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Este artículo es de hace 14 años
La directora del Coro Nacional de Cuba dictó un taller de formación en su área y quedó “encantada” con la excelencia en escena de la cantoría José Antonio Anzoátegui. La dirección de músicos es la mayor habilidad y pasión de Digna Guerra
Su llegada sorprende cuando se abren las puertas del ascensor. Miguel Prado hace los honores: “Llegó la maestra, mi inspiración”. Él es el director de la Cantoría José Antonio Anzoátegui y está ahí, en el piso 8 del hotel Venetur Puerto La Cruz, como muchos de sus pares, para un taller intensivo de dirección de coros.
Digna Guerra, músico y pianista, es la directora del Coro Nacional de Cuba y del coro de cámara “Entre voces”. Accede a unos minutos de entrevista. Entre preguntas y respuestas ofreció una cátedra en su especialidad.
Habla despacio, con acento cubano, pero no tan marcado. Se sienten otros matices en su voz. Tal vez se deba a su experiencia y trabajo en gran parte de América Latina y Europa.
Ya la admiro, por lo que he leído de sus obras y lo que veo a su alrededor, amén de los elogios de sus discípulos. Siempre atenta y sonriente, Guerra trata de comprender lo que pregunto en voz baja
Una vida entre voces
Para algunos de los comunes es inevitable transportarse a una iglesia cuando se habla de coros.
- ¿Cómo fue su acercamiento con la música? ¿Por qué la música de cámara? ¿Los coros son sólo para la iglesia?
- Es normal que crean que es música de iglesia, pero no lo es, aunque en la música sacra hay temas preciosos que pueden llegar a entusiasmar a cualquier ateo, y hacerlos visitar el templo sólo por escuchar la perfecta coordinación de los coros. Así lo hacen en Europa, sin curas de por medio, la gente va a escuchar a los coros interpretando grandes obras musicales y piezas tradicionales con ritmos latinos o afroamericanos. La iglesia, como una sala de teatro, es un recinto apropiado para la música de cámara.
Su acercamiento con la música empezó desde muy pequeña. Tenía cuatro años. “Mis padres notaron que podía tocar en el piano todas las melodías que escuchaba en la radio, pero no sólo la melodía sino también la armonía. Buscaron rápidamente una escuela vocacional para que emprendiera ese camino, hasta que cumplí siete años e ingresé al Conservatorio de La Habana a estudiar formalmente. Allí aprendí piano y dirección coral”, dijo sin titubear, casi al caletre.
Al otro lado de la mesa sigue Miguel, extasiado por conocer aún más a su maestra.
Ella ahonda en la importancia que ofrece el aprendizaje de música para un niño en edad escolar.
“Para ellos, pertenecer a un grupo coral representa mucha disciplina, por la constante búsqueda de la perfección en la interpretación de las obras musicales. Pasa a formar parte de su cultura general, aunque en el futuro no ejerza la carrera de músico. Y en el campo espiritual ofrece satisfacción para quien la escucha y la ejerce. Es una expansión inigualable del espíritu. Quien practica y hace la música tiende a ser mejor ser humano, está lejos del vicio y del ocio”.
- Sobre la posición y evolución de los coros. ¿Por qué no se escuchan por la radio, por más que se reinventen con música tradicional y con más ritmo?
- A estas alturas, cuando la música coral tiene más fuerza, no tiene sentido caer en trivialidades. Es un arte y tiene un público. En la radio hay muchas opciones. Yo escucho de todo, pero nada que sea chabacano y sin contenido va conmigo. A mí las desafinaciones me dan dolor de barriga.
En Latinoamérica, la calidad de la música de cámara y de organizaciones musicales es cada vez mejor. Mucho de eso hay que agradecerlo al maestro José Antonio Abreu con el Sistema Nacional de Orquestas Sinfónicas de Venezuela, porque creó un precedente. A partir de esta semilla, son muchos los frutos que se han cosechado en países como Argentina y Cuba, por nombrar algunos.
- ¿Hay algún coro de Latinoamérica que le haya causado impresión particular?
-Estoy encantada con la excelencia en escena de la cantoría José Antonio Anzoátegui. Hay voces estelares, sobre todo en los hombres, son insuperables, tienen algo que no se puede describir. No sé si es el sol, el mar o lo que comen, pero algo tienen. Los tenores de Venezuela en nada se parecen a los de otros países.
Por allá, al otro extremo del salón habilitado para el taller, siempre atento y sonriente, estaba el director Miguel Prado, complacido y sorprendido. Rozagante de emoción agradece a su maestra el elogio.
- ¿Ha interpretado temas de algún compositor venezolano?
- Sí, he dirigido e interpretado obras de Rafael Suárez, Tino Carrillo, Modesta Bor y César Alejandro Carrillo.
- ¿Qué cosas pasan por su mente antes de una presentación y qué siente durante y después?
- Desde bien temprano, me preparo, como una persona normal. Hago mis oficios en la casa, pero estoy como en otro mundo. Ando como un zombie, pensando en el concierto. Procuro llegar al escenario sin preocupaciones. En ese momento sólo dirijo y disfruto. Las sensaciones que recorren el cuerpo son múltiples. Existen pasajes en donde se eriza la piel, momentos culminantes y, al final, queda un vacío por todo lo que entrego.
- Como cantante solista, ¿cuáles fueron sus mejores momentos?
- He cantado obras en mezzo (un tono entre contralto y soprano, ni tan grave ni tan agudo) obras de Vivaldi, la “Novena Sinfonía” de Beethoven, “Canto general”, de Mikis Teodorakis; “Concierto oratorio”, de Michel Legrand, y en algunos pequeños momentos con mi coro. Las últimas experiencias frente a un micrófono fueron hace seis años aproximadamente.
Inspirada por el talento que la rodea y el mar que tiene a sus espaldas, mientras habla comienza a tocar en el teclado. No tiene allí un piano de 7 octavas como quisiera, pero no duda en ofrecer un mini concierto con piezas del compositor francés Claude-Achille Debussy. Afuera, en la sala del piso 8, están sus discípulos orientales ansiosos por conocer y aprender de la experiencia de Digna Guerra.
Dos proyectos musicales tiene Digna Guerra actualmente. Trabaja con el Coro Nacional de Cuba en la compilación musical del maestro Leo Brower, que presentará en septiembre. Su segundo proyecto, sobre el género Gospel y negros espirituales, será concretado en diciembre.
Vida y obra
Digna Guerra nació en La Habana. Es docente, cantante y pianista. Dirige el Coro Nacional de Cuba y la Orquesta Sinfónica de su país. Actualmente está al frente del coro Entre voces. Hace poco visitó Buenos Aires a propósito del II Encuentro Internacional de Orquestas y Coros Infantiles y Juveniles para el Bicentenario.
Fuente: El Tiempo.com.ve
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