El mundo virtual de Abel Prieto

Este artículo es de hace 5 años

Las palabras de Abel Prieto en la clausura del foro "Nuevos escenarios de la comunicación política en el ámbito digital" infunden por momentos más preocupación que confianza con respecto a las políticas para la comunicación y el ejercicio del periodismo digital en Cuba.

Intentando transmitir una imagen de dispersión, desorganización y un poco de despiste en su propia intervención como si esos fueran rasgos positivos, y llegando a reconocer que casi no lee, describe a la red como una especie de caos donde se pretende crear personas deslumbradas por la tecnología, a su vez sublimada por encima de cualquier sentido ético.

En una pintura maniquea y simplista del mundo virtual, presenta un panorama dramático y negativo de creación de criaturas sin raíces, sin memoria, sometidas, colonizadas, incapaces de luchar por su emancipación. Presenta un mundo donde la gente se cree que está informada cuando en realidad accede a pequeñas cápsulas de información, donde las personas y sus vidas tienen valor exclusivamente en tanto consumidores y donde su felicidad está asociada a la adquisición de cosas materiales, habla de un mundo "vil que ha tocado fondo en términos éticos".

La red, según el actual asesor de cultura del presidente Raúl Castro, sería un gran océano desprovisto de orden, frente al cual un joven difícilmente pueda "tener claros los paradigmas a que aferrarse" o saber si se le está estafando, en un mundo como el actual en el que se asiste a una locura cultural de mezcla de mito y realidad. Relaciona todo esto con la noción de la sociedad del espectáculo, los realities shows y el alto consumo que tienen en las sociedades, para terminar diciendo que Justin Biber es uno de los más seguidos en Twitter porque estuvo procesado por la justicia.

La supuesta falta de capacidad de elección de los individuos que aparentemente 'escogen', cuando en realidad están respondiendo a agendas que están prefabricadas para ellos, y cómo "las redes reflejan las reglas del juego de la maquinaria hegemónica", puestas en boca precisamente de una persona que representa a un país donde los pensamientos y planteamientos divergentes o discrepantes son atacados, perseguidos, reprimidos y censurados, parece un mal chiste o un despliegue de una ironía ácida y extrema.

Tomando como punto de partida las palabras de uno de los asistentes al foro, apunta que las TICs ponen en evidencia los problemas y contradicciones del mundo presente: concentración del poder en manos de las transnacionales, desigualdad entre pobres y ricos, la privatización del conocimiento y la cultura, la injerencia, la violación de la soberanía de las naciones y en tal sentido se refiere a una maquinaria hegemónica que provoca que "la sociedad de la información sea la más desinformada de todos los tiempos con excepción de una vanguardia", al punto de proponer llamarle "la sociedad de la desinformación" y con el mismo tono apocalíptico que emplea en la primera parte de su intervención, habla de que las redes propagan "mensajes falsos para desacreditar a líderes revolucionarios y movimientos progresistas" y de que ser honesto y no corrupto es un valor exclusivo de la izquierda.

Y cabría preguntarse ¿a cuál izquierda se refiere? ¿a la de los funcionarios con doble moral que pueblan la Isla, la de los Ministros o dirigentes que a cada rato son destronados y se acogen "voluntariamente" al plan piyama por su demostrada "honestidad previa"? ¿a la de los ciudadanos que "voluntariamente" también encabezan manifestaciones de repulsa contra quienes piensan diferente?

Lo que para Abel es caos, desorden y falta de paradigmas es para otros diversidad y opciones. Lo que él llama la verdad no es algo único ni universal y solo las personas informadas, solo las que disponen de múltiples vías de acceso a las informaciones y a las realidades, solo esas pueden formarse verdaderos juicios y estarán en mejores condiciones para discernir, actuar y ser ciudadanos responsables y activos participantes de la construcción de las sociedades que habitan.

Flaco favor le hace a la imagen de Cuba el seguir representando el rol -que quizás pudiera parecer atractivo cuando se es adolescente- del intelectual desligado de la tecnología y los avances. Muy mal parado queda un asesor cultural de un presidente que dice no saber si el término link se sigue empleando en la actualidad. Mucho deja que desear quien no es capaz, sin ayuda, de nombrar al científico inglés Stephen Hawking. Confianza, preparación, cultura e información es lo que requieren los ciudadanos y las políticas para un buen ejercicio del periodismo digital en Cuba.

Hace reparar, no obstante, en una idea interesante y es la avalancha tan grande de información -con lo cual contradice un poco su propia idea de período de desinformación que supuestamente sufrimos los ciudadanos- que hacen que a veces determinados hechos -los que llama verdaderamente importantes- o sucesos, se invisibilicen o queden ocultos entre los otros muchos que día a día compiten por hacerse hueco en las portadas y ganarse la atención de las audiencias consumidoras.

Sus múltiples digresiones al margen del texto preparado abren el camino a numerosas preguntas -retóricas o reales-:

¿Acaso tiene mejores posibilidades un cubano que no dispone del acceso a ese mar de información que es la red y cuya fuente de acceso casi exclusivo a la información son los noticieros y pocos periódicos oficiales?

"¿los núcleos de resistencia cultural de los que habla, contra qué se dirigen o a quiénes resisten? ¿quiénes son los monopolios que controlan las redes? ¿cómo formar parte del mundo si se le da la espalda a esos espacios casi masivos de diálogo y confluencia? ¿por qué términos como luchar o batallar siempre tienen que formar parte de los discursos oficiales en Cuba? ¿por qué no se habla solo de construir, edificar, levantar, aunar, sumar? Ya va siendo hora de sustituir la postura del enfrentamiento por la de la unión, la edificación y la mirada hacia uno mismo.

Pareciera no estar hablando del mismo país cuando dice que en Cuba se pretende un uso de Internet exclusivo, donde prime el contenido y no la forma, donde se dé la participación real de los ciudadanos cubanos y al ejercicio sistemático y comprometido de la crítica revolucionaria, donde se dé la convocatoria transparente nunca manipuladora al debate, que sea espacio para la paz y no teatro de operaciones (...). Esas serían según el ex Ministro de Cultura las características en las que Cuba se ha venido apropiando de las Tics y sus aspiraciones para convertirla "en un instrumento democrático y genuino y no engañoso", empleado para beneficio de David y su pueblo, nunca para servir a Golliat.

Este artículo es de hace 5 años

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Marlén González

(La Habana, 1978) Lic. en Filología hispánica y Máster en Lexicografía. Ha sido profesora en la Universidad de La Habana e investigadora en la Universidad de Santiago de Compostela.

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Marlén González

(La Habana, 1978) Lic. en Filología hispánica y Máster en Lexicografía. Ha sido profesora en la Universidad de La Habana e investigadora en la Universidad de Santiago de Compostela.

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