Fidel es un orisha viviente

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Este artículo es de hace 15 años
Y Fidel ha vuelto al ruedo, y está entero, de verdad que es duro como un caguairán, comentó cierto amigo en medio de una conversación sobre el tema preferido de los cubanos: la cosa. ¿Qué ha vuelto? Siempre estuvo y estará respondió Javier sin dejar de revolver el café y agregó una frase que al principio no entendimos bien: Fidel es un orisha viviente. Javier es sacerdote de Ifa o babalawo, como se conoce comúnmente y no aflojó, por más que todos lo miramos con escepticismo: Lo es, es un orisha entre nosotros. Más allá de todas las traducciones, orisha es una conciencia trascendental. Nosotros vemos en todo una forma de conciencia que marca la particularidad, la espiritualidad, el carácter de cada individuo, cuando esta trasciende la media común de un grupo, cuando lo mueve, lo lidera, le marca pautas de comportamiento a seguir, le ofrece guía, ejemplo, protección, enseñanzas, modos de supervivencia que son universales y mantienen su vigencia con el paso del tiempo, entonces hablamos de un orisha. Visto así, tenía toda la razón, allí mismo, en aquella sala, estaban representadas por lo menos tres generaciones diferentes y todos, sin excepción, crecimos con la impronta y el ejemplo de Fidel Castro. Pero un momento Fidel es un hombre, un ser humano, no es un Dios. ¿Y quién dijo que los orishas que adoramos en la religión afrocubana no eran hombres y mujeres? Oshun, Obatala, Shango, fueron las personas que en la tierra Yoruba, en Nigeria, en Africa, dejaron un legado, los cubanos tenemos los nuestros: Céspedes, Agramonte, Maceo, Mariana, por siglos nuestros niños han aprendido de ellos, de sus historias, han querido imitarlos, ser como ellos. Son sagrados porque de alguna manera forman parte de lo que somos hoy y nos acompaña su memoria, aunque físicamente ya no estén. Mis nietos estudiarán a Fidel como yo estudio a Martí, tendrán que hacerlo, porque él también es sagrado. Hay un pataquí que cuenta cómo la ceiba, Araba, se hizo sagrada, cuenta que el cielo y la tierra eran hermanos, pero entraron en porfía y el cielo castigó a la tierra con la sequía, entonces la ceiba cobijó a su sombra a todos los seres vivos. Con sus raíces muy profundas la ceiba percibía el sufrimiento de la tierra y con sus ramas escuchaba el castigo del cielo. Fidel está bien plantado y la experiencia que tiene forma sus raíces, la visión global del mundo son sus ramas y sus ideas, su lucha, su obra, es la sombra con que cobija al mundo; lo que hizo sagrada a la ceiba fue precisamente resistir, no rendirse, precisamente lo que ha hecho Fidel toda su vida. Cerramos la polémica para terminarnos el café ya medio frío. Algunos quedaron convencidos, otros continuaron dándole vueltas a la idea, pero sí teníamos un acuerdo: cada cubano lleva en el corazón su propia idea de este árbol gigante, araba nuestra, que si para algo sirven ciertamente los profetas es para salvarnos de la desidia, de la ceguera espiritual, del miedo, para impulsarnos, mostrarnos el camino, renovarnos la fe, corregirnos el paso y para eso, para mucho más que eso, ha nacido en esta islita un hombre: Fidel fidelísimo. Fuente: CubaSi
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