El cuidado de la diversidad biológica integrado al tratamiento paisajístico y la educación ambiental influyeron para que el Área Marina Protegida Refugio de Fauna Las Picúas-Cayo Cristo, de Villa Clara, lograra el Premio Nacional de Medio Ambiente.
Unos zancudos extraños merodean por el asentamiento de Carahatas. Ya no manifiestan la timidez característica ni emiten graznidos a fin de alertar sobre la presencia de intrusos convertidos en peligro.
De vez en vez escapan de sus colonias para luego retornar a ellas en las demarcaciones de la Estación Biológica cercana a este poblado de Quemado de Güines. Son flamencos rosados (Phoenicopterus ruber ruber), considerados el valor primordial de la biodiversidad en el Área Marina Protegida (AMP) Refugio de Fauna Las Picúas-Cayo Cristo, ganadora del Premio Nacional de Medio Ambiente.
Allí esparcen su reino, en el sitio de reproducción más importante de gran parte del país dentro de un panorama fascinante. Según cuentan, esta familia de aves creció notoriamente allá por el 2001, antes de que llegaran las ráfagas de Michelle. Pero la furia de aguas y vientos afectaron a unos 500 reproductores.
Por entonces, el número de nidos descendió a unos mil hasta que ya en el 2006 alcanzó los 4 mil 201 y logró el incremento estable de la especie.
Con un arte especial pulen sus nidos en forma de pequeños volcanes circulares que influyen en la estabilidad, a fin de mantener el huevo alejado del agua y evitar su deslizamiento hacia zonas más bajas.
Las posturas aparecen entre las más grandes de las aves que habitan en nuestro archipiélago. El diámetro mayor oscila de 8 a 9 cm, mientras el menor se establece entre los 5 y los 6 cm. El peso promedio de cada una fluctúa de 140 a 150 gramos.
No todo en el Área se reserva a estos raros pájaros rosados. Por sus 55 mil 970 hectáreas --de ellas, 40 mil 250 marinas-- circundan la Iguana cubana (Cyclura nubila), considerada el mayor lagarto del archipiélago y una subespecie endémica bajo categoría vulnerable.
Otro tanto ocurre con la caguama (Caretta caretta), las tortugas verdes (Chelonia midas), y el carey (Eretmochelys imbricata), que hacen de las playas Obispo, Mulata y Roteño sus cobijas reproductivas en el período de mayo a septiembre.
Luego de una década, las supervisiones al proceso de anidamiento permiten afirmar que no son muchos los ejemplares existentes, y sus nidos apenas sobrepasan los 50 en cada año.
Todo el entorno presenta notoria diversidad de aves acuáticas. Reporta, además, 55 especies de flora, con dos endémicas de Cuba: el Yuraguano (Coccothrinax littoralis) y una variedad de cactus, en tanto la fauna dispone de una amplia representatividad que suma 86 modalidades, de las cuales 36 anidan in situ.
En este panorama de la Naturaleza reservan su espacio, también, mamíferos como la Jutía Conga (Capromys pilorides), mientras las toninas (Tursiops truncatus) hacen de las suyas con novedosas acrobacias. Todos tienden la reverencia al manatí (Trichechus manatus), en peligro de extinción.
Los observadores comentan que dicho mamífero es apreciado cada año por determinadas zonas, y no descartan la existencia de una población residente en estos lares.
Y las especies comerciales encuentran allí su rinconcito. El pargo criollo (Lutjanus analis), la biajaiba (Lutjanus synagris) y el Caballerote (Lutjanus griseus) pasean por las aguas junto a la policromía aportada por langostas (Panulirus argus) y cangrejos.
El trabajo de preservación no ha sido fácil. Comenzó desde el «nacimiento» del AMP con miras educativas en la corrección de conductas inapropiadas en la comunidad.
La eliminación o resta de impactos ambientales como los efectos contaminantes, la caza, la pesca y tala furtivas, entre otras, dependen en gran medida de compromisos e interiorizaciones por parte de los diferentes actores.
Por ello, al constituirse el Área, iniciaron un círculo de interés en la escuela primaria Ciro Redondo, de Carahatas, que luego se amplió con otras acciones dirigida a niños, trabajadores y vecinos hasta llegar a las comunidades de El Conde, Lutgardita y La Panchita.
Con carácter anual y desde el 2002, los carateños reciben el Festival Marino Costero, durante el cual se dan a reconocer las acciones preventivas, el cuidado de la biodiversidad, el uso sostenible de los recursos y a los líderes en el trabajo medioambiental, en tanto no falta la participación del Área Protegida en varios proyectos de colaboración foránea.
Poco a poco la propia conciencia vence desgarros humanos. Quien ayer destruyó hoy conforma el enorme potencial de las riquezas en favor de la vida. Este sitio villaclareño bien lo merece porque alberga lo inestimable de esos tesoros que guarda la Naturaleza.
Fuente: Vanguardia