Sol Meliá Cuba convoca un concurso de fotografía en Facebook

Este artículo es de hace 9 años
Su empirismo intrínseco a una distinguida vocación, no reñido con excelentes desempeños rítmicos, es admiración de académicos y hace del Sonero Mayor una genialidad de la música popular cubana. ¿Amateur o experto? He ahí el gran enigma del Bárbaro del Ritmo. El pequeño panteón del cementerio de Santa Isabel de las Lajas, en Cienfuegos, es la morada eterna de quien fuera uno de los más genuinos representantes de nuestra música popular. Los versos de un poeta local son el epitafio que eterniza su recuerdo.   Descansa bajo esta losa Nuestro Sonero Mayor, el lajero ruiseñor De voz dulce y melodiosa, pero lo que no reposa, ni se esconde en el olvido es su voz porque ha seguido latiendo en el corazón de este su Rincón Querido. Mario Armas.   Sobre su saber en el arte del pentagrama se ha debatido mucho. Si cierto es que no tuvo formación erudita, el oído musical del Benny se forjó desde muy pequeño. En Santa Isabel de las Lajas, nació el 24 de agosto de 1919, Bartolomé Maximiliano Moré. Esta localidad, fundada en 1824, pertenecía a la provincia de Las Villas y fue objeto del boom azucarero de la región sureña en el área central de la Isla. Por tanto, la transculturación fraguó en la zona. El Benny es descendiente del rey de una tribu de congos, su tatarabuelo era el último esclavo de la dotación Moré. La niñez en el Casino de los Congos, una casona que sintetiza la espiritualidad de los ancestros esclavos africanos, lo familiarizó con secretos y misterios de la percusión cubana, una verdadera escuela de tradición oral. Su madre siempre afirmaba que desde pequeño le gustó la música y fabricó su primera guitarra con seis años. Penurias económicas hicieron al adolescente lajero emigrar hacia forzadas tareas en los cañaverales, donde cantaba e improvisaba tonadas campesinas del estilo rítmico pinareño y montunos orientales. Benny Moré, el Bárbaro del Ritmo, el Sonero Mayor / Foto: InternetCon su hermano Teodoro cortaba caña en el central Jaronú, en la provincia de Camagüey; conoce entonces a Castellanos y Víctor Landa, quienes le ayudan a empezar a tocar la guitarra. Con el dinero que ganó, comenzaron sus primeros intentos en la capital, en 1936 y 1940. En este último año logra permanecer en La Habana, donde se ganaba la vida vendiendo verduras, cantando por bares y cantinas, hasta que Siro Rodríguez, del trío Matamoros, lo escucha en el bar "El Temple". A “ojo de buen cubero” lo llevó a emisoras, concursos musicales, hasta llegar a firmas disqueras con el afamado conjunto Matamoros. Con ellos viajó a México en 1945, donde cantó en los cabarets y grabó varios discos. El grupo vuelve a La Habana, pero Bartolomé continúa en México. Rafael Cueto lo induce a cambiar el nombre de Bartolomé, a lo que él responde: “Desde hoy me llamaré  Beny, Beny More”. Así comenzó la leyenda del ídolo. Entonces las orquestas de Mariano Mercerón y Panchitó Eché fueron sus escenarios, y le hicieron merecer sus primeros epítetos: "príncipe del mambo" o "bárbaro del mambo”. A finales del '50 regresa a Cuba. Cantaba por la radio, en cabarets, bailes y fiestas. Cuentan que en el Centro Gallego se desbordaban las aceras y los jardines del Capitolio Nacional para escucharlo. En 1952 se hace acompañar por la orquesta Aragón, llegada de Cienfuegos, hasta que creó su Banda Gigante. APORTES AL PANORAMA MUSICAL CUBANO Según la doctora María Teresa Linares, las décadas del 40 y 50 del pasado siglo en la música popular de nuestro país, son importantes referentes para las transformaciones que ocurrieron. Resultó un momento de tránsito, en el que se produjo un proceso de cambios, de transculturaciones, interinfluencias de las distintas manifestaciones de la música nacional y la que nos llegó de diversos países, cambios de formato, de timbres, de estructuras que se producen en los conjuntos bailables, por el intercambio cultural y medios como el cine y el disco. A fines de los treinta, los conjuntos existentes eran los septetos de son, la charanga francesa para los danzones y el danzonete, y los conjuntos jazz band. La doctora cita entre la adecuación de las jazz band: la Orquesta Casino de la Playa, en la que cantaba Miguelito Valdés, uno de los relacionados con Benny Moré. Benny Moré, el Bárbaro del Ritmo, el Sonero Mayor / Foto: InternetDe ahí que la cubanización se confirme con la Banda Gigante del Benny, en la que se observan arreglos que incluyen cambios ostensibles, de los planos instrumentales, los trombones pasaron a realizar los tumbaos que antes hicieran el tres y el piano, y las trompetas ejecutaron motivos de fuerza percutiva similares al bongó. Benny llevaba la mochila llena de la cultura musical más apegada al pueblo y tuvo el talento de asimilar el sonido nuevo de los conjuntos orquestales cubanos. Cuando dirigía su Banda, dominaba perfectamente las entradas de la orquesta y los complicados vericuetos de la clave cubana, que resultan un tomento para los académicos. El repertorio de Benny Moré fue una selección de géneros de canto y baile  representativos de todo lo que se divulgaba en la década del cincuenta:  mambo, son, guajira, afro, rumba, montuno y bolero. Uno de sus mayores éxitos fue su interpretación del bolero ¡Oh, vida!, cantado en el estilo filin de modo magistral. Benny Moré constituyó un caso único, con precedentes en cantantes anteriores, pero sin que ninguno llegara a superarlo. Fue en definitiva, quien cubanizó la orquesta jazz band hasta castellanizar su nombre. No era sólo un cantante, sino también creador, director y arreglista de sus temas, y supo aceptar las orientaciones de Generoso Jiménez y de otros músicos que le dieron sus obras para que las incorporara en su compilación; les hizo honor a todas. Al morir en 1963, el pueblo lloraba al compás de sus inmortales melodías. Es un emblema identitario, cuya vocación posibilitó sintetizar un proceso de transculturación de varias centurias de música y reafirmar la cubanía en ese arte. Hoy su legado se renueva en boga de las nuevas generaciones y es talismán de los intérpretes que en el mundo cultivan la música afrolatina. Fuente: 5 de septiembre

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