Jonrones en el cierre aseguran bronce para Cuba

Este artículo es de hace 5 años

Par de jonrones en el noveno inning voltearon el marcador en la discusión del bronce del béisbol panamericano, en la segunda vez consecutiva que Cuba se queda en el camino del oro en torneos continentales.

Con el partido 6 por 3, a favor de Puerto Rico, los cubanos embasaron dos hombres en el noveno inning, y Yorbis Borroto despachó jonrón por el jardín derecho que cogió movido a todo el mundo. Con el juego reseteado, José Adolis García se contagió y la botó también pero por el central, para dejar al campo a los boricuas.

Aunque los dos batazos avileños cambiaron la historia del juego por el bronce, lo cierto es que los cubanos no lucieron bien, pues después de haber estado ganando 3 carreras por 0 a la altura del cuarto episodio, perdieron la iniciativa cuando los puertorriqueños remontaron el marcador por jonrón con las bases llenas contra el abridor cubano Lázaro Blanco.

El granmense cerró así una actuación irregular en estos Juegos continentales, donde el pitcheo cubano fue utilizado de forma errática y a capricho por la dirección del equipo, pues con contadas excepciones, quedó poco claro cuál era la función de cada lanzador en la rotación.

Tras el Grand Slam boricua, los bateadores cubanos parecieron celebrar con antelación el luto por la derrota y súbitamente dejaron de producir, a pesar del ímpetu que habían mostrado en las tres primeras entradas, en las que fabricaron una anotación por inning. En cambio, los puertorriqueños se envalentonaron y anotaron dos más en el quinto por otro jonrón que dejó distancia en el marcador.

Con el juego listo para sentencia, dio inicio la parte baja del noveno, donde los de Cuba se reviraron con cuatro hits consecutivos, incluyendo los dos jonrones salvadores, para cerrar con el definitivo 7-6.

Cuba terminó así una actuación panamericana que distó de ser brillante, a pesar de esta victoria casi milagrosa por el tercer sitio, con el que no se pudo mejorar la actuación de hace cuatro años en Guadalajara, cuando también se obtuvo el bronce.

Por segunda vez consecutiva nuestro mejor equipo se queda en el camino por la discusión del oro, con lo que se va haciendo evidente que hemos perdido la supremacía del área, a pesar de que las selecciones rivales que asisten a estos certámenes no son ni de lejos las mejores de sus países.

A pesar de esto, los equipos cubanos siguen siendo mejores en estos juegos, hombre por hombre, que sus contrarios. Sin embargo, sucumben ante ellos. Lamentablemente, no se trata entonces de la calidad de los jugadores, sino de asuntos de otra índole, como la mala dirección de los equipos o la falta de confianza de los peloteros, que se derrumban ante la resistencia de contrarios de menor calidad.

En ambos casos la solución parece difícil, pues ni los técnicos cubanos son malos, ni es cuestión sencilla cambiar la mentalidad de los peloteros. En todo caso, tanto los jugadores como los técnicos están psicológicamente en desventaja, porque se les exige que ganen, a pesar de que se sabe que en el deporte cualquier cosa puede suceder.

Lo que ocurre es que los equipos Cuba no juegan contra los contrarios, sino contra el miedo a la derrota y contra el compromiso de ganar, compromiso absurdo y oportunista que traen en la cabeza desde la isla como una obligación. Obtener una victoria en esas condiciones se hace doblemente difícil, tenga la calidad que tenga el contrario de turno.

Este artículo es de hace 5 años

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