Raúl de Cárdenas: la esencia cubana en drama

Este artículo es de hace 9 años
Si usted tuvo la oportunidad de asistir a la temporada de teatro en que se presentó muy exitosamente Las Carbonell de la Calle Obispo, en el teatro Bellas Artes de Miami en 1986, dirigida por Tony Wagner, recordará a cuatro hermanas muy cómicas, que repetían en sus diálogos las frases más coloquiales de La Habana de fines de los años 40 y principios de los 50. El autor de esa obra, Raúl de Cárdenas (La Habana, Cuba, 1938) no la escribió en Cuba ni en aquel tiempo, sino en Los Angeles, California, haciendo gala de una prodigiosa memoria para cuanto chascarrillo podría ocurrírsele que reviviera esa etapa de la vida republicana cubana. ``Es la más emblemática de nuestro teatro costumbrista'', confiesa el dramaturgo. Es también su preferida, y no se puede concebir cómo --viviendo en Estados Unidos por tantos años-- pudo, en los años 80, recordar esos diálogos. ``Yo no he podido olvidarme de Cuba. Todos los días mi primera imagen es La Habana, cada vez que me siento a escribir una obra es de Cuba'', dice. ``Admiro a Nilo Cruz, porque es tan cubano escribiendo en inglés, como su Anna in the Tropics, pero para mí, Cuba es pasión. Viví siempre enamorado de La Habana con todos sus defectos y todas sus virtudes. Después de escribir Recuerdos de familia, la segunda que escribo en Los Angeles es Las Carbonell, un reflejo de la vida de La Habana, que yo recuerdo tan bien. Cuando comenzaba el curso escolar y me llevaban a la librería La Moderna Poesía al comienzo de la calle Obispo, allí estaba el Café Europa, que me encantaba. Hasta tengo la guía de teléfonos de Cuba del año 58, la conseguí aquí en Miami''. Aunque nunca hay nada como la representación, ahora se podrá disfrutar Las Carbonell por escrito, pues De Cárdenas ha decidido publicarla. ``Matías Montes Huidobro [escritor, crítico de teatro] me aconsejó que era importante dejar constancia de nuestro teatro, porque es tan difícil que se publique'', dice el dramaturgo. ``Ya yo había publicado Recuerdos de familia con Editorial Persona en Hawai, hace muchos años. Y Oyantay en Nueva York publicó La Palangana. Ahora pensé en cuatro obras que podrían ser como un compendio de todo mi teatro: seleccioné esas cuatro y las publiqué, aunque no es para la venta, es para enviarla a los intelectuales, a los periodistas y a los interesados''. Cuatro obras escogidas (Alexandria Library, 2010) contiene las siguientes piezas: Sucedió en La Habana, Nuestra Señora de Mazorra, El pasatiempo nacional, y Las Carbonell. Esta última refleja a personas de su familia, a su madre Hortensia Pérez de Cárdenas, que se reconoció en la obra como María Eugenia, y a sus tías, los personajes de María Rosa y María Elvira. En su libro, De Cárdenas, les da las gracias a su madre y a la actriz Nena Acevedo, una especie de musa teatral. ``Mi madre siempre nos apoyó mucho en todo lo que hacíamos, ella descubrió la afición mía por la escritura y me animó, al cerrar Batista la Universidad, a que fuera a la escuela de periodismo'', cuenta el escritor. ``Cursé los cuatro años de periodismo en la Escuela Márquez Sterling, pero nunca me gradué, porque ya había empezado la censura y decidí irme de Cuba. Recuerdo la fecha: el 8 de septiembre de 1961, Día de la Caridad, y en el vuelo que yo vengo viene la imagen de la Caridad que se venera en la Ermita [de Miami], era la que estaba en la parroquia de Guanabo adonde yo iba a misa cuando estaba de vacaciones''. Estudió por 11 años en la escuela de los Maristas de la Víbora, un barrio habanero, en la calle Estrada Palma, cerca de la casa de la pintora Amelia Peláez, cuyo sobrino Manolo Peláez era compañero suyo. ``Ella vivía en Estrada Palma y Juan Bruno Zayas, y cuando pasaba por allí para ir al cine, veía