Joel Angelino: “Nunca he dejado de ser cubano”

Este artículo es de hace 5 años
Aunque nacimos en la misma ciudad, por esas cosas que el destino escribe a nuestras espaldas, nos conocimos en un terreno neutral. Por neutral entiéndase la congestionada calle 23, en el Vedado habanero. Fuimos presentados por una amiga en común. Sin muchas dilaciones, en un arresto indigno de mí (un poco más recatada en las cuestiones que requieren valor) afirmé, sin pedir permiso, que le haría una entrevista. Por supuesto, ese no era el día y mucho menos el lugar. La primera vez que vi a Joel Angelino fue en la gran pantalla. Tremendo acontecimiento para compartir y hasta hincharme de orgullo delante de mis condiscípulos. El Germán de Fresa y Chocolate sagüero, como  Wifredo Lam, como Aseneth Rodríguez, como Víctor Mesa. Durante la conversación lo supe. Es inevitable, la evocación del pasado se conecta con un nudo en la garganta. Siempre sucede, cuando las razones particularizadas salen a la luz en la forma de recuerdos tangibles, durante años guardados. “El grupo Proposiciones, en Sagua La Grande, marcó un descubrimiento en mi vida. Tenía 17 años. Antes había hecho teatro aficionado en la casa de la cultura de Centro Habana con el profesor Humberto Rodríguez. Sin embargo,  llegar a Sagua fue como conectar con la realidad. Nos íbamos a los lugares, hacíamos espectáculos, no había de nada, todo lo solucionábamos nosotros mismos. En esa época entendí que esto era lo que quería hacer”. Alejado de los escenarios cubanos desde hace 21 años, Joel me confiesa, sin segundas lecturas, que ha sentido nostalgia. En el año 1993 se fue a España con muchos sueños en la maleta y también con las ganas incontenibles de aprender. “No dejo de reconocer que fue una época dura, todo era opción cero. Sinceramente, tuve mucha suerte. Comienzo a hacer el monólogo de Fresa y chocolate, esto fue antes de la película, y el director del Festival Don Quijote me propone ir a París con el espectáculo. Tenía 19 años y quería conocer. Estuve en el Teatro del Sol en Francia, siempre intentando apropiarme de nuevos conceptos. Asistí a clases con el Teatro de la Ópera. Trabajé para el Teatro Sain Gervais y el Gran Teatro de Ginebra con producciones como la Opera Cenci, de Ginasterra”. Actor como es, graduado de la Escuela Nacional de Artes Escénicas de La Habana, maneja sus emociones y no me enseña a lidiar con las mías. Empiezo a sentir, a través de las palabras, su nudo en mi propia garganta. “Siento mucha nostalgia. He invertido muchísimo en el proyecto que voy a presentar aquí y es precisamente, porque significa mi reencuentro con el público cubano. No quería que ese reencuentro fuera con un proyecto banal sino con algo de lo que estuviera orgulloso. He estado parado en muchos escenarios, pero nunca he dejado de ser cubano. El dinero no vale lo que uno quiere hacer como artista, por eso he tenido que ser mi propio productor y porque esta viene a ser la conciliación con mi público. Nunca he dejado de pensar en ellos, en aquellas épocas cuando Joel Angelino llenaba el Teatro Nacional con el monólogo de Fresa… Yo no viví esa época que rememora, pero acabo de salir de un ensayo en la Sala Llauradó. La intensidad con que asume sus personajes no da oportunidades para distracciones. Me quedo arrebolada, todo el tiempo que dura la obra sin poder hacer otra cosa como no sea mirar el escenario. “Ahora que tengo mis 40 años, pienso que de muchas formas tengo que volver a ser como antes. El día que se terminó el último contrato en París le dije al público: Por favor, ¿ustedes me pueden llevar para sus casas? Yo quiero quedarme aquí. Quiero seguir aprendiendo de ustedes”. En su sonrisa, la nostalgia se disfraza ahora. Aprovecha y enciende un cigarro, como buscando en su memoria aquel momento en la ciudad luz. “Uno tiene que volver a tener el descaro, y la verdad de decirle a la gente que quieres aprender de ellos. Mi vida ha sido bastante dura, la gente piensa que cuando uno está afuera todo está genial. Es fuerte dejar atrás lugares, amigos…” Entre esos amigos se encuentra Mirtha Ibarra. Una mujer por la que no ha pasado el tiempo y con la que estrena este mes Neurótica anónima. “No es la primera vez que trabajamos juntos en el teatro. Presentamos en España Obsesión habanera, una pieza que es también de ella. Nosotros nos conocimos cuando yo era