Comienza el vuelo de las cotorras

Este artículo es de hace 9 años
Graznidos, batir de alas, y chillidos constantes rompen la quietud del Paisaje Natural Protegido Hanabanilla, en la región central cubana. Los pichones de cotorras recién plumados salen de los nidos para aprender a volar. Considerado por los expertos como uno de los actos de la naturaleza más emotivos, esta ceremonia de iniciación a la vida silvestre reviste para las aves un significado especial: el polluelo que no aprenda a volar antes de finales de junio y se aleje del orificio donde nació, puede sucumbir. Entre las amenazas de las crías figura la llamada mosca de San Juan, típica de estos meses, la cual pone sus huevos cerca del orificio anal de los pichones y al eclosionar, las pupas se alimentan del tejido circundante y provocan infecciones secundarias que llevan a fenecer al animal. Cada primavera las parejas de cotorras se alistan para instruir a la descendencia, labor que toma varios días, esa dedicación extrema permite que poco a poco los bisoños se alejen más de los árboles. Así fortalecen sus alas y logran la independencia deseada. Una vez aptos para remontar los cielos comienza entonces otra etapa importante en la vida de estos seres alados, encontrar la pareja con la cual vivirán hasta que la muerte los separe. Para conocerse mejor recorren los montes por varios días, así se identifican y acercan hasta que deciden con quien aparearse. Estudiosos aseguran que entre los galanteos figuran giros en el aire y revoloteos de belleza sin igual. La poca diferencia existente entre las cotorras hembras y los machos, provoca que en los bandos existan parejas conformadas por animales del mismo sexo. Esos dúos también persisten durante toda la vida. Requieren las cotorras cerca de un quinquenio para madurar sexualmente, todo ese tiempo el grupo anda junto en un área aproximada a los 20 kilómetros de diámetro. Al inicio de la vida reproductiva eligen el nido que usarán siempre. La irrupción en el aposento puede resultar fatal para los intrusos, pues el celo que tienen los progenitores por la descendencia impide la violación del recinto donde se gestan las nuevas vidas. Luego de empollar los huevos por 26 días, las crías nacen, y son alimentadas por ambos padres hasta que están aptos para comenzar a volar, así cada año entre mayo y junio en los montes de Cuba irrumpen nuevos sonidos, otra generación de cotorras inunda los bosques. Fuente: ACN

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