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Este artículo es de hace 13 años
Cuando Lizeth Pérez llega a su casa después de haber trabajado todo el día no la esperan sus hijos, ella no ha tenido esa suerte. Sin embargo, siente que es una persona dichosa porque puede pedirle la bendición a su madre y darle los gustos que ella le pide. Esta habanera es una mujer dichosa, pues con su trabajo ha encontrado la tranquilidad espiritual, que – asegura – es lo principal en la vida.
A ella le encanta caminar por La Habana Vieja, hacer amigos, contar anécdotas y cantar, y con su trabajo logra todo eso. Nunca pensó que aquel día, cuando cantó por primera vez “El manisero”, en Obispo, llegaría a convertirse en uno de los personajes más populares de La Habana Vieja. Con su peculiar voz ha salvado del olvido una de las tradiciones más antiguas de esta urbe: el pregón.
Siempre le apasionó cantar. Desde que trabajaba como educadora de Círculo Infantil ese era el instante que más disfrutaba. La idea de que anunciara su maní de esta forma tan original fue de una amiga. “Fue en marzo del año pasado, había hecho una cantidad de maní horrible y dije: ¡ay, Dios mío santo, qué me voy a hacer! Y mi amiga me sugirió que hiciera lo que a mí siempre me ha gustado: cantar”.
“Entonces – explica – me paré detrás de una columna, mirando para los lados, con tremendo miedo, no fuera a ser que la piedra cayera de algún lugar (ríe) y empecé a cantar bajito «El manisero». Sentí una gran sensación porque todo el mundo en ese momento empezó a comprarme maní”.
Sin embargo, esta alegre mujer no solo revivió ese capítulo importante del folklore cubano, sino que montó un personaje que nos recuerda a los pregoneros de siglos anteriores. Cuenta que la idea fue del Historiador de La Ciudad, Eusebio Leal Spengler. “Un vez andaba por la Plaza de San Francisco de Asís y un asesor de él me pidió que cantara por un celular y por el otro lado quien me estaba escuchando era el mismísimo Historiador. A los cinco o seis días me lo encontré, me saludó y me dijo que estaba muy linda, pero iba vestida muy popular y él quería que yo brillara. Me propuso que me vistiera de blanco, me tapara el pelo y usara una cesta. Yo no sabía cómo hacerlo, pero dije: ¡bueno, con lo poquito que tengo guardado voy a empezar! Me hice un traje blanco por la rodilla, porque estaba segura que ese era el que iba a darme para realizar los otros trajes”.
Y así fue. Hoy Lizeth cuenta con 17 trajes, todos vinculados a la religión afrocubana. Siempre usa uno diferente, todo depende de “como me levante el loco”, bromea. “Cada uno me ha costado sudor, lágrima y sufrimiento porque yo soy gordita y estos trajes se llevan mucha tela – explica –, pero de esta forma he podido hacer el personaje de la manisera-pregonera. Dicen que soy la primera, no lo sé”.
Pero ella sigue soñando, porque el ser humano siempre quiere un poquito más. Su ambición es cantar ante un auditorio. “Sé que tengo talento y muchas personas que saben cantar me han dicho que entono bien. Yo adoro mi trabajo, porque me río, tengo hoy millones de amistades, hago miles de anécdotas; pero – confiesa – mi mayor aspiración es poder algún día cantar en un teatro”.
Fuente: Habana Radio
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