Cuánto queda por hacer: No a la homofobia y a la transfobia!

Este artículo es de hace 5 años

Comienza el día y, como ya viene siendo habitual en mis rutinas matutinas, me dispongo a leer la prensa. Junto con los sucesos de todos los días, las noticias triunfalistas y las catastrofistas, el tiempo, los deportes... me encuentro con una que se propone alegrarme la mañana: marcha en Cuba de homosexuales y tránsgenero y celebración de bodas simbólicas entre personas del mismo sexo. Debo confesar que, habiendo nacido, crecido y vivido en la etapa post-revolucionaria en Cuba, nunca soñé poder ver algo así -soñar sí, imaginar que ocurriría, no.

No creo sea el momento de reparar en contradicciones de la historia ni en las vueltas que da la vida, mucho menos en que con esto no se ocultan ni curan tantos años de represión e injusticia con respecto a los homosexuales en Cuba. Creo que todos debemos aplaudir el hecho, sin más, de que homosexuales, lesbianas y trans (transgénero, transexuales) hayan podido salir a las calles reclamando su derecho a existir sin que nadie los mire, señale, juzgue, ofenda, aparte o agreda.

Idealmente, no deberían ser necesarias marchas de movilización, de visibilización o concientización -como no lo son para los heterosexuales- pero en lo que ese estado ideal, 'normal' llega, debemos estimular y secundar todo lo que contribuya a hacer ver que ser homosexual o trans no implica un rasgo más importante que el de ser persona.

Sin embargo, al lado de esta noticia que llama a la esperanza y el optimismo, leo otra de un suceso, acaecido hace tan solo unos días en Pinar del Río, de una muerte por apedreamiento de un transexual de sólo 24 años (añitos, fue la palabra que primero me vino a la mente). Los responsables de tan cruel suceso fueron aparentemente un grupo de adolescentes cuya edad máxima no supera los 15 años.

En ambas notas, leo comentarios de personas congratulándose de la marcha y lamentando el asesinato, pero leo otros muchos de burla, escarnio, irrespeto y ofensa y lo que parecía un buen comienzo de domingo se tiñe de desesperanza y tristeza. Lamentablemente, ambas estampas y las reacciones que provocan describen la Cuba actual y lo mucho que queda aún por hacer, pues junto con actitudes de tolerancia y respecto conviven otras muchas de no aceptación, censura y exclusión.

En días como hoy, donde somos testigos de pasos en firme hacia una sociedad cubana más inclusiva con respecto los homosexuales, las lesbianas y los transgénero, es cuando más debemos apoyar y dar visibilidad a las conductas de inclusión y no a las de exclusión. Debemos conseguir que más personas aprendan a respetar el elemental derecho de cada quien a decidir su orientación sexual y su identidad de género, tanto como respetan sus gustos musicales, sus preferencias gastronómicas o de moda, sus posturas ideológicas o la hora a la que prefieren irse a cama. Sumemos voces de no a la homofobia y la transfobia y hagamos que se escuchen en todos los sitios. Seamos más humanos y demos importancia a lo que realmente importa: ser personas.

Este artículo es de hace 5 años

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Marlén González

(La Habana, 1978) Lic. en Filología hispánica y Máster en Lexicografía. Ha sido profesora en la Universidad de La Habana e investigadora en la Universidad de Santiago de Compostela.

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Marlén González

(La Habana, 1978) Lic. en Filología hispánica y Máster en Lexicografía. Ha sido profesora en la Universidad de La Habana e investigadora en la Universidad de Santiago de Compostela.

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