El queso: ¿la nueva moringa del comandante?

Este artículo es de hace 5 años

Si algo bueno tiene ser el dueño y señor de un país es que no son necesarias ni las pruebas, ni los argumentos ni mucho menos la coherencia. Oír hablar al que fuera jefe de Estado de Cuba durante más de cinco décadas de “maestros queseros” es una licencia humorística e irónica que solo se le permite a él.

En un país donde muchas personas no pueden beberse un vaso de leche al día y solo pueden comer los quesos que venden en las autopistas de camino a Matanzas -los afortunados que pueden hacer el trayecto y pueden comprarlos-, hablar de la producción de quesos como si de una profesión con historia y escuela se tratase, parece fruto de un sentido del humor muy negro o de una falta de apego a la realidad proverbial -o ambas cosas.

Todos los cubanos conocemos de las periódicas obsesiones del comandante, que suelen movilizar recursos y esfuerzos -además de halagos, titulares y aprobaciones, pero esos no dan de comer al pueblo- para satisfacer el nuevo gusto, fabricar resultados y tapar fracasos. Los cubanos sabemos de sus innumerables 'locuras' -desde las etapas en que aún parecía cuerdo.

En junio de 2012 Fidel en una de sus reflexiones lanzaba al mundo una frase a prueba de los más curtidos intelectos y avezados escritores, confundiendo causas, con condicionamientos y con consecuencias. A propósito de los árboles milagrosos, la moringa y la morera, decía:

Están las condiciones creadas para que el país comience a producir masivamente Moringa Oleífera y Morera, que son además fuentes inagotables de carne, huevo y leche, fibras de Seda que se hilan artesanalmente y son capaces de suministrar trabajo a la sombra y bien remunerado, con independencia de edad o sexo.

Confundir frondosidad del árbol que puede llegar a medir 4 metros con trabajo a la sombra, hablar ligeramente de trabajo bien remunerado cuando en Cuba eso casi no existe y mucho menos en el campo, son nuevamente pequeños detalles que solo los millones de malintencionados que hay por el mundo perciben.

No aclarar que las fibras de seda se referían a la morera y no a la moringa es un detalle solo exigible a los mortales que deben darle credibilidad a sus planteamientos. Al comandante no hace falta entenderlo porque casi nadie lo escucha y mucho menos lo contradice.

Haciendo uso de un poder de síntesis en él ciertamente desconocido -ostenta el récord al discurso más largo pronunciado en Naciones Unidas con una duración de 12 horas- se salta pasos y procesos y termina creando un imaginario de fértiles campos cubanos donde los árboles producen huevos, las ramas dan carne y los felices campesinos se hacen ricos en sus cómodas jornadas de trabajo.

Antes fue la moringa. Ahora es el queso.

Algunos verán en sus dos últimos grandes descubrimientos sus ansías de mesías y de gran Dios que quiere multiplicar panes y peces y sigue repartiendo miseria, otros harán interpretaciones freudianas y verán actos fallidos de ocultas intenciones sexuales, moringa rima con... y quien 'tiene queso' en Cuba no está precisamente bien servido o alimentado ni es un maestro 'quesero', pero con seguridad nadie se llevará las manos a la cabeza por la nueva locura del comandante.

Esperemos que este nuevo hobby no haya puesto a fieles seguidores a ordeñar de madrugada y con urgencia a las pocas vacas del país, ni vueltos locos a los científicos que no pudieron clonar a Ubre Blanca, ni acelere los procesos o las importaciones para poder mostrarle al 'líder histórico' (o vetusto líder) que la producción del producto lácteo se está acercando a los valores previos al período especial. Esperemos que esta no sea ocasión de una de tantas farsas montadas, de risas impuestas, malos chistes celebrados y cientos de miles de cubanos que sentados en su casa oyen hablar de maestros, de quesos y de planes que ni les llegan ni les interesan. Aunque esto quizás sea esperar demasiado.

Quizás dentro de poco, lo veremos decir que con el perfeccionamiento de los prestigiosos y reconocidos internacionalmente maestros queseros cubanos, se acabará con la desertificación y la desforestación mundial, se favorecerá la fecundidad cubana, se detendrá el enjevecimiento poblacional e Internet llegará más rápido a todos los hogares.

Este artículo es de hace 5 años

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Marlén González

(La Habana, 1978) Lic. en Filología hispánica y Máster en Lexicografía. Ha sido profesora en la Universidad de La Habana e investigadora en la Universidad de Santiago de Compostela.

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Marlén González

(La Habana, 1978) Lic. en Filología hispánica y Máster en Lexicografía. Ha sido profesora en la Universidad de La Habana e investigadora en la Universidad de Santiago de Compostela.

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