Premio Emilia Bernal a Gustavo Pérez Firmat

Este artículo es de hace 8 años
El Premio Literario Emilia Bernal 2012, concedido al profesor Gustavo Pérez Firmat en el marco de la Asociación Nacional de Educadores Cubano Americanos (NACAE), nos dio la oportunidad de escuchar una vez más la sabrosa plática de este autor, que es un maestro en los juegos de palabras. Abrió la tarde en la Casa Bacardí del Instituto de Estudios Cubanos y Cubano Americanos de la Universidad de Miami, María Acosta presidenta de NACAE, para dar la bienvenida y presentar a Emilio Bernal Labrada, director de la Fundación Emilia Bernal. Bernal Labrada, como todos los años, dio una breve reseña biográfica de Emilia Bernal, poetisa y cuentista que vivió entre 1884 y 1964, leyendo algunos de sus versos e informando de nuevos hallazgos sobre su obra. Uno de los aspectos que reseñó fue el de Emilia como traductora de otras lenguas ibéricas al castellano, como los de la gallega Rosalía de Castro, los cuales donó a la casa museo de Rosalía en Galicia. Eduardo Zayas-Bazán, tesorero de NACAE, presentó a Pérez Firmat, informando que nació en Cuba y vino para Miami muy joven, graduándose del Miami-Dade College y la Universidad de Miami. Recibió su doctorado en Literatura Comparada en la Universidad de Michigan, y enseñó en Duke University (1978-1999). En la actualidad es el David Feinson Professor of Humanities en Columbia University. Sus libros han tenido gran éxito, como Next Year in Cuba (Doubleday 1995, 2000) y su versión en español El año que viene estamos en Cuba (Arte Público, 1997); Life in the Hyphen (Texas, 1994), que recibió el Premio Eugene M. Kayden University Press National Book Award (1994), y la versión en español Vidas en vilo (Colibrí, 2000); Cincuenta lecciones de exilio y desexilio (Universal, 2000), y otros más. Pérez Firmat respondió que para él no hay mayor satisfacción que el reconocimiento de los suyos, y con esto se refería al Premio Emilia Bernal. “La razón es que los cubanos saben lo que me duele y lo que me alegra”, comentó. Su familia era de negociantes en Cuba. “Nací con alma de almacenista, pero terminé siendo profesor, lo que es más que un destino, un desatino”. Su tema, Destierro y destiempo fue mayormente sobre el envejecimiento, que es también un tipo de exilio. En un sentido histórico, el tiempo de los exiliados es un destiempo, explicó. Ya no se puede volver a la patria de los padres porque los padres están enterrados aquí. “El envejecer del exilio es también envejecer en el exilio, y cuando dura por décadas es una condición crónica”, siguió rimando, en una serie de meditaciones sobre el exiliado. Cuando llegó, Pérez Firmat tenía 11 años, ahora tiene 63, eso es tres cuartas partes de su vida en el exilio, por lo que se considera sobreviviente de un país que ya no existe. Antes era “un cubano exiliado”, ahora es “un exiliado cubano”. Cada exiliado llega al punto sin retorno, como sucede con los aviones. Hay que preguntarse cuál es el de uno, planteó. “Cuando murió mi padre, 10 años atrás, ya no había regreso para mi padre”, explicó. “No tenemos la culpa de haber nacido en Cuba, como dice Albita, pero sí de lo que pasó allí”. Concluyó diciendo que los que han venido ahora son emigrantes, no se sienten exiliados. “El exilio no se trasmite, somos la última generación de exiliados, somos seres prehistóricos”. Fuente: El Nuevo Herald

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