ha dicho que necesitaría dos vidas…
Y tres, y cuatro.
Y sugiere que La Habana ha estado abandonada durante estos cincuenta
años. ¿Qué ocurriría si un ciclón golpeara directamente la capital?
No quiero decir que La Habana haya estado abandonada; ha permanecido en
ese estado de espera antes de hacerse con ella lo que requería y sigue
requiriendo. Si infortunadamente nos tocara un ciclón, la situación
sería muy difícil. Nos hemos preparado. Lo hacemos permanentemente.
Pero no cabe duda de que un golpe aquí sería algo excesivamente fuerte.
En cuanto a los recursos, ustedes tienen un sistema sui generis basado
en autofinanciación y las subvenciones. Pero ¿cabría y convendría
abrirse al patrocinio privado?
La ley permite la asociación con el capital extranjero cuando se
considera necesario. El edificio en que estamos (Lonja de Comercio) fue
un empeño de una sociedad de capital en la cual la Oficina del
Historiador, en representación de la nación, tiene una parte
mayoritaria. También el hotel Saratoga es resultado de una empresa
mixta. Pero siempre se pensó, y lo sustento firmemente, que lo que
hiciéramos aquí tenía que ser un empeño de la nación. Y que teníamos
que conservar la propiedad del suelo y de lo edificado para evitar que
esto pudiera ser objeto nuevamente de la especulación. Por eso se creó
una entidad que demostrara capacidad de un esfuerzo institucional
sostenido, que fuera transparente y auditable en todo momento y que
pudiera reinvertir en desarrollo social, como hace. Tenemos un
departamento de cooperación internacional y favorecemos mucho esas
colaboraciones, que sin embargo no son nunca determinantes en lo que
hacemos. En cuanto a los patrocinios, hay muchas personas e
instituciones que hacen donaciones y no quieren aparecer. Les estoy
enormemente agradecido. Ahora, a veces también nos ofrecen pequeñas
contribuciones a cambio de colocar el nombre de la entidad al lado del
escudo de la nación o de la Oficina. A eso me niego en redondo. Porque
creo que no estamos en la necesidad de pagar ese precio. No desprecio
esas ofertas, pero más bien prefiero que sirvan para auspiciar la
publicación de libros, exposiciones o conciertos, como ya se hace. De
todos modos, quienes nos ayudan tienen generalmente la discreción de no
hacernos exigencias dramáticas.
¿Qué lugar ocupan las instituciones españolas en la financiación?
Antes de que la cooperación fuera suspendida nació, por ejemplo, la
escuela-taller Melchor Gaspar de Jovellanos, que es nuestro orgullo.
Hay otras tres que se han hecho con los apoyos del País Vasco, la
ciudad de Toledo y el Principado de Asturias. Hemos tenido una
colaboración muy intensa de las universidades, de algunos
ayuntamientos… En La Habana Vieja hay una lápida del alcalde de
Torrelavega José Portilla (fallecido), que fue un gran amigo apasionado
y sincero de Cuba.
¿Espera que la mejora en las relaciones con España incida en las ayudas a los trabajos en La Habana Vieja?
No me interesan tanto las contribuciones como las relaciones. De los
políticos podemos prescindir; de España, no. En su diversidad, España
es muy importante para nosotros, que no somos hijos de la conquista
sino de la inmigración. Nicolás Guillén habló del "mundo que España
trajo consigo, y a ella misma, que está con nosotros". Puede asegurarse
que, desde la tumba o la mesa, todavía gobierna en nuestras casas un
padre gallego, asturiano, catalán, cántabro, vasco, canario. La sangre
llama, pero la cultura determina. No podemos entender a Cuba en su
rebeldía, su resistencia, en esta guerra que libramos y que España no
concluyó con victoria. Nosotros queremos que sea más honroso el fin de
esa batalla que se perdió en el 98 pero que no ha terminado todavía.
Su intervención en el reciente congreso de la UNEAC todavía se
recuerda. Habló de la eliminación de prohibiciones, que entonces
acababa de arrancar y que muchos creímos que continuaría en breve. Pero
parece un tanto frenada…
Somos un país asediado, eso no puede olvidarse nunca. Ahora se da una
especie de conjunción astral en la cual parece que no será decisivo
sólo lo que hagamos aquí, sino lo que ocurra en el mundo… Sin que Cuba
haya cedido en sus principios, la Unión Europea ha restablecido
relaciones tras comprender que no se puede presentar a Cuba como la
mujer adúltera, omitiendo cosas espantosas en muchos otros rincones,
porque hay ciertos presos que lo están por actividades que conocemos
bien. Y no ocurre nada porque se celebre una reunión de la Sección de
Intereses de Estados Unidos en Cuba para votar por McCain. Pero,
siguiendo con la conjunción astral, tenemos a Obama de presidente: lo
imposible ha ocurrido. Acaba de declarar que cerrará la infame prisión
de Guantánamo: esa última afrenta contra Cuba en la que convierten
territorio ocupado en un GULAG, un centro de tortura. El mundo vio eso,
Abu Graib, los vuelos secretos de la CIA…, y pienso que en el corazón
de los hombres honrados que hay en todas partes no puede levantarse un
dedo para juzgar a Cuba y decir: "He aquí a la pecadora universal".
