Disfrutando de un cubano con mucha mano izquierda

Este artículo es de hace 9 años
El día latino del festival se convirtió en una jornada pletórica de goce musical para la multitud que abarrotaba la plaza Biotz Alai. La introducción corrió a cargo del «Melquiades quartet», grupo francés a concurso que combinó jazz rock con aires exóticos y cosmopolitas. Imprimieron a su concierto un tono intimista, que fue creciendo en complejidad e intensidad con el paso de los temas, mezcla de autoría propia y tradiciones musicales muy diversas. Concentrados y sutiles, su buen desempeño en escena les ha valido el premio al mejor solista para el saxo Mathieu Chedeville y el segundo premio del jurado en el concurso de grupos, que este año, como era de prever, ha ganado el enérgico trío sueco-danés de Carl Winther. El jazzaldi getxotarra alcanzó después el momento más jubiloso de esta XXXV edición con la actuación de Chucho Valdés y los Afrocuban Messengers. Septeto generoso en el esfuerzo cuyo concierto duró dos horas cumplidas. A lo largo de ellas revisitaron, siguiendo los temas de su último álbum, «Chucho´s Steps», clásicos ritmos cubanos como el danzón, el mambo o el guaguancó, enriquecidos por la sabiduría musical de Valdés que hizo de cada género un traje a medida: el «Danzón» comenzó como una balada, siguió con el aire rítmico del danzón tradicional y acabó siendo un cha-cha-cha. El «Mambo para Zawinul» partió del celebérrimo «Birland» de los Weather Report para convertirse en un mambo atípico, impredecible. El inicio de otras cadencias acababa convirtiéndose en ritmos rituales yorubas, de fuerza hipnótica, merced a la intensidad de los tambores batá y la voz de Dreiser Durruti. Pero no solo eso, junto a la exposición de su disco, Valdés se atrevió a citar y combinar, de forma nada convencional, muy diversas fuentes musicales, de la clásica (Bach) al hard bop de los 60, del Rimski-Korsakov al blues mas estremecedor. Todo ello acompañado por la elegancia y la fastuosa riqueza sonora que proporcionaba una nutrida sección rítmica (bajo, batería, congas y tambores batá) y una eficaz sección melódica (saxo y trompeta), aunque a menudo ambas intercambiaran sus funciones con la misma facilidad e independencia de manos del líder de este arrollador septeto. (A este respecto, conviene recordar que a lo largo de la historia del jazz, si no nos falla la memoria, solo hemos escuchado a Art Tatum y a Phineas Newborn manejando la mano izquierda de manera tan independiente, veloz y creativa). Vivimos, en definitiva, una fiesta del jazz afrocubano y, al mismo tiempo, una celebración del virtuosismo de un intérprete prodigioso, al que notamos más entonado que nunca, en el que haya sido, probablemente, su mejor concierto en Euskadi. Fuente: Gara.net

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