Leonardo Padura critica y describe la forma de vida en el socialismo real cubano.

Esta noticia es de hace 8 años
Leonardo Padura critica y describe la forma de vida en el socialismo real cubano. Muestra la pobreza, el hambre y la precariedad, es áspero y rígido, pero no traiciona ni se traiciona La novela histórica, cuando está bien documentada y escrita, se convierte en una maravillosa forma de entender la historia. Permite transitar de los datos, del mero retrato de acontecimientos, a un nivel que nos introduce al ambiente que se vivía, a descubrir el contexto en el que sucedieron los hechos. Permite desarrollar hipótesis sobre las sensaciones y sentimientos de los protagonistas. El hombre que amaba a los perros, novela del escritor cubano Leonardo Padura, es un libro para reflexionar. La historia trata, en principio, del asesinato del disidente ruso León Trotsky, ocurrido en Coyoacán en 1940. Padura indaga y describe a Trotsky en sus exilios, sus relaciones, sus posiciones políticas; su llegada a México y su vida en nuestra ciudad. También cuenta la historia de Ramón Mercader, su asesino. Establece su procedencia, relaciones políticas, familiares y el cómo se convierte en el instrumento de aquel crimen. Narra además la vida de Mercader luego de pasar 20 años en la cárcel de Lecumberri y lo que fue de él al final de su vida. También nos reseña los conflictos de poder en el partido Bolchevique luego de la muerte de Lenin. Relata asimismo aspectos de la guerra civil en España, de los grupos políticos contrarios a Franco y sus diferencias internas; el contexto internacional antes de la Segunda Guerra Mundial, el fascismo y el estalinismo. Si Padura escribiera sólo de estos temas, el suyo sería un gran libro, pero dentro de la novela existe otra historia, tan interesante como la primera. Se trata de la descripción de la vida del autor en Cuba, su formación, vocación y las inesperadas razones que lo llevaron a novelar una parte de la vida de Trotsky y Mercader. Padura era un niño de 3 años cuando Fidel entró triunfante a La Habana, Es típicamente hijo de la revolución, de la nueva época. Antes de cumplir 9 años los cubanos habían derrotado a los invasores en Bahía de Cochinos y la crisis de los misiles había ya pasado. El bloqueo económico impuesto por los gobiernos norteamericanos estaba en su apogeo. México era el único país del continente que mantenía relaciones con la isla. Aquella generación, en la década de los setenta y ochenta, se forjó en el esfuerzo, en el estudio y la vocación internacionalista. Padura fue de esos jóvenes que en el corte de caña, en la zafra y la producción de azúcar cimentaron sus esperanzas para construir una sociedad próspera e igualitaria. Miles se formaron en las viejas y nuevas instituciones educativas. Muy pronto su nivel académico era reconocido a nivel internacional. Se sentían capaces de ayudar a resolver los graves problemas de injusticia en el mundo. Cuántos jóvenes maestros viajaron a distintos países a colaborar, desinteresadamente, en labores de alfabetización. Recordemos que en aquellos años había más médicos cubanos ayudando en otros países, que todos los que tenía desplegados la Organización Panamericana de la Salud. En un hecho histórico poco conocido, en los intercambios académicos, cuando llegaban a México profesores cubanos, éstos ahorraban para regresar con algunos dólares a Cuba, que servían para adquirir provisiones que mantenían funcionando los equipos de sus universidades. Era la esperanza en grado máximo. En esos años, en el muelle de La Habana, hubo un hecho que describe esa decisión. Se estaban embarcando voluntarios para ir a apoyar la lucha por la independencia en algún país africano. De pronto, ya en el barco, se produjo un conflicto: gritos, golpes y protestas. Bajaron a un voluntario; venía vociferante, y exigiendo su derecho de ir a la lucha. Un militar informó que se trataba de una mujer, quien enfundada en ropa masculina intentaba enlistarse en la milicia internacionalista, tarea, en ese momento exclusivamente dedicada a los hombres. Los eventos mundiales suelen experimentarse de formas distintas en cada país. En México, por ejemplo, vivíamos en efervescencia luego de que en 1988 la izquierda intervenía unida, por primera vez, en una elección presidencial. Mientras construíamos el PRD, se produjo la caída del Muro de Berlín; a eso siguió el colapso del socialismo real en los países europeos. El impacto para la Cuba socialista fue terrible. Las condiciones económicas y sociales empeoraron rápidamente en la isla, pues se quedaron sin sus socios comerciales, en medio del aislamiento económico que aún continua imponiéndoles Estados Unidos. Leonardo Padura critica y describe la forma de vida en el socialismo real cubano. Muestra la pobreza, el hambre y la precariedad, pero no traiciona ni se traiciona. Es áspero y rígido con su reproche a la falta de libertades, la censura al trabajo literario, la absurda intransigencia del sistema con respecto a la diversidad sexual. La crítica de Padura (el autor más leído en Cuba hoy en día) seguramente es una bocanada de oxígeno para los isleños. Desmitificar la historia reciente es necesario para lograr el cambio interno que ayude a consolidar libertades. Ese es el camino. El inmoral bloqueo económico que sigue manteniendo Estados Unidos sólo será vencido si los cubanos derrumban sus propios bloqueos internos. La novela de Padura abre, sin concesiones, este camino de cambio. Fuente: Noticias.terra.com.mx

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