El actor Eladio Sánchez viajó al futuro en La Habana de 1954

Este artículo es de hace 11 años
El actor gijonés Eladio Sánchez subió a las tablas asturianas las obras más vanguardistas en los años 50 y 60 con los grupos «La máscara» y «Gesto». JAVIER CUERVO La mañana del 20 de noviembre de 1954, desde la proa del «Monte Arnabal», Eladio Sánchez, 23 años, actor y cantante de la Compañía de Comedias y Canciones de Asturias, vio a babor el castillo del Morro, a estribor La Habana rutilante de edificios blancos y avenidas rodadas por Cadillacs y Pontiacs y al fondo, el palacio presidencial donde Fulgencio Batista, «El hombre» tiranizaba la tierra más hermosa. Sólo 23 días atrás, los que duró la travesía de aquel buque de carga y pasajeros, Eladio había dejado un Gijón azotado por el nordés y apenas iluminado por unos faroles con forma de casco de policía inglés, colgados sobre el medio de la calle. Faltaban unas horas para que, cuando cayera la noche y estuviera relamiéndose del éxito de la compañía en el teatro Martí, con eco de aplausos cubanos y sal de lágrimas asturianas, se diera cuenta de que los escaparates y el árbol navideño de bombillas a lo largo de toda la fachada de los almacenes El Encanto, tenían más luz que Gijón entero; de que los cafés americanos superaban en lujo y ambiente el salón de té de Casa Rato, en la calle Corrida, y de que las tiendas de alimentación dejaban pobre La Argentina, en la calle Munuza, donde hacía la compra la burguesía gijonesa. También vio, camino del Nuevo Hotel Luz, en la calle Amargura, propiedad del asturiano Vidal y del gallego Mosquera, negros durmiendo a la intemperie bajo periódicos sábana. Eladio Sánchez, hijo de la mítica actriz Aurora Sánchez, de la Compañía Asturiana de Comedias, empezaba en el teatro. Antes de embarcar en El Musel habían actuado una semana en el Robledo pero esto era distinto. Era una aventura americana en la que los artistas y el empresario Manuel Suárez Balbona, panadero y hotelero, llevaban a ultramar un programa que contenía «Nieve en el puerto», comedia en tres actos de Eladio Verde, y un gran fin de fiesta con la estampa asturiana «El emigrante», de Joaquín Bonet y las canciones del «Cuarteto Covadonga». En los siguientes 10 meses, Eladio sería «xateru» primero y tenor segundo muchas veces en La Habana, Santa Clara, Camagüey, Cabaiguán, Santiago, Sancti Espíritus para luego seguir en Puerto Rico y en la República Dominicana. Aquella gira americana fue un viaje al futuro. En la taberna de Pedro vio por primera vez la televisión y días después, como tenor segundo del «Cuarteto Covadonga», cantó en directo en Telemundo. Probó el whisky y la Coca-Cola, conoció la vitrola (juke-box) donde hacían sonar, una y otra vez, «la leyenda del beso» y a Benny Moré y se estrenó en vuelo dentro de un bimotor infernal de La Habana a Puerto Príncipe y luego a Ciudad Trujillo, que es como se llamó Santo Domingo en los años en que «El Chivo», Rafael Leónidas Trujillo, exprimió a su antojo la República Dominicana. En la gira americana Eladio se hizo novio de Pili Ibaseta, un actriz de 17 años que, después de toda una travesía mareada, hacía un papel de guaje en la obra. Sería, aún es, su mujer y su eterna compañera de reparto en las sucesivas aventuras escénicas que, en el siguiente medio siglo, les llevarían desde el repertorio asturiano hasta la representación del teatro más moderno con los grupos «La Máscara y «Gesto» para cerrar el círculo organizando de nuevo la Compañía Asturiana de Comedias en 1986 cuando ya habían muerto sus dos estrellas, Aurora Sánchez y «El Presi». Aquel viaje al futuro terminó sin tantos llenos como esperaban y con abandono del empresario pero dejó a Lalo Sánchez encauzado para la vida que vendría. Eladio Sánchez (Gijón, 1931) se ganó la vida como maestro industrial en ebanistería y acristalamientos pero la vivió en el teatro. En 1956, en el grupo de teatro del Hogar del Productor de Educación y Descanso, la concejal gijonesa Carmen Menéndez Manjón le dio una edición de Losada de «Panorama desde el puente», de Arthur Miller, y le aconsejó que la ensayaran. Aquel drama de los suburbios portuarios de Nueva York cobró vida en un Gijón inquieto donde una burguesía quería ver obras que no llegaban a la ciudad y en el que nació «La máscara», grupo de teatro de cámara y ensayo del Ateneo Jovellanos. Debutaron en la sala Acapulco con una gala en beneficio de los damnificados por las inundaciones de Valencia. Como no todos los espectáculos fueron del gusto burgués, se fue a formar un nuevo grupo independiente alrededor del filósofo anarquista José Luis García-Rúa, fundador de la sociedad de cultura «Gesto». Ionesco, Lauro Olmo, Pirandello, Valle-Inclán, Alfonso Sastre y Beckett hicieron el repertorio de estos dos grupos. (www.lne.es)

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