Renace el Museo Napoleónico

Considerado como uno de los cinco museos más importantes en cuanto a su temática


Este artículo es de hace 10 años
Único de su tipo en Cuba y poseedor de una de las colecciones más importantes que de los siglos XVIII y XIX se conservan en el hemisferio occidental, el Museo Napoleónico (San Miguel entre Ronda y Mazón, al costado de la Universidad de La Habana) reabre sus puertas hoy, a las 5:00 p.m., luego de recibir —durante tres años— una restauración capital en la que intervinieron especialistas de la Dirección de Patrimonio Cultural de la Oficina del Historiador de la Ciudad. Para el evento viajó especialmente invitada a la isla Alix de Foresta, Princesa Napoleón —viuda de Luis Marie Bonaparte, príncipe Napoleón, quien fue descendiente del rey Jerome, hermano menor de Bonaparte—, anunciaron los organizadores. El Museo, fundado el 1ro. de diciembre de 1961, ocupa el inmueble de estilo florentino renacentista que fuera vivienda del político ítalo-cubano Orestes Ferrara. La mansión, bautizada por su dueño La Dolce Dimora (la dulce morada), fue construida entre 1926 y 1929 por los experimentados arquitectos Evelio Govantes y Félix Cabarrocas, quienes tenían en su haber el Capitolio Nacional y la exuberante residencia de Catalina Lasa y Juan Pedro Baró (hoy día, la Casa de la Amistad, en la calle Paseo). En sus cuatro plantas, la edificación presenta casi 8 000 piezas, en su mayoría centenarias, relacionadas fundamentalmente con la época de la Revolución Francesa hasta el Segundo Imperio. Una extraordinaria compilación de libros en francés, inglés y español, en la biblioteca especializada del cuarto piso; así como trajes, armamentos, equipos militares, mobiliario, numismática, objetos históricos y decorativos, entre los que aparecen obras construidas por quienes eran considerados los mejores ebanistas, broncistas y orfebres de la época en el mundo, exhiben las distintas salas de la colección. Asoman también en las paredes y espacios de las suntuosas galerías varias pinturas, grabados y esculturas sobre distintos momentos de la vida del emperador Napoleón I realizados por Louis Tocqué, Jean-Marc Nattier, Nicolas de Largillière, Jean Baptiste Regnault; Françoise Flameng, Andrea Appiani y Robert Léfèvre, entre otros artistas. Distribuida en el Gran Salón del primer piso, que ofrece una panorámica de la monarquía francesa y una nueva Sala de Armas, antiguo salón de actividades; un vasto mezanine, en la segunda planta, que muestra a los Bonaparte transformados en familia imperial; y el tercer nivel donde se exponen objetos personales y reliquias del prisionero de Santa Elena, la restaurada colección renace en todo su esplendor después de ser sometida a un minucioso trabajo de reparación de la carpintería, vidrios, decorados, tapicería, yesos, pisos, soportes de iluminación, instalaciones técnicas y cubiertas. La muestra museográfica atesora entre sus bienes más significativos la mascarilla mortuoria de Napoleón, traída por el doctor Francesco Antommarchi, el último médico que atendió al emperador en Santa Elena y quien murió en Santiago de Cuba; un catalejo de bronce, cristal y madera usado por Napoleón; una casaca de cuando era primer cónsul; un bicornio y su reloj, producto de una reciente donación, que se expone por primera vez en el dormitorio de la tercera planta. Con la reapertura, la exposición napoleónica —cuyos fondos provienen de la colección del sacarócrata cubano Julio Lobo y a la que se añaden obras donadas, compradas o recuperadas por el Estado— presenta, entre sus nuevas piezas, cubertería de plata que fue encontrada empotrada en las paredes del tercer piso durante los trabajos de restauración. De un valor histórico y cultural inigualable, el Museo Napoleónico reluce nuevamente su imagen que, luego de la reparación, ha vuelto a recrear la historia de un tiempo pasado hace 200 años. La semana próxima abrirá al público en los horarios de 9:30 a.m. a 5:00 p.m., de martes a sábados, y los domingos de 9:30 a.m. a 12:30 p.m. Fuente: Granma

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