Restablecimiento de relaciones Cuba- Estados Unidos ¿nueva era para los cubanos?

Este artículo es de hace 5 años

Muchos nunca soñamos que un anuncio como el que ha tenido lugar hoy 1 de julio pudiera ocurrir. Para muchos cubanos, nacidos después de 1961, el odio y enfrentamiento entre Cuba y Estados Unidos formaban parte de nuestra manera de definirnos como nación y de legitimar nuestras posturas y diferenciarnos del mundo. Estados Unidos era nuestro enemigo irreconciliable y el responsable oficial de todos nuestros males.

El vecino del norte era además, como toda figura demoníaca suele ser, negativo pero tentador, culpable pero atractivo, y en pos de un mejor futuro en sus tierras muchos cubanos han dejado las propias y hasta la vida, en intentos por probar fortuna en el monstruo del norte.

De niños coreamos los lemas 'por aquí no pasarán', 'Cuba sí, yanquis no', enarbolamos cifras, pancartas y hasta ironizamos y burlamos a los presidentes en algunas de nuestras canciones pioneriles (Dicen los americanos que Fidel usa perfume, pero no dicen que Reagan hace cola pa' los blumer). Sin embargo, desde diciembre pasado la historia parece estar cambiando, al menos en los discursos y en las intenciones y por lo pronto, en las altas esferas.

No obstante, una vez que se icen las banderas el próximo 20 de julio en las respectivas embajadas, quedará un buen camino por andar, no solo por los dos fuertes condicionamientos que Cuba sigue exigiendo para la plena normalización de las relaciones (devolución de base naval de Guantánamo y cese del embargo financiero y comercial) y que el presidente Obama ha manifestado estar dispuesto a solucionar, sino porque puntos de vista sustancialmente divergentes en algunos asuntos pueden ser un fuerte escollo para el consenso y el intercambio.

La recurrencia con que en los planteamientos oficiales cubanos se apela a la inviolabilidad del respeto a su soberanía y capacidad para elegir destino y sistema político, pudiera parecer un llamado al gobierno de Estados Unidos para la no injerencia, pero pudiera ser también un aviso de que ante determinados temas Cuba no está abierta al diálogo y al cambio.

La única causa de los problemas de Cuba de las últimas cinco décadas, no obstante, no es el fracaso del posicionamiento de Estados Unidos con respecto a ella, ni exclusivamente el modelo económico socialista tan repetidamente en reciente actualización, sino también una centralización represiva y cerrada que lleva a que, hace tan solo unos días, se hayan producido arrestos y represiones por actos de manifestación y pensamiento diferentes al políticamente aceptado, y que provoca que muchos cubanos se sientan en una sociedad que los asfixia, gobernada por dirigentes que ni eligieron ni los representan.

Sin caer en las declaraciones de republicanos que ven en la postura de Obama un respaldo al régimen dictatorial de Cuba, si no cambian algunas otras cosas además de los convenios, los nuevos negocios y acuerdos bilaterales, este habrá sido un nuevo capítulo en la historia de las naciones, de los megadiscursos y las declaraciones pero no lo será del día a día de los cubanos que escriben la historia de esa pequeña gran nación y que son los que han soportado tantos años de carencias, represiones, desarraigos y emigraciones.

Habrá que ver si el continuismo del régimen cubano es directa consecuencia del fallo de postura del vecino del norte con respecto a ellos. Habrá que ver si ahora que el acérrimo enemigo del gobierno de Cuba se ha convertido en diplomático amigo cambia realmente la situación de la isla, o si salen a flote las otras causas que han provocado la precariedad, el deterioro, la desesperanza y que han promovido tantos hechos represivos y la salida de tantos de sus ciudadanos.

Sin dudas, hoy se ha escrito un nuevo capítulo de la historia entre Cuba y Estados Unidos, y cualquier vínculo de colaboración de Cuba con otras naciones será siempre bienvenido, pero si las páginas que hoy se escriben no inician un nuevo rumbo donde los cubanos son los verdaderos actores, protagonistas, beneficiarios y libres decisores de sus destinos, de nada habrán valido tantas décadas de férreos y absurdos pseudo-principios y posturas inamovibles, ni podrán revertirse en hechos las esperanzas que muchos cubanos han puesto en el nuevo camino iniciado.

Este artículo es de hace 5 años

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Marlén González

(La Habana, 1978) Lic. en Filología hispánica y Máster en Lexicografía. Ha sido profesora en la Universidad de La Habana e investigadora en la Universidad de Santiago de Compostela.

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Marlén González

(La Habana, 1978) Lic. en Filología hispánica y Máster en Lexicografía. Ha sido profesora en la Universidad de La Habana e investigadora en la Universidad de Santiago de Compostela.