Esto también es Cuba, aunque no esté de moda

Este artículo es de hace 5 años

En un mundo donde se vuelven virales retos como tocarse el ombligo o ponerse monedas en la clavícula, donde las idas y venidas de los famosos acaparan fotos y portadas, donde los políticos están -no todo lo que deberían, huelga decir- bajo la lupa de medios y ciudadanos, misteriosamente parece no importar demasiado que el hijo menor del expresidente cubano Fidel Castro, ande por el mundo protegido por guardaespaldas y disfrutando de unas vacaciones de lujo, que ni el más exitoso de los cuentapropistas cubano puede permitirse; no digamos ya los cientos de médicos, científicos, bodegueros, choferes, amas de casa, maestros y gran parte de cubanos para quienes estar de vacaciones significa casi exclusivamente dejar de trabajar.

La vida de opulencia de Antonio, médico de profesión, sin embargo, no salta a la luz ahora por primera vez. El hijo de Fidel Castro con Dalia Soto del Valle es un habitual de escenarios de lujo vetados para la media de los cubanos y no nos referimos solo a este complejo turístico de Turquía. En la propia Cuba ha podido vérsele en eventos como los festivales del Habano y hasta coronarse campeón en 2013 de la quinta edición del torneo de golf Copa Montecristo celebrada en Matanzas, con una cuota de inscripción de 150CUC y 800CUC por tres noches en el hotel del evento.

Por lo visto en el 2013 Antonio podía ser noticia, cuando algunos medios se hacían eco de su participación en el torneo y hasta lo presentaban como la mano que movía los hilos tras el floreciente auge del turismo de lujo en Cuba. Hoy parece no ser conveniente remover el lodo y salpicar los fértiles terrenos que Cuba abre al mundo.

Llama la atención y mucho, que desde hace unos meses Cuba sea noticia -cada mandatario que llega y se marcha, cada firma o declaración de convenio, cada centavo que se enfila a la isla, cada empresa que se suma a la fiesta de las inversiones y proyectos, cada famoso que llega y se pasea- pero que misteriosamente un hecho como este, que habla de una sociedad de beneficios, que evidencia el doble rasero y doble moral en Cuba y la hipocresía de los discursos oficiales de sus líderes, no aparezca en muchos de los mismos diarios generalistas que llevan meses promoviendo y pintando una Cuba de cambios, nuevos aires y aperturas.

¿De pronto el flujo de información se ha vuelto denso? ¿Casualmente importan las vestimentas de las hijas del anterior presidente español por ser demasiado góticas y poco formales, pero no importa la vida de excesos del hijo menor de Fidel Castro? ¿Es Fidel menos importante o lo es su hijo? Si este sospechoso cambio de actitud fuera un reflejo de una nueva ética periodística, o de unas nuevas normas de adjudicación de relevancia noticiosa quizás podríamos hasta alegrarnos, pero sabemos que hoy y mañana seguirán coexistiendo en portadas noticias de gran alcance junto con coberturas a los destinos playeros de los astros del fútbol o los atuendos pre-mamá de las famosas.

Llama la atención, más aún, que las fotos de Tony en el complejo turístico turco o el video en que sus guardaespaldas increpan y agreden a fotorreporteros, tampoco hayan recibido la repercusión e intensa reacción que merecen por parte de los cubanos que residen en el exterior; los del interior muchos nunca sabrán a dónde se marcha cuando está de vacaciones ni en qué condiciones. Es triste constatar que los cubanos hemos aprendido a vivir con la aceptación de que los ciudadanos de a pie tienen las vidas de limitaciones y carencias, mientras los hijos de papá -y qué papás- llegan a donde quieren y hacen lo que se les antoje. Es triste que hayamos perdido la capacidad para asombrarnos y la casi innata rebeldía ante las desigualdades e injusticias.

Seguiremos leyendo noticias sobre una Cuba de convenios, de importaciones, de negocios, ayudas y líneas de créditos, de movilidad de deportistas, de encomiables logros en investigación, planes para informatizarla y hasta de lo que diga o haga Elián González, mas no de los caprichos y gustos del hijo menor de Fidel Castro. Mientras en la Isla seguirán marchando paralelas, divorciadas, escindidas e irreconciliables la Cuba de los cubanos, la de los padres que se dejan la piel para darles algo de ocio y diversión a sus hijos, que hacen malabares para alimentarlos y vestirlos, y la Cuba de los dirigentes y simpatizantes que exigen austeridad, comprensión y respaldo y disfrutan lujo, opulencia y confort.

Este artículo es de hace 5 años

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Marlén González

(La Habana, 1978) Lic. en Filología hispánica y Máster en Lexicografía. Ha sido profesora en la Universidad de La Habana e investigadora en la Universidad de Santiago de Compostela.

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Marlén González

(La Habana, 1978) Lic. en Filología hispánica y Máster en Lexicografía. Ha sido profesora en la Universidad de La Habana e investigadora en la Universidad de Santiago de Compostela.

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