a Amelia cuidando su jardín'', recuerda. ``Fueron años inocentes. El primero que salió de Cuba fue Gastón [el hermano] en el año 60, yo salgo en el 61 y mis padres vinieron en el año 62''. Desde que llegó a Miami se dio cuenta de que tenía que irse a Nueva York, donde estaba Broadway. No pensó en escribir, aunque en Cuba ya había hecho avances con sus obras de teatro y era precisamente por la ayuda de Nena Acevedo. ``Mi primera obra fue un melodrama en tres actos que se estrenó en el Club de Profesionales de La Habana'', dice. ``Se llamaba Cuando los hombres lloran, que se perdió, gracias a Dios, porque la peor telenovela de nuestra televisión es una obra de Shakespeare en comparación con lo que escribí, era horrible, horrible. Después escribo Los ánimos están cansados, y gracias a Ricardo Barber, alumno del teatro universitario, que me presentó a Nena Acevedo, porque ella se enamoró de mi obra''. Montes Huidobro escribió la crítica en el año 60 cuando se presentó, y dijo que era un joven con futuro; también les gustó mucho a los estudiantes, porque era un tema político patriótico. La tercera obra fue La palangana de oro, que como en el original la han puesto en Estados Unidos dos veces, la primera vez la dirigió en la Universidad Internacional de la Florida Cecilio Noble, en el año 76, años más tarde la dirigió Eduardo Corbé, en el Museo Histórico de Miami. Se publicó en Lunes de revolución en Cuba, y se estrenó en Arlequín, por el apoyo de su amiga. ``Si no hubiera sido por Nena Acevedo'', insiste De Cárdenas, ``ella convenció a Rubén Vigón, que no quería montar La palangana, y los ensayos se hicieron en la casa de ella. El mejor elogio a la obra se lo da Virgilio Piñera: va con Rine Leal al estreno y apunta en el periódico lo difícil que es escribir una obra de teatro en un acto y hacerlo en lo vernáculo y que yo había salido triunfante de todos estos escollos''. Recientemente se montó en Miami otra versión El solar de la palangana de oro, en Havanafama Teatro Estudio bajo la dirección de Eddy Díaz Souza. En Nueva York iba a ver la mayor cantidad de obras de teatro, mientras trabajaba en exportación. Pero el frío le hizo abandonar la ciudad 10 años más tarde después de enfermarse de neumonía, cuando en ese mismo momento que se iba, en febrero del año 70, se entera que el dramaturgo Manolo Martín, autor de Thanksgiving en Union City, montaba La palangana, y no sabía ni siquiera que él vivía en Nueva York. Esto fue un gran incentivo para volver a las andadas. ``Decidí empezar a escribir de nuevo'', confiesa el dramaturgo. ``Lo mismo que me pasó con La palangana, que escribí en un fin de semana, aquí lo hice en Thanksgiving, y en cuatro días escribí Recuerdos de familia. Rafael de Acha, que trabajaba en el Coconut Grove en aquel momento y que fue donde se leyó la obra, le dijo a la prensa: `es el mejor escritor de diálogo cubano de todos los días' ''. De ahí en adelante ha seguido escribiendo una serie de obras, incluyendo la merecedora de un premio Letras de Oro 1988-89, sobre José Martí, Un hombre al amanecer; El pasatiempo nacional, una obra en contra de la intolerancia y la homofobia, basada en la historia de dos peloteros; Los hijos de Ochún, sobre la tragedia de Girón; Tula, la peregrina, sobre Gertrudis Gómez de Avellaneda; Luz divina, sobre las botánicas. Pero no ha escrito novelas. ``Me encanta el teatro porque es visual y todo lo tengo que decir con el texto. En las novelas se tardan tres páginas para describir el castillo, y yo digo `vamos a pasar al comedor, a la acción' '', apunta De Cárdenas, quien afirma que él en realidad no escribe sus diálogos, se los dictan sus personajes, quienes son los que le llevan hasta el final de la obra.   Fuente: El Nuevo Herald

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