El Centro Nacional de Investigaciones Científicas, “Célula madre” de una profecía

El aval de haber formado más de 32 000 especialistas durante más de cuatro décadas bastaría para calificar de verdadero "aldabonazo" el surgimiento del Centro Nacional de Investigaciones Científicas (CNIC), el 1ro de julio de 1965.


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El aval de haber formado más de 32 000 especialistas durante más de cuatro décadas bastaría para calificar de verdadero "aldabonazo" el surgimiento del Centro Nacional de Investigaciones Científicas (CNIC), el 1ro de julio de 1965. Más allá de su indiscutible protagonismo en la creación de capital humano capaz de gestar el futuro de hombres de ciencia y pensamiento, avizorado por Fidel el 15 de enero de 1960, la apertura del CNIC rompió esquemas y marcó un hito en el complejo camino de apostar por la soberanía tecnológica. Jóvenes que con el paso de los años se convirtieron en descollantes figuras de la ciencia cubana adquirieron en el emblemático edificio las cualidades y conocimientos que luego los harían brillar como investigadores o directivos. El desarrollo de un juego diagnóstico serológico para detectar la infección por Helicobacter pyroli es uno de los proyectos más promisorios del área de Biotecnología. Baste mencionar, entre otros, los nombres de la desaparecida doctora Rosa Elena Simeón, Ismael Clark, Gustavo Kourí, Luis Herrera, Lidia Tablada, José Luis Fernández Yero, Agustín Lage y Mitchel Valdés. Así, la primera gran institución creada en Cuba para fomentar el progreso de las diferentes ramas del saber al servicio del desarrollo económico y social de la nación, devino una suerte de "célula madre", porque muchos de los especialistas preparados en sus laboratorios contribuyeron a fundar otras entidades de primer nivel, entre ellas el Centro Nacional de Sanidad Agropecuaria, el de Inmunoensayo, y el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología. TIEMPO DE IMPACTOS Con una plantilla de 700 trabajadores y un claustro integrado por 72 investigadores y cinco profesores, de ellos 39 Doctores en Ciencia y 19 Máster, el CNIC genera fármacos, equipos, kits diagnósticos, tecnologías y servicios, que representan nuevos fondos exportables, sustituyen importaciones y contribuyen al bienestar de los ciudadanos. Solo en el último quinquenio le fueron reconocidas 114 patentes de invención en 60 países, obtuvo 44 registros de productos, 25 en Cuba y el resto en más de 15 naciones, mientras sus especialistas mantienen una alta presencia en la publicación de artículos en revistas internacionales de reconocido prestigio. Para el doctor Carlos Gutiérrez Calzado, director general del Centro, es imposible pasar revista a los resultados científicos de mayor impacto en estos 45 años sin nombrar el célebre Policosanol o PPG, medicamento obtenido a partir de la cera de la caña de azúcar para el tratamiento de la hipercolesterolemia. Este fármaco mereció una de las dos Medallas de Oro conferidas a productos del CNIC por la Organización Mundial de la Propiedad Industrial (OMPI). Tiene patente en más de 50 países, incluidos la Unión Europea, Japón, Estados Unidos y Australia. Fue premiado en el 2004 con la Medalla de Oro del Buró Conjunto de Salud y Biotecnología de Taiwán. En estudios de seguimiento hechos a más de 3 000 pacientes que lo toman, pudo observarse una notable reducción en la frecuencia de eventos vasculares severos. La relación de impactos relevantes incluye el desarrollo de sistemas de desinfección de agua y aguas residuales, basado en el empleo del ozono, la red de ozonoterapia extendida hoy a cerca de 45 centros de salud en todas las provincias, y la obtención de la Hidroxiapatita Coralina HAP 200, un efectivo biomaterial utilizado como implante para reconstruir o sustituir el tejido óseo dañado por diferentes causas, y en la confección de prótesis oculares. Tampoco puede dejar de mencionarse la generalización del sistema Diramic para el diagnóstico rápido microbiológico de agentes causantes de infecciones, ganador en el 2007 de la otra Medalla de Oro otorgada por la OMPI. Según precisó el doctor Rolando Contreras Alarcón, director del área de Diagnóstico, en la actualidad unas 40 unidades de salud disponen del Diramic, de los cuales más de la mitad se encuentran en hospitales del programa materno infantil. Actualmente trabajamos para incrementar la sensibilidad del equipo y acortar así el tiempo requerido en saber el resultado de los análisis, indicó. A TODA VELA Al frente del área de Biotecnología está el doctor en Ciencias Biológicas Rafael Fando Calzada. Entró al CNIC como estudiante en el año 1991 y de inmediato se incorporó al proyecto encaminado a lograr el desarrollo de una vacuna cubana contra el cólera. Fando precisa que el promisorio candidato vacunal está en la etapa de evaluación clínica fase II, consistente en valorar su nivel de protección en voluntarios residentes en lugares donde hay cólera. Si los resultados son los esperados, el producto tendrá enorme valor para las naciones del Tercer Mundo, pues como dijo Fidel una vez, a ninguna transnacional del sector farmacéutico le interesa hacer una vacuna que no le proporcione significativas ganancias económicas. También habla con entusiasmo de los avances registrados por el colectivo de su área en el diseño de un juego diagnóstico serológico para detectar la infección por Helicobacter pyroli, patógeno que puede llegar a desencadenar tumores del sistema digestivo. A casi medio siglo de creado, el CNIC es un paradigma en los esfuerzos para que la ciencia continúe siendo una potente fuerza productiva. El barco insignia del sector sigue navegando a toda vela. Fuente: Granma

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