Ex marines protagonistas del cierre de la embajada norteamericana serán testigos de su reapertura

Este artículo es de hace 5 años

No siempre la vida cumple los sueños, ni siempre nos devuelve a los lugares añorados, pero la historia de los tres marines que arriaron la bandera norteamericana en 1961, cuando se cerró su embajada en La Habana, es una historia de reencuentros, regresos y simbolismos.

Corría el año 1961, un cuatro de enero, cuando los tres marines Jim Tracy, F.W. "Mike" East, y Larry Morris tuvieron que bajar la bandera estadounidense del mástil donde ondeaba en La Habana. Se daba inicio así a una política de distanciamiento y Guerra Fría que nadie imaginó tardaría 54 años en eliminarse, ni nadie calculó provocaría tanto daño, separación, odio y heridas en los ciudadanos cubanos.

Para los protagonistas de aquellos sucesos, fueron momentos cargados de gran emotividad. "La embajada tiene unas puertas grandes de cristal, y por ellas salimos los tres. Nos detuvimos en los escalones. Afuera había unos 300 cubanos, pero la acera quedó despejada", recuerda Tracy.

Morris, por su parte, no puede contener las lágrimas ni recordar aquellos sucesos sin que se le quiebre la voz. Relata haber tenido a Cuba presente durante todos estos años, y agrega que en sus 47 años de matrimonio no ha dejado de hablarle a su esposa de Cuba y que nunca se ha sentido en ningún sitio ni disfrutado a sus personas como en la Isla.

East, lo describe como un momento conmovedor, con los cubanos aplaudiendo mientras doblaban la bandera y cuando luego entraron nuevamente al recinto. “Ver nuestra bandera ondeando por última vez en Cuba, hacía sentir que algo no estaba bien, parecía que algo faltaba”, añade.

Para los tres, sus años en Cuba fueron especiales, de sentirse a gusto en el lugar donde estaban y de sentir que las personas -cubanos- estaban a gusto con ellos. “Creo que simplemente existe un vínculo especial con Cuba, un vínculo que no puedes expresar con palabras, es algo que simplemente te gusta ver (…) Es un lugar al que siempre quise volver” comenta East.

Para los tres, regresar a La Habana a ver cómo se deshace un hecho que tanta pena y sufrimiento produjo, es saldar una cuenta con el pasado y disfrutar ver que las cosas retoman su normal cauce.

La historia siempre la escriben los hombres, algunos con nombre y otros muchos anónimos. Hoy 14 de agosto estos tres infantes de la marina con nombres, rostros y vivencias personales verán nuevamente ondear su bandera en la embajada de Estados Unidos que “regresa a donde debe estar” en palabras de Larry Morris; pero sobre todo, serán testigos del fin de una situación que dañó más a las familias, a los cubanos y a los norteamericanos que a las naciones y los gobiernos. Hoy quizás sean -seamos- testigos del comienzo de un vínculo entre estos dos gobiernos que haga justicia al fuerte nexo que siempre ha unido a sus ciudadanos.

(Foto tomada de Internet)

Este artículo es de hace 5 años

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Marlén González

(La Habana, 1978) Lic. en Filología hispánica y Máster en Lexicografía. Ha sido profesora en la Universidad de La Habana e investigadora en la Universidad de Santiago de Compostela.

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Marlén González

(La Habana, 1978) Lic. en Filología hispánica y Máster en Lexicografía. Ha sido profesora en la Universidad de La Habana e investigadora en la Universidad de Santiago de Compostela.