Salidero no rima con sequía

Este artículo es de hace 5 años

Una amiga que vive en el Casco Histórico, se retuerce de indignación cada vez que dejo corriendo el agua del grifo. En La Habana Vieja, uno de los principales centros turísticos y patrimoniales de la isla, es grave la situación del abastecimiento de tan preciado líquido.

Por tanto, entre las prominentes y derruidas columnas de Carpentier, es común escuchar el chirrido de las “buenas pipas” llegando al vecindario, provocando la gritería que avisa que es hora de alinearse con cubos y pepinos de refresco reusados a buscar el suministro del día.

En Centro Habana, La Lisa, Santo Suárez y hasta en el propio Vedado, por mencionar unas pocas zonas,  la situación es similar. Las viviendas han tenido que sufrir remodelaciones arquitectónicas y demás inventos interiores para acoger los enormes tanques que garantizan el almacenamiento del agua que sólo llega en días alternos.

Hoy los que habitamos la Mayor de las Antillas nos adentramos en un contexto más alarmante. Cuba anuncia su temporada más seca en 115 años. Entre tanto, cuantiosas cantidades de agua se continúan desperdiciando diariamente en las zonas más céntricas de La Habana, una de las provincias más afectadas con esta problemática.

A pesar de las amargas limitaciones que provoca el racionamiento tan estricto del agua, en otros escenarios urbanos la falta de mantenimiento de las redes hidráulicas y la indolencia de los espectadores hacen del derroche de este líquido algo normal.

En todo el territorio nacional existen apenas 3 millones de personas beneficiadas con alcantarillado. El 73% recibe agua por redes, el 17% a través del servicio público (pