Fallece en La Habana Luis Abreu, rumbero cubano y fundador de Los Papines

Este artículo es de hace 8 años
El fallecimiento de un rumbero se llora a golpe de tambor. La del percusionista y cantante cubano Luis Abreu, fundador de Los Papines, ocurrió el pasado 17 de abril en La Habana cuando  a los 73 años tuvo complicaciones cardiovasculares, se lloró amargamente, ya que con él desaparece el tercero de los cuatro hermanos que integraron el grupo rumbero más famoso de Cuba. Los Papines eran y son, dentro y fuera de la isla, una institución, y Luis eera uno de sus nombres históricos. Nacido en una familia numerosa en el barrio obrero de Pogolotti, Marianao, cuna de ritmos callejeros y de percusionistas de solar, comenzó tocando con un palo y una lata; hasta 11 miembros de su familia se dedicaron a la rumba. Pero fueron él y sus hermanos Alfredo, Jesús y, sobre todo, Ricardo, conocido como Papín y quien dio nombre al conjunto, los que triunfaron. En 2009, la muerte de Ricardo, el líder de la agrupación, supuso un duro golpe para Los Papines, que años antes ya habían perdido a Alfredo. Las pérdidas fueron mitigadas con la entrada de jóvenes valores familiares. Cuando se habla de rumba y de tambores en Cuba hay dos nombres imprescindibles: Chano Pozo y Tata Güines. El primero renovó el jazz al dar vida al cubop y al jazz afrocubano, el segundo modernizó el modo de tocar la tumbadora. Los Papines eran herederos de ambas tradiciones, y combinaron como nadie la maestría de su toque con el espectáculo. Luis Abreu comenzó su trayectoria como percusionista suplente. Su hermano Ricardo, virtuoso y carismático, había tocado con el conjunto de Félix Chapotín y llegó alrededor del año 1955 al cabaret Tropicana, cuando creó Guaguancó Papín, agrupación que en los sesenta se convirtió en Los Papines. Estos debutaron en el hotel Nacional en 1961 y desde entonces los papeles quedaron repartidos: si Ricardo era el líder indiscutido, Luis y Jesús conducían la participación del público en unos espectáculos que eran verdaderas fiestas. El repertorio era amplio: guaguancó, columbia, yambú y otras manifestaciones de la rumba, además de otros ritmos cubanos como el son y el bolero, siempre con toque afrocubano. Luis y sus hermanos no fueron solo rumba e improvisación, también eran voz, y su forma de combinar tumbas y cantos llegó a los escenarios más importantes del mundo, donde compartieron tablas con figuras como Ray Barreto, Mongo Santamaría o Tito Puente. Su discografía incluye títulos como Nunca es tarde si la rumba es buena, Los Papines siguen OK, Rumba sin alarde o Concierto en el Lincoln Center, con la Orquesta Aragón y Elena Burke. En 2001, el CD La rumba soy yo, un todos estrellas de la rumba cubana que contó con la presencia del grupo, obtuvo el Grammy Latino en la categoría de música folclórica. Luis Abreu estuvo años vinculado a la enseñanza y fue profesor de percusión en la Escuela Nacional de Arte. Dos de sus hijos entraron a formar parte del grupo tras el fallecimiento de sus hermanos. Ahora, el único histórico de Los Papines es Jesús. Source: cultura.elPais.com

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