También España rompió el maleficio de la infame política de Aznar hacia
Cuba. Nuestras relaciones con el mundo quedaron proclamadas una vez más
en la votación en Naciones Unidas contra el bloqueo. Se solucionaron
los problemas en las relaciones con México. Es un momento favorable.
Pero no estamos detenidos; aquí se sigue trabajando. Tal vez algunas
cosas no trascienden, pero se va estructurando la necesaria
transformación de aquello que ayer fue conveniente y ahora no es
prudente; de lo que hasta era útil y ya no lo es. Ya en el concepto de
revolución acuñado por Fidel, en el pensamiento que nos ha legado al
respecto, está resuelto y amparado lo que tengamos que hacer. Cuba es
libre porque ha resistido más allá de toda expectativa.
¿Pero esa conjunción y ese amparo no deberían traer pronto cambios sustanciales?
El general presidente Raúl Castro es el hombre más capaz y preparado
para llevar adelante la tarea que le ha tocado realizar. Juntos se
formaron –él y Fidel- en la misma realidad de la casa del emigrante que
llegó a Cuba como leñador. Juntos fueron a la escuela y después
vinieron finalmente a la gran ciudad. Juntos asumieron los riesgos de
la revolución y de la sociedad cubana de la época. El más pequeño,
Raúl, fue el último en bajar del yate Granma junto con el Che; el único
que regresó a Cinco Palmas con las armas completas a encontrarse con
Fidel; el fundador del Segundo Frente; también el estructurador del
Ejército, esa fuerza tan organizada, probada en mil batallas y capaz de
romper la espina dorsal del apartheid a otro lado del mundo; de abrir
la celda de Mandela. Raúl enfrentó lo más difícil, que fue ser el dos y
no el uno. Fue el más fiel ejecutor y el hermano más fiel a una
fraternidad de ideas. Durante largo tiempo tuvo en una cama a su esposa
y a otro lado a su líder, jefe y hermano. Y estuvo en los dos lugares.
Cuando el pueblo vio la imagen del entierro de Vilma (su esposa), vio a
un padre con su familia, a un hombre sensible, capaz de inclinarse y
besar una caja de cenizas. Entonces fue menos temido y más amado. Él es
el hombre. Hasta sus propios enemigos han reconocido que es el único
capaz de conducir este momento de Cuba. Lo que sí está claro es que
nunca hará nada que Fidel no haya considerado una necesidad. Ahora
bien, en el concepto de revolución está explicada esa posibilidad:
hacer en cada momento lo que en cada momento sea necesario. Eso es, a
mi juicio, lo que resulta clave. Y es lo que se está haciendo ahora. Lo
que ocurre es que todo hay que hacerlo paso a paso. Los ejemplos que
tenemos en otras partes del mundo nos demuestran a qué lleva el
corre-corre: a la disolución y destrucción de naciones. La destrucción
de la Unión Soviética y el campo socialista, los bombardeos de la OTAN,
la destrucción de Bosnia-Herzegovina… Además, somos un pueblo hispano.
"Recordemos que Obama no es un revolucionario. No va a cambiar el
sistema en lo sustancial; viene a salvarlo. Lo que ocurre es que es un
hombre diferente en todo, no es superficial, está preparado y es
elocuente; tiene una ética. Quizá puede recordarnos lo que significó
Carter para América Latina, con sus intentos sinceros de mejorar la
relación con Cuba o los tratados con Torrijos para entregar el canal a
Panamá. No puedo albergar sino esperanza. Nosotros trabajamos para
cambiar y transformar todo lo que sea posible. Creo que, de hecho, se
ha avanzado mucho. Sabemos todo lo que tenemos que hacer. Pero no
podemos, bajo ningún concepto, dar un paso en falso. Todo se hará como
se tiene que hacer. De lo que estoy seguro es de que Cuba se salvará.
En aquella intervención ante la UNEAC usted habló de los hijos que
están fuera. Pero no todos pueden salir. ¿Qué opina de esas
restricciones para viajar? Hubo un momento en que pareció que se
levantarían…
Hay intelectuales con una opinión más espontánea y pueden expresarse
bajo su propia responsabilidad. Yo soy miembro del Comité Central
Partido Comunista y no puedo anticipar opiniones porque soy un hombre
del partido y de su disciplina. Pero ya que me tienta, le digo que lo
que afirmé en la UNEAC es lo que pensaba y lo que pienso; lo mismo que
figuras tan importantes como Silvio Rodríguez y otros muchos cubanos.
Pero el problema no está sólo en las restricciones que hemos impuesto
como resultado de un período de violencia en las relaciones
internacionales; se trata también de las restricciones que imponen
otros. Conozco aquí a decenas de muchachos que quieren salir
inmediatamente y no pueden porque no tienen una visado. Quizás Obama
modifique todas esas cosas. Mi hija está en Estados Unidos y no podrá
volver a Cuba hasta dentro de tres años. O cuatro, cuando esas leyes
infames se derrumben. Pero opino que la revolución, y son palabras de
Fidel, solamente puede construirse desde la ideas y la cultura; siempre
será una realidad creada por hombres y mujeres libres. Nadie puede
estar haciendo a la cañona la revolución, el socialismo o cualquier
sistema social. El que quiera irse, que se vaya. Eso es muy importante.
