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Este artículo es de hace 17 años
Una exposición fotográfica que recorre la presencia de las mujeres y
su huella en la literatura hemingweyana fue abierta en la habitación
511 del hotel habanero Ambos Mundos, uno de los santuarios del escritor
norteamericano en Cuba.
Convertida en Museo, la habitación
conserva el mismo mobiliario dispuesto en idéntica forma de cuando lo
albergaba cada vez que decidía dormir en tierra, de regreso de una de
sus aventuras pesqueras, antes de encontrar su asiento definitivo en
Finca Vigía, en las inmediaciones de la capital cubana.
Las mujeres siempre rondaron la literatura y la vida del autor de El
viejo y el mar. Más allá de sus cuatro matrimonios, romances e idilios
e incluso amores que nunca llegaron a concretarse en la vida real,
ellas cobraron vida en sus libros y se beneficiaron con un baño de
eternidad.
Prueba palpable son títulos como Fiesta, Por quien doblan las
campanas y París era una fiesta e innumerables cuentos en los que
aparecen metamorfoseadas o con su propia identidad como Hadley, su
primera esposa, uno de los hilos nostálgicos de París era una fiesta.
O la inefable Catherine Barkley, de Adios a las armas, trasunto de
una pasión de carne y hueso que Hemingway decidió perpetuar para
siempre en esas páginas.
El hotel Ambos Mundos era “un buen sitio para escribir”, como lo
confesó Hemingway en su histórica entrevista a George Plimpton. Fue tal
vez el lugar donde empezó a sucumbir a los encantos de una isla en la
que escribió algunos de sus libros inmortales.
En la habitación 511 todo permanece igual y hay quienes aseguran que
es posible percibir el hálito de quien la habitara. A pocos pasos, en
el bar restorán Floridita, adonde bajaba al mediodía a tomar sus
daiquiris, está su estatua en bronce fundido.
Allí se le ve, por obra del arte, acodado en la barra, como si
reposara de su breve trayecto cotidiano desde el Ambos Mundos,
dispuesto a consumir su trago.
Fuente: CubaSi
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