El eterno problema del transporte urbano en Cuba

La Habana, de alrededor de dos millones de habitantes, ha probado desde hace más de un siglo medios diversos para resolver los movimientos de sus pobladores, desde tranvías eléctricos, coches arrastrados por caballos y verdaderos tejidos de rutas de autobuses que variaron una y otra vez con el crecimiento poblacional.


Este artículo es de hace 9 años
Las nuevas crisis en el transporte urbano indican que está intacta la relación de amor-odio que siempre sintió la mayoría de los habaneros por "la guagua", tal como llaman a los ómnibus urbanos que los llevan y los traen cada día a sus trabajos y a algún paseo los domingos. La Habana, de alrededor de dos millones de habitantes, ha probado desde hace más de un siglo medios diversos para resolver los movimientos de sus pobladores, desde tranvías eléctricos, coches arrastrados por caballos y verdaderos tejidos de rutas de autobuses que variaron una y otra vez con el crecimiento poblacional.      Lo único que no probó hasta el momento la ciudad fue un metro del cual se dice costaría mucho construir, sin brindarse más detalles sobre el asunto.      Las "guaguas" eran ya queridas y odiadas, según los abuelos, antes del triunfo de la revolución el 1 de enero de 1959 que implantó un sistema socialista que provocó a su vez la aplicación de un embargo en los años 60 por Estados Unidos, el único suministrador de autobuses y piezas de repuesto entonces.      Muchas marcas de ómnibus mostraron sus credenciales, sin suerte, en La Habana tras la decadencia los General Motors fabricados en Detroit. Entre los que se recuerdan están los Pegasos, españoles, ómnibus ingleses Leyland y otros rusos, checos y húngaros. Los chinos son las estrellas del momento y aún ruedan.      De hecho, este fin de semana el Ministro de Transporte César Arocha anunció la compra a China de cien ómnibus con el fin de aliviar "mayores afectaciones en la transportación urbana de pasajeros" en La Habana, y Camagüey, Las Tunas, Holguín y Santiago de Cuba, en el este del país.      Además del embargo, se ha culpado de las crisis cíclicas del transporte público en La Habana al deterioro por los años, falta de piezas de repuesto, motores incapaces de soportar la presión de cientos de miles de viajeros en medio de los tórridos veranos, Y la falta de combustible a causa del ahorro obligatorio en las compras de petróleo.      Otros motivos de la inconformidad de los pasajeros son más "subjetivos" como la falta de una organización estatal adecuada de rutas, los maltratos a los vehículos, la desidia de ciertos conductores y sus indisciplinas.      También se quejan de que los ómnibus importados desde países fríos están preparados precisamente para las bajas temperaturas con ventanillas pequeñas y pueden convertirse en un verdadero horno bajo el sol tropical en Cuba. Fuente: Ansa Latina

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