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Este artículo es de hace 16 años
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por su estructura metálica en forma de esqueleto, el faro de cayo
Jutías celebra este miércoles 107 años como vigía de los mares en el
occidente de Cuba, y por su originalidad forma parte de las riquezas
patrimoniales de la isla.
Único de su tipo en la región
caribeña, resistió los desafueros de devastadores huracanes como
Gustav, que azotó el pasado año a la provincia de Pinar del Río con
rachas de viento de hasta 340 kilómetros por hora.
Expertos
afirman que el centinela goza de buena salud, tras desafiar el vendaval
y la proximidad de las olas, las cuales en épocas tempestuosas rozan la
base del armazón, compuesta por pilotes de acero.
Inaugurado en
mayo de 1902 en un islote del municipio de Minas de Matahambre, se
erige incólume 43 metros sobre el nivel del mar.
De entonces a la
fecha venció a más de un centenar de organismos tropicales, los que
dejaron sus huellas en Pinar del Río, distante unos 140 kilómetros de
la capital cubana.
Evitar los accidentes marítimos, avistar
embarcaciones de extraña procedencia y naufragios, son algunas de las
misiones de la torre.
Su construcción fue dispuesta por orden
real el 3 de enero de 1888 con el propósito de impedir los frecuentes
accidentes ocurridos antiguamente allí.
En la actualidad es el
único sobreviviente de su estirpe luego de la desaparición de dos faros
de características similares que funcionaban en el archipiélago cubano
a principios del siglo pasado.
A pesar de sus 107 años se
mantiene intacto por fuera y en su interior, donde se conservan las
piezas originales adquiridas en Francia, entre ellas la linterna y la
óptica.
El faro de cayo Jutías es uno de los 16 que existen en el país con vigilancia y señalización marítimas.
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