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Este artículo es de hace 16 años
La historia del médico Okony Mori ilustra la saga de los antiguos exiliados de Sudán que en la década de los 80 fueron enviados a Cuba para educarse y que volvieron a África con una profesión y con el deber moral de colaborar en la reconstrucción del país
Ron, música salsa y acento español. Al entrar en el «De´ Havana» -quizá el único bar abierto hasta el amanecer en Juba- resulta difícil recordar que uno se encuentra en pleno corazón de Sudán. Su principal acólito es Okony Mori, quien pese a encajar con el clásico estereotipo físico sudanés, le delata su deje cubano: «Soy uno de los pocos niños que sobrevivió a la guerra civil», relata en un perfecto español. «En 1984, cuando estalló el conflicto en mi país, huí con mis dos hermanos a un campo de refugiados de Etiopía. Y tan sólo unos meses después, fui elegido por el Movimiento Popular para la Liberación de Sudán (SPLM) para ser enviado a Cuba», afirma.
En plena Guerra Fría, el gobierno de Cuba suscribió con varias naciones africanas -como Angola, Mozambique o la propia Etiopía- un acuerdo por el que más de 25.000 de sus jóvenes serían educados en suelo cubano en diferentes campos. De todos ellos, cerca de 600 eran sudaneses.
«Yo llegué a la Isla con 13 años y sin ningún conocimiento de español», señala este africano de 38 años.
Sin embargo, y pese a unos comienzos ciertamente difíciles, en 1999, Mori se licenciaba en Medicina por la Universidad de Camagüey.
«Cuando dejamos Sudán, el último consejo del líder del SPLM, John Garang, fue que éste era nuestro tiempo para eligir la pluma o el fusil. Gracias al pueblo cubano pude escoger de forma correcta, y es algo por lo que siempre le estaré agradecido», asegura el doctor sudanés.
Aunque sólo unos meses después de obtener su título universitario, la crisis económica que ahogaba a la Isla le obligó a emigrar a Canadá. «Allí fue como comenzar de nuevo. No sabía inglés y me encontraba con el rechazo de la gente».
Sin embargo, las contrariedades nunca han incomodado a este eterno emigrante, y en el país del arce supo labrase un futuro como galeno antes de especializarse en medicina tropical en Kenia.
«Pese a la vida privilegiada que llevaba en Canadá. Todos los jóvenes que fuimos a Cuba partimos con la convicción moral de que algún día tendríamos que devolver el favor a nuestro pueblo», afirma el africano.
Así, en 2006 y tras cerca de veinte años alejado de su familia, Mori regresa a Juba, Sudán, para colaborar en la reconstrucción de un país que aún sufría las heridas abiertas por la guerra civil. Pero no sería el único.
En la actualidad, cerca de un centenar de los niños de la guerra -muchos de ellos ex combatientes-, que partieron hacia Cuba en la década de los 80, trabaja en suelo sudanés. Algunos, incluso, como Pagan Amum -secretario general del SPLM- desempeñan cargos en el actual Gobierno. Y lo cierto es que volver la mirada atrás no entra en los planes de ninguno de ellos.
Aunque, como señala el doctor Mori, a veces, tan sólo un ron en el «De´Havana» es capaz de aliviar la añoranza.
Fuente: ABC.es
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