Despiden en Miami a Monseñor Agustín Román con masivo tributo en la Ermita de la Caridad

Este artículo es de hace 8 años
Miami despidió con profundo fervor e infinita gratitud al monseñor Agustín Román, el padre espiritual de los exiliados cubanos y de otras nacionalidades, durante una masiva y emocionante liturgia en la Catedral St. Mary donde se reconoció la obra y el legado de uno de los sacerdotes más influyentes de nuestra historia reciente. La misa fue oficiada a la 1 p.m. por el arzobispo de Miami, Thomas Wenski, ante cientos de fieles, amigos y seguidores de Román. En su homilía, ovacionada en varias ocasiones por los asistentes, Wenski se refirió a Román como el hombre que entregó una vida de servicio dedicado y desinteresado a la Iglesia y la nación cubana. “Esta comunidad entera —los católicos y no católicos, los cubanos y no cubanos— todos nos sentimos hoy un poco huérfanos”, afirmó Wenski. “La pena de haber perdido a un ser querido es una cruz muy difícil de llevar pero ustedes —nosotros— no la llevamos solos”. En sus emocionadas palabras, Wenski destacó la entrega espiritual de Román, su lucha por los más necesitados y sus cualidades de evangelizador que llevó a cabo sin temerle a las dificultades. También recordó la alegría con que Román vivió sus últimos días, “una alegría que brota de la fe”, explicó. “Para los muchos sacerdotes aquí, el obispo fue también un hermano y un padre”, aseveró Wenski. Uno de los momentos más sentidos de la homilía ocurrió cuando Wenski elogió la entrega de Román y lo comparó con el ejemplo que dejó para la posteridad Félix Varela, el sacerdote cubano del siglo XIX que contribuyó a fundar una identidad nacional. Recientemente, y en su ascenso a la santidad, Varela fue declarado “venerable” por el papa Benedicto XVI. “Cuando me enteré de la muerte de monseñor en la noche del miércoles, dije: ‘La Arquidiócesis de Miami ha perdido a un gran evangelizador, que predicó la buena nueva a todos sin tregua’”, señaló Wenski. “Y la nación cubana ha perdido a un gran patriota. Monseñor Román era el Félix Varela de nuestros tiempos”. Los asistentes a la Catedral ovacionaron con aplausos la referencia de Wenski. Otros lloraron de emoción. La escena se repitió nuevamente cuando el arzobispo habló de santidad. “En el idioma haitiano, la palabra santo se traduce simplemente Zanmi Bondye, un amigo de Dios. Agustín Román era un hombre santo y un sacerdote totalmente entregado, era un amigo de Dios”, aseveró Wenski. “Trabajó sin descanso para que nosotros fuéramos Zanmi Bondye”. Román, de 83 años, murió el miércoles por la noche de un paro cardíaco en la casa parroquial de la Ermita de la Caridad, el centro de oración y peregrinación que él mismo ayudó a levantar. Nació el 5 de mayo de 1928 en una finca cercana al poblado de San Antonio de los Baños, al sur de La Habana. Sus padres, Rosendo Román y Juana María Rodríguez, eran humildes campesinos que descendían de inmigrantes de las Islas Canarias. Tuvo dos hermanos menores, Nivaldo e Iraida, que lo sobreviven. En las últimas horas, cientos de exiliados cubanos y de otras nacionalidades, líderes religiosos y figuras públicas del sur de la Florida se unieron en emotivas jornadas de luto y vigilias de oración en memoria de Román. El jueves su féretro fue colocado en una capilla adjunta a la parroquia de la Ermita. Ayer sábado un cortejo fúnebre trasladó su ataúd hacia la Catedral al mediodía. Wenski también afirmó que la vida de Román fue un testimonio coherente de que la obra y presencia de Dios sí importa. “Y porque Dios importa también importan las criaturas hechas a su imagen y semejanza no obstante su vulnerabilidad o su debilidad”, precisó Wenski. “El obispo Román siempre insistió en que para ser devoto de María había que imitarla en su confianza y su obediencia”. Una imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba, encabezó el cortejo fúnebre de Román. Antes de llegar a la Catedral, procesión se detuvo brevemente en el Monumento a los Mártires de Bahía de Cochinos, en la Calle Ocho y la avenida 13 del suroeste. En la catedral, los restos de Román fueron recibidos con honores por los Caballeros de Colón y las más altas autoridades eclesiásticas locales. En representación de la Iglesia Católica cubana participaron El arzobispo de Santiago de Cuba, Dionisio García, monseñor Mario Mestril, obispo diocesano de Ciego de Ávila, y el obispo de Holguín, monseñor Emilio Aranguren. Dentro y fuera de la Catedral, los fieles realizaron vigilas de oración. Entre ellos estaba Martha Becerra, de 83 años, quien se refirió a Román como una figura inigualable. “Fue un sacerdote que amó a todo el mundo, un verdadero santo”, declaró Becerra visiblemente emocionada. “También fue el alma de la Ermita. Gracias a su sacerdocio muchos se convirtieron al catolicismo”. La misa precedió al entierro, fijado a las 3 p.m. en el cementerio católico Our Lady of Mercy, en Miami. Fuente: El Nuevo Herald

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