El coco y el cuento de la buena pipa: la historia interminable de Cuba

Este artículo es de hace 5 años

Junto con las ya habituales noticias de represiones, detenciones y golpizas de fin de semana a las damas de blanco, junto a las noticias cargadas de verborrea, proyecciones hacia el futuro, análisis de errores, alusión superficial a fallos y autocríticas de mentira, nos encontramos también con la de segunda aparición de Fidel Castro. Y todo este panorama no hace más que confirmarnos que en Cuba nada ha cambiado.

Reaparece Fidel y se pone en marcha toda la parafernalia que lo sigue, su séquito de acompañantes, más todos los medios oficiales y ciudadanos que por obligación, miedo u oportunismo le hacen la ola, le ríen los chistes, le alaban su supuesta clarividencia para sus 88 años. La estampa no podría representar mejor el continuismo en Cuba y las pocas intenciones de que algo estructural y profundo cambie.

De pronto, además, se suma Machado Ventura a la fiesta y tenemos que aguantar que el número dos del Partido Comunista de Cuba alerte a los jóvenes cubanos de no caer en las tentaciones del consumismo y de no dejarse deslumbrar por las cosas bonitas que pueden venir con el reestablecimiento de las relaciones con los vecinos del norte. Y cabe preguntarse ¿Se puede ser tan insensible o tan desvergonzado? ¿Cómo se puede reconocer así casi abiertamente los intentos de cerrar Cuba al mundo, cómo se puede reconocer que lo que hay en la isla no es bonito y cómo se le puede pedir a las personas que no se dejen seducir por lo mejor? Que se lo diga a sus hijos y los de su camarilla que nunca han tenido que protegerse de contaminación alguna porque nunca les ha faltado de nada. ¿Cómo, se puede, además, seguir con la infantil idea de que en Cuba no hay consumismo? -recuerdo ahora un monólogo de Alexis Valdés en el Club de la comedia español, pero el asunto no da para chistes.

¿Cómo puede rechazarse una oferta de brindar Internet gratis en Cuba porque “no lo hacen con el fin de que el pueblo cubano se comunique, sino con el propósito de penetrarnos y hacer trabajo ideológico para lograr una nueva conquista”? Se hace porque se puede, como se han hecho tantos cientos de arbitrariedades, injusticias y atropellos en Cuba, porque lo más triste es que a la larga nunca ha cambiado nada. Los grandes padres de la revolución siguen enarbolando su discurso de protección de sus conciudadanos frente a las tentaciones y males del capitalismo, mientras, en realidad, continúan ejerciendo su hegemónico poder y cercenan libertades y elecciones -porque aunque con estos discursos arcaicos se pretenda negar lo evidente, las personas deben siempre poder decidir que hacer con sus vidas y sus destinos.

¿Hasta cuándo seguirá montada la farsa y hasta cuándo se les seguirá pidiendo a los cubanos que asistan al gran teatro que es Cuba y aplaudan los sinsentidos, locuras y represiones como si fueran los más realizados y felices ciudadanos? ¿Hasta cuándo Fidel, con sus 88 años y sus nada lúcidas declaraciones, seguirá mal-vagando por los medios como si fueran su casa? ¿Hasta cuándo tendremos que oírlo hablar de cambio climático, de crisis mundiales, enfermedades, crecimiento poblacional, escasez de agua y cuanta mega catástrofe del mundo moderno haya? ¿Hasta cuándo vamos a tener que seguir aguantando el mismo discurso vacuo e inoportuno? ¿Cuándo él, con su tan cacareada lucidez-, su hermano, alguno de sus parientes, compañeros o camaradas se sentarán públicamente a dar cuenta de todos los atropellos de estos años? ¿Cuándo alguien prestará atención a las verdaderas necesidades de los cubanos? ¿Cuándo se les dará voz para que manifiesten su opinión, en lugar de encarcelarlos por querer decir públicamente lo que esperan y desean para su nación, una nación que por derecho, por sacrificio y por entrega les pertenece más a ellos que a los acomodados que la gobiernan?

Si los cubanos nos hemos acostumbrado a escuchar las mismas argumentaciones, las mismas promesas, los mismos culpables y los mismos héroes ¿qué más da que unos pocos sigamos repitiendo hasta el cansancio cuáles son los verdaderos indicios de cambios que queremos para nuestro país y nuestras gentes?

Si usar el mismo discurso obsoleto, las mismas estrategias de propaganda y los mismos mecanismos de represión han asegurado el éxito de un sistema que se acerca a la sexta década, quizás, tendremos nosotros que repetir hasta el cansancio las mismas quejas, las mismas insatisfacciones, hacer públicas las mismas injusticias y compartir los comunes deseos de todos los cubanos que amamos la isla y quizás, así, se consiga el mismo éxito de los que desde hace más de 50 años no han cambiado nada.

Este artículo es de hace 5 años

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Marlén González

(La Habana, 1978) Lic. en Filología hispánica y Máster en Lexicografía. Ha sido profesora en la Universidad de La Habana e investigadora en la Universidad de Santiago de Compostela.

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Marlén González

(La Habana, 1978) Lic. en Filología hispánica y Máster en Lexicografía. Ha sido profesora en la Universidad de La Habana e investigadora en la Universidad de Santiago de Compostela.