Haydeé Santamaría: Yeyé con su hija en casa



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Este artículo es de hace 16 años
Presentado en Encrucijada, Villa Clara, la primera edición cubana del libro Haydée: Del Moncada a Casa, de Celia Hart Santamaría. La última vez que visitó el terruño de su madre, Celia Hart pidió tres deseos: que le enviaran una investigación sobre un soviet que hubo en Nazábal en 1933, acudir un día a las parrandas de Encrucijada y que en Cuba se editara el libro que había escrito sobre Haydée. El reportero e investigador Alberto González Rivero le hizo llegar sus estudios acerca del poco conocido comité obrero campesino. A las parrandas, lamentablemente, Celia no pudo asistir. La muerte trágica y temprana truncó sus esperanzas. Pero el texto que ella redactó sobre Yeyé, sí vio la luz en nuestra isla y tuvo su presentación este viernes en el Museo Municipal del poblado --cuna de la histórica familia.   Marta Rojas destacó el valor humano de este libro sobre Haydée Santamaría. (Foto: Cristyan González Alfonso)      Al hacer su lanzamiento, Marta Rojas, la periodista del Moncada, recordó la sensibilidad de la autora y comentó que se trata de un libro en el que una hija escribe el heroísmo de su madre y brinda un examen psicológico de los suyos. «Yo hice un repaso de cuántos escritores en la historia han tenido la posibilidad de enaltecer en su obra el sacrificio de sus padres y no encontré ninguno; solo Celia», aseveró. Según Marta, en el título se recoge dos aspectos de la vida de Haydeé: el de su preocupación por todos los miembros del hogar y la destreza que mantuvo desde su puesto en Casa de las Américas, donde brindó apoyo a valiosos exponentes de la cultura cubana y latinoamericana.    Con su soltura habitual,  de estar presente en la sala, Celia hubiera repetido lo que una vez expresó: «En estas actividades, relacionadas con la lucha y la vida de mi madre, siempre comienzo a sentirme mal: quizá por mi carácter medio desenfadado o por algún que otro parecido ocasional con ella, me llenan de halagos y atenciones, me escuchan hablar esperando que sea Yeyé quien lo haga; por supuesto que habla Celia, con su componente Santamaría, pero con un millar y medio de otros componentes heredados o adquiridos, que bien vale la pena no reseñar».    Bajo el cuño de la Editorial Capiro, de Santa Clara, se logra ahora la edición cubana del libro, publicado tres años antes por Nuestra América Editorial, de Argentina. El editor Misael Moya Méndez confiesa en el Preámbulo que Celia «tenía el empeño de incorporar nuevos textos a esta segunda edición, pero, más allá de mencionar cuáles serian dichos materiales, no tuvo tiempo de entregar a la casa editora un segundo original en regla ni una memoria o índice que sirviera de guía. En tales circunstancias, sería necesaria una labor editorial protagónica». Lecciones de Girasol En Haydée: Del Moncada a Casa, el lector puede encontrar matices insospechados de la familia Santamaría. Por ejemplo, que la flor favorita de Haydée eran lo girasoles. Cuenta Celia que cuando ella le preguntaba por qué esta y no otra, su madre le respondía: «porque para ser tan hermosa como es, no renuncia a ser inteligente, fácil de plantar y útil: de ella se saca buen aceite. El girasol se siembra en campos abiertos al sol y al agua. Esa flor menea la corola en busca del Sol, formando lindos rejuegos con el tallo [...] y además le gusta convivir con sus compañeras [...] Es, en definitiva, una flor revolucionaria». Por ello, la autora afirma que la revolución cubana fue, de alguna manera, la revolución de los girasoles, que no la de los claveles, en referencia a los sucesos de Portugal en 1974. De esa forma, retoma la carta que desde la cárcel de mujeres en Guanajay, Haydée le envío a Joaquina, su madre, después del ataque al cuartel Moncada y en la que se refiere al hermano asesinado: «¿No te das cuenta, mamá? Abel no nos faltará jamás. Mamá, piensa que Fidel también te quiere y Fidel está vivo para hacer la Cuba que Abel quería.»   También Celia recuerda la misiva que su madre recibió del Che, en la que el Guerrillero Heroico le dice: «Veo que te has convertido en una literata con dominio de la síntesis, pero te confieso que como más me gustas es un día de año nuevo, con todos los fusibles disparados y tirando cañonazos a la redonda. Esa imagen, y la de la sierra (hasta las peleas de aquellos días me son gratas en el recuerdo) son las que llevaré de ti para uso propio.» A la muerte de él, Haydée relee estas palabras y se lamenta por no haberlo acompañado. «No tenías fronteras, pero me prometiste que me llamarías cuando fuera en tu Argentina, ¡y cómo lo esperaba!, sabía bien que lo cumplirías. Ya no puede ser, no pudiste, no pude.» De todo ello habla el libro de Celia, dedicado a su hermano Abel Enrique --quien falleció junto a ella en el accidente automovilístico del fatídico septiembre de 2008-- y a los obreros del antiguo central Constancia, hoy Abel Santamaría. Fuente: Vanguardia
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