Lo que ocurre es que desde fuera no quieren llevarse a todo el mundo,
sino a los arquitectos, a los médicos, a los ingenieros, a todo el que
este país ha capacitado. Eso también es muy amargo. Cuando mis hijos
dijeron que querían abrirse un camino en el mundo, no me opuse; sentí
el dolor de que no me acompañaran en mi batalla aquí, pero me siguen
acompañando en la distancia. Lógicamente, no me avergüenzo de ellos.
"Obama ganó en la Florida porque ya los jóvenes cubanos allí no piensan
como los que se fueron de aquí inicialmente, que no lo hicieron por
razones económicas sino por un gravísimo y sangriento compromiso
político con el pasado; que sembraron un odio que aún florece pero será
derrotado. Al final, los cubanos se abrazarán y se alegrarán todos de
tener una patria que ha merecido el respeto del mundo. Lo que pasa es
que algunos que han instaurado la filosofía de que ese sueño es
inviable; de que ese orgullo nacional que nos viene en gran medida de
la sangre española es falaz; quien cree que esta isla está condenada a
ser una república bananera, una estación de gasolina en medio del
Caribe; que esta isla fue una invención de José Martí; que no tenemos
que aspirar a quedar en el puesto 12 o 13 de la Olimpiada. Pero cuando
se leen los índices de Naciones Unidas sobre educación, salud,
longevidad o mortalidad infantil, uno se pregunta "¿qué ha pasado
aquí". Hay quien dice que los cubanos lo critican todo; nosotros somos
nuestra propia oposición. Nunca hay un ala derecha y un ala izquierda,
como algunos quieren interpretar. No sé en qué ala yo estaría. Porque
cuando soy tentado por usted parezco de la extrema izquierda, ja, ja.
Tampoco es para tanto. Pero interpreto que usted defiende que Cuba abra más la puerta.
Lo que creo es que, ya que hemos luchado tanto por la unidad, tenemos
que luchar por la pluralidad. Y, sobre todo, por respetar al máximo la
diversidad. Creo en el derecho a ser singular; lo soy y trato de serlo,
pero dentro de la lealtad. E insisto: cuando la base espuria de
Guantánamo sea retirada, cuando se derrumben las anticubanas leyes de
Helms-Burton y Torricelli; cuando los cubanoamericanos puedan venir
libremente a su tierra y enviar a sus familias lo que les venga en gana
del dinero de su trabajo; cuando salgamos de la lista de países que
supuestamente favorecen el terrorismo, cuando podamos tener relaciones
normales con un país con el que nos ligan tantas relaciones… Cuando eso
ocurra, todo será posible. Porque habrá terminado la guerra injusta que
libramos. Podemos preguntarnos si (Estados Unidos) no tienen relaciones
con Cuba porque somos un país comunista mientras que con China o
Vietnam no hay ese problema. Nosotros no tenemos las manos manchadas de
sangre norteamericana. No hemos matado soldados de ese país. No tenemos
por qué sentirnos orgullosos de que un candidato a la presidencia de
EE.UU. cayera prisionero porque derramara la sangre de cientos de miles
de vietnamitas lanzando toneladas de bombas sobre una sociedad abierta
y en un pueblo que triunfó y con el que ahora tiene relaciones
armónicas pero dejó allí sesenta mil tumbas. En Cuba, no; ni una sola.
Con los norteamericanos compartimos una Historia en gran parte común,
la música, el deporte. Recuerdo aquel gran partido de béisbol al que
fuimos invitados. Fue en un gran estadio y a mí me recordaba al teatro
romano, con los senadores viendo a los gladiadores traídos de la isla.
Y, sin embargo, ganamos.
Recuerdos
Eusebio Leal desea dejar constancia de algunos recuerdos gratos
relativos a ciertos amigos suyos de Cataluña. "Como Ricardo Soler
Sendrá, de Vic. Este hombre -cuenta- se dedicaba a la forja de hierros.
Es el autor de casi todas las buenas rejas de El Vedado, y además su
viuda, Sara Pujol, nacida en Matanzas y parienta de Jordi Pujol, me
legó la colección de cobres antiguos que él coleccionaba de los viejos
ingenios cubanos (centrales azucareros)".
"Son muchos nuestros vínculos con Cataluña", prosigue Leal, que también
desea reflejar aquí su "recuerdo de gratitud hacia don Ricardo Sistac
de Viñals, que fue un amigo generoso. Él acuñó, en 1976, la primera
medalla conmemorativa del Palacio de los Capitanes Generales cuando
estábamos casi terminando la obra de restauración".
El Historiador de La Habana nació -lo subraya también- un 11 de septiembre.
Fuente: La Vanguardia.es
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