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Este artículo es de hace 16 años
Lucrecia es una mujer de grandes pasiones. Entre ellas, su familia, la música, su tierra natal y los colores. Con colores adorna permanentemente su imagen cotidiana porque un día, para alejar los pesares del espíritu decidió que su cabellera de trenzas africanas sería reflejo del arco iris y desde entonces con este look la identifican en todas partes.
Nació en Cuba y aunque en los ritmos que recrea, la rumba, el son y la guaracha están presentes, la formación académica y la influencia de los géneros clásicos en su estilo se hacen perceptibles tanto en la gestualidad del desplazamiento escénico, como en la proyección de su potente voz. Es graduada del Conservatorio Amadeo Roldán y del Instituto Superior de Arte, de la Habana.
Después de incursionar en la orquesta Anacaona, integrada únicamente por mujeres, la carrera artística de Lucrecia tuvo un desarrollo vertiginoso, hasta que viajó de gira a España, donde se radicó desde 1993.
España ha sido su plataforma para lanzarse al mundo como una profesional versátil. Ha escrito libros, participado en largometrajes como actriz, además de la realización de bandas sonoras de películas.
También en esa tierra, ancestral para muchos cubanos, trajo al mundo a su hijo Jan (que significa Juan en catalán antiguo), y es en España, según recordaba en entrevista concedida a la Revista del Diario, donde ha podido trasladarse en el recuerdo a su infancia, en el poblado de Guanabacoa en la Habana. Su padre, en el patio de la casa en Barcelona, deleitado con una de las melodías que ella interpreta, pidiéndole repetirla. “Lo cual me provoca muchísima alegría, igual que cuando lo veía disfrutar entregado a la música del Benny o cualquiera de sus preferidos, cuando era una niña”.
Lucrecia dice sentir el cariño de su público, lo mismo si se presenta en un escenario ...
Fuente: La Revista del Diario
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