El corazón de la música coral late en Latinoamérica

Este artículo es de hace 9 años
La directora del Coro Nacional de Cuba dictó un taller de formación en su área y quedó “encantada” con la excelencia en escena de la cantoría José Antonio Anzoátegui. La dirección de músicos es la mayor habilidad y pasión de Digna Guerra Su llegada sorprende cuando se abren las puertas del ascensor. Miguel Prado hace los  honores: “Llegó la maestra,   mi inspiración”.  Él  es el director  de  la Cantoría José Antonio Anzoátegui y está ahí,  en el piso  8 del hotel Venetur Puerto La Cruz,  como muchos de sus pares,   para un taller intensivo de dirección de coros. Digna Guerra, músico y pianista, es la directora del Coro Nacional de Cuba y del coro de cámara “Entre voces”.  Accede a unos minutos de entrevista. Entre preguntas y respuestas ofreció  una cátedra  en su  especialidad. Habla despacio, con  acento cubano, pero no tan marcado. Se sienten otros matices en su voz.  Tal vez se deba a su experiencia y trabajo en gran parte de América Latina y Europa. Ya la admiro, por lo que he leído de sus obras y lo que veo a su alrededor,  amén de los elogios  de sus discípulos. Siempre atenta y sonriente, Guerra  trata  de comprender lo que pregunto en voz baja Una vida entre voces Para algunos  de los comunes es inevitable  transportarse a una iglesia cuando se habla de coros. - ¿Cómo fue su acercamiento con la música?  ¿Por qué la  música de cámara? ¿Los coros son sólo  para la iglesia? - Es normal que crean que es música de iglesia, pero no lo es,  aunque en la  música sacra  hay temas preciosos que pueden llegar a entusiasmar a cualquier ateo,  y hacerlos visitar el templo sólo por escuchar la perfecta coordinación de los coros. Así lo hacen en Europa, sin curas de por medio, la gente  va a escuchar a los coros interpretando  grandes obras musicales y piezas tradicionales con ritmos latinos o afroamericanos. La iglesia, como una sala de teatro,  es un recinto   apropiado para la música de cámara. Su acercamiento  con la música empezó  desde muy pequeña. Tenía  cuatro años. “Mis padres notaron que podía tocar en el piano todas las melodías que escuchaba en la radio, pero no sólo la melodía sino también la armonía. Buscaron rápidamente una escuela vocacional para que  emprendiera ese  camino, hasta que cumplí siete años e ingresé al Conservatorio de La Habana a estudiar formalmente.  Allí aprendí piano y dirección coral”, dijo sin titubear, casi al caletre. Al otro lado de la mesa sigue Miguel, extasiado por conocer aún más a su maestra. Ella ahonda en la importancia  que ofrece el aprendizaje de música para un niño  en edad escolar. “Para ellos,   pertenecer a un grupo coral representa mucha   disciplina, por la constante búsqueda de la perfección en la interpretación de las obras musicales. Pasa  a formar parte de su cultura general, aunque en el futuro no ejerza la carrera de músico. Y en el campo espiritual ofrece satisfacción para quien la escucha y la ejerce. Es una expansión inigualable del espíritu. Quien practica y hace la música tiende a ser mejor ser humano, está lejos del vicio y del ocio”. - Sobre la posición y evolución   de los coros.    ¿Por qué no se escuchan por la radio,  por más que  se reinventen con música tradicional y con más ritmo? - A estas alturas, cuando la  música coral tiene  más fuerza,  no tiene sentido caer en trivialidades. Es un arte y tiene un  público.  En la radio hay muchas opciones. Yo escucho de todo, pero nada que sea chabacano y  sin contenido va conmigo. A mí las desafinaciones me dan dolor de barriga. En Latinoamérica, la calidad de la música de cámara y de organizaciones musicales es cada vez mejor. Mucho de eso hay que agradecerlo  al maestro José Antonio  Abreu con el Sistema Nacional de Orquestas Sinfónicas  de Venezuela, porque creó un precedente.  A partir de esta semilla,  son muchos los frutos que se han cosechado  en países como  Argentina y  Cuba,  por nombrar algunos. - ¿Hay algún coro de Latinoamérica que le haya  causado  impresión particular? -Estoy encantada con la excelencia  en escena de la cantoría José Antonio Anzoátegui.   Hay voces  estelares, sobre todo en los hombres, son insuperables, tienen algo que no se puede describir. No sé si es el sol, el mar o lo que comen, pero algo tienen. Los tenores de Venezuela en nada se parecen a los de otros países. Por allá, al otro extremo del salón habilitado para el taller, siempre atento y sonriente, estaba el    director Miguel Prado,   complacido y sorprendido. Rozagante de emoción agradece a su maestra   el  elogio. - ¿Ha interpretado temas de algún compositor venezolano? - Sí,  he dirigido e interpretado  obras  de Rafael Suárez, Tino Carrillo, Modesta Bor y César Alejandro Carrillo. - ¿Qué cosas pasan por su mente  antes de una presentación y qué siente durante y después? - Desde bien temprano, me preparo,  como una persona normal. Hago mis oficios en la casa, pero estoy como en otro mundo. Ando como un zombie,  pensando en el concierto. Procuro llegar al escenario sin preocupaciones. En ese momento sólo dirijo y  disfruto.  Las sensaciones que recorren el cuerpo son múltiples. Existen pasajes en donde se eriza la piel, momentos culminantes y, al final, queda un  vacío por todo lo que entrego. - Como cantante solista, ¿cuáles fueron sus mejores momentos? - He cantado  obras en  mezzo  (un tono entre contralto  y soprano, ni tan grave ni tan agudo)     obras de Vivaldi, la “Novena Sinfonía” de Beethoven,  “Canto general”, de Mikis Teodorakis; “Concierto oratorio”, de Michel Legrand, y en algunos pequeños momentos con mi coro. Las últimas experiencias frente a un micrófono fueron  hace seis años aproximadamente. Inspirada por el talento que la rodea y el mar que tiene a sus espaldas, mientras habla comienza a tocar en el teclado.    No tiene allí un piano  de  7 octavas como quisiera,  pero no duda en ofrecer un mini concierto con piezas del compositor francés Claude-Achille Debussy. Afuera, en la sala del piso 8,   están sus discípulos orientales  ansiosos por conocer y aprender de la experiencia de  Digna Guerra. Dos proyectos musicales tiene Digna Guerra actualmente. Trabaja con el Coro Nacional de Cuba en la compilación musical del maestro Leo Brower, que  presentará en    septiembre. Su segundo proyecto, sobre el género  Gospel y negros espirituales, será concretado en diciembre. Vida  y obra Digna Guerra nació en La Habana. Es docente, cantante y pianista. Dirige el Coro Nacional de Cuba y la Orquesta Sinfónica de su país. Actualmente está al frente del coro Entre voces. Hace poco visitó Buenos Aires a propósito del II Encuentro Internacional de Orquestas y Coros Infantiles y Juveniles para el Bicentenario. Fuente: El Tiempo.com.ve

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