novio de Audrey, la hija de Gutiérrez Alea. Nuestra amistad ya cumplió 25 años”. Demasiado tiempo. Pero empiezo a comprender que es perfectamente probable que una amistad dure tanto cuando hay retroalimentación. “Su personalidad me atrapó, esa locura, ella es una mujer fuerte, humilde. Creo que Mirtha ha crecido mucho como artista, estar al lado de Gutiérrez Alea fue para ella un aprendizaje constante. Ahora cuando enfrentamos este espectáculo me doy cuenta que Titón está presente en la obra. A mí me encanta trabajar con gente con la que yo me supere. También le he aportado mucho a ella. Soy el que ha hecho la puesta en escena, el diseño de luz, la banda sonora junto con Juan Carlos Rivero. Ella es mi amiga, discutimos muchísimo, pero es una discusión por aprender. A veces no tenemos el mismo punto de vista, pero al final sobre la práctica lo demostramos. Volvería a trabajar con ella siempre.” Mirtha y Joel formaron parte del elenco actoral de la película  Fresa y Chocolate. Codirigida por Titón y Juan Carlos Tabío. “Fresa y Chocolate fue algo sorprendente. Hicimos la película, sin creer que iba a ser esa película. La nominación a los Óscar, el Goya, el Oso de plata… nos preguntábamos ¿qué hemos hecho? Yo me acuerdo que regresé, estaba en París cuando se estrena. Mi madre nunca había comprendido mi trabajo, siempre pensando que los artistas iban por mal camino, el día del estreno se sintió orgullosa de mí. Yo tenía 20 años y no dejaba de preguntarme qué habíamos hecho. De principio a fin se advierte la magia de Titón, su mano certera”. Aunque se autodefine como un hombre de teatro, España le abrió las puertas del Séptimo Arte. Sin reparar en géneros específicos Angelino ha transitado desde la comedia a historias más fuertes con caracterizaciones de épocas. “En España hice una película que se llama El oro de Moscú, la más vista en el 2004. Luego El misterio Galindez, donde hice a Miravalles joven, eso fue en Canadá. Después I love you baby, y estuve en una que se llama Buñuel y la mesa del rey Salomón, me siento muy orgulloso de esa película. Es de Carlos Saura. Tengo un personaje pequeñito, pero estar en el parador de Toledo, en una historia de Dalí, Buñuel y Lorca fue realmente emocionante”. Como evidente corolario de su versatilidad, en la televisión ha intervenido en muchísimas series televisivas. Con mayor o menor aceptación del público, en cada uno de sus personajes procura poner un extra que le identifique. “Hice una serie que se llamaba El inquilino. Yo había tenido una hija: Isabella Angelino, teníamos muchos problemas para pagar la renta. Me voy a un casting aunque decían que el personaje era para un mulato o negro. Era el último en la fila y me dieron el papel. Agradezco al director Paco Arango por confiar en mí. El mayor premio fue trabajar junto a Pilar Bardem, Jorge Sanz, actores con una trayectoria increíble. Después hice Con dos tacones, Ana y los siete, Un paso adelante, Aída. Por esa época tuve un problema con el productor José Luis Moreno, las cosas no terminaron bien, tuvimos que ir a juicio, pero ese incidente afectó mi carrera en la televisión”. Empieza a caer la noche. Desde donde estamos podemos ver que las personas casi corren, ante la amenaza de lluvia. Joel y yo estamos bien protegidos. Algunos han venido a guarecerse aquí, aunque todavía no ha empezado a llover. Por esas cosas que tiene el destino mi entrevistado me asegura que aún no está satisfecho, que le faltan muchas cosas por hacer. “Ahora voy a hacer una película en Barcelona. Se llama Hazme lo que quieras. Es de cine independiente. He querido buscar personajes en cine que tengan una fuerza, una profundidad, que pueda defender. Voy a hacer un inmigrante metido en una historia muy potente de desalojo. Me faltan personajes en cine donde yo pueda demostrar todo este trabajo a nivel de emociones, de trabajo con el cuerpo, un conglomerado de cosas con las que me pueda sentir orgulloso. En Cuba se hacen muchas cosas interesantes, por eso sobre todo estoy abierto a los proyectos que se puedan hacer aquí, en mi país”. Me alegro de haberle conocido y me voy feliz porque él sea de Sagua también. Orgullo por la aldea, supongo. Joel me agradece por la entrevista y sonrío, dejando explícitamente entendido que soy yo quien debe agradecer. Fuente: On Cuba Magazine

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