
Vídeos relacionados:
Este artículo es de hace 13 años
La canción, como hecho hondo, atemporal y profundamente artístico, tuvo
anoche, en el primero de los tres conciertos de Silvio Rodríguez en la
Argentina, un acontecimiento extraordinario en un Luna Park colmado y
subyugado ante la obra del trovador cubano.
Poco más de dos horas
alcanzaron para dimensionar una vez más el poderoso, vital y vigente
legado artístico de uno de los más grandes autores de la historia de la
canción iberoamericana.
Por ello y sobre un escenario despojado y
de fondo negro, un Silvio de sombrero de ala blanco y luciendo un
bigote surcado por canas, se ubicó en el centro de una formación de
quinteto que es la que lo viene acompañando en los últimos años pero que
no deja de sorprender por su ensamble y belleza.
Las
descomunales cuerdas de los integrantes del grupo Trovarroco (Rachid
López Gómez en guitarra, Maykel Elizarde Ruano en tres y César Bacaro
Laine en bajo), la implacable batería de Oliver Valdés Rey y los vientos
desatados desde la flauta traversa por Niurka González Núñez, mostraron
unos ropajes sutiles, creativos y originales a la vez.
A las
21.35 y después de un lucido set del cubano dúo Karma (Xochitl Galán y
Fito Hernández), la primera de las dos noches de Silvio en el Luna Park
(donde volverá a presentarse este sábado) comenzó con el clásico
“Mujeres”, para luego sumergirse en las canciones de su más reciente
álbum, “Segunda cita”, de 2010.
“Para estos conciertos me he
propuesto, sobre todo en la primera parte, tocar más temas de `Segunda
cita`, un disco que he trabajado poco”, le había adelantado Rodríguez a
Télam y para cumplir con lo dicho abordó “Toma”, la guevarista “Tonada
del albedrío” (que arrancó aplausos con la frase “ningún intelectual
debe ser asalariado del pensamiento oficial”) y la preciosa “Carta a
Violeta Parra”.
“Estamos contentos de estar aquí de nuevo tan
rápido para unos conciertos un poco más íntimos”, señaló recordando que
un año atrás giró por estadios de Rosario, Córdoba y Buenos Aires.
La
visita a su placa más nueva, incluyó también visitas a “Segunda cita” y
“San Petesburgo”, enseguida y quedándose solo en escena, entonó “Rabo
de nube” y “La gota de rocío” y, otra vez con el grupo, “Me acosa el
carapálida”.
A mitad de la función dejó solo al terceto
Trovarroco que regalo una impresionante versión instrumental de “Chan
Chan” (clásico de Compay Segundo) y regresó con todo para una ovacionada
visita a “El necio” (“yo no sé lo que es el destino, caminando fui lo
que fui, allá dios, qué será divino. Yo me muero como viví, yo me muero
como viví”).
Retrocediendo en el tiempo ofrendó “El papalote” y
“Judith” y regresó al Che para otro conmocionante momento con la
“Canción del elegido”.
Con "Sinhué” y los celebrados “El
escaramujo”, “La era está pariendo un corazón” y “Angel para un final”,
el concierto llegó a su final formal.
El ritual de los bises y
las luces del estadio que se prenden para observar, por ejemplo, a un
muchacho blandiendo una bandera cubana en la platea media, lo llevó a
regresar un par de veces más a continuar cultivando su fecundo vínculo
con los argentinos.
Solo con la guitarra regaló “Historia de la
silla” y, con todos sus acompañantes y tras una larguísima introducción
instrumental, una versión demasiado ligera de “Oleo de una mujer con
sombrero”.
“Ojalá” le puso el broche a una fiesta de la canción
que el cantautor repetirá esta noche en el Luna Park y el lunes 26 en el
estadio cubierto de Unión de Santa Fe.
Fuente: www.niurkagonzalez.com
Archivado en: