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Este artículo es de hace 16 años
Horas antes de que empezara el concierto ya había pequeños grupos al pie de la escalinata universitaria. Querían pasarlo bien. Como Luis Andino, 21 años, que junto a su novia y un par de amigos, a falta de opciones recreativas, hizo un viaje de casi una hora, desde el poblado de Santiago de las Vegas al sur de la Habana.
Todas las personas bohemias, que suelen pasar las noches por el Vedado, se dieron cita. Muchos, apenas conocen al cantante franco español, Manu Chao, que no había cantado en La Habana desde hace tres años. "Son dos horas, que uno bebe ron, baila y salta, te despeja de los problemas diarios, me da la mismo que sea Manu Chao o Juanes, el problema es disfrutar y ligar una chica, con un poco de suerte", explica Jesús Carballido, 19 años, desempleado y que con un grupo de nueve muchachos, con MP3 a los oídos, se pasaban constantemente música por los bluetooth de sus teléfonos móviles.
Poco le importaban que la gripe H1N1, acechara por los alrededores de la escalinata universitaria. El gobierno reconoce 455 casos de contagio por la nueva gripe, y ya es un rumor imparable que tres escuelas del reparto Nuevo Vedado han cerrado por el brote de la pandemia.
Espectáculos como los del pasado día 9 de octubre son el caldo de cultivo ideal para que el H1N1 haga zafra. Era un recital de alto riesgo. Pero los jóvenes que se dieron cita en el recital estaban para el jolgorio.
La música rompió y todos olvidaron sus problemas. Manu Chao, vestido con un polo y bermudas, puso la noche caliente. Las más de 10.000 personas se lo pasaron pipa. El concierto estaba dedicado al 42 aniversario de la muerte en Quebrada del Yuro, Bolivia, del mítico guerrillero argentino Ernesto Guevara.
Chao, un devoto confeso del Che Guevara, canto sus más sonados hits como 'Vamos' y compartió escena con el trovador Adrián Berazaín y Kelvin Ochoa. La guinda fue la despedida donde todos hicieron coro para cantar 'Revolución' de Ochoa. El audio falló a ratos. Pero la gente no lo notó. Querían fiesta. Y Manu y su banda se la dio. Luego al filo de las once de la noche, siguió el festejo en los parques de la calle G.
Gente como Raúl Ceballos, 23 años, con el pelo teñido de rubio, es de los que cree que el H1N1, es un cuento para asustar a los niños. Mientras, desde un auto ruso marca Lada, suena a todo volumen una canción del argentino Fito Páez, que decía "prohibido prohibir".
La noche del 9 de octubre, fecha en que mataron al Che, fue una pasada para muchos jóvenes. Olvídense de la amenaza de la pandemia. Que el próximo día es un enigma. Estos jóvenes, no les importan las reflexiones de Fidel Castro, ni el premio Nobel por la Paz que le otorgaron a Barack Obama. Ellos solo quieren divertirse. Y Manu Chao fue un buen pretexto.
Fuente: ElMundo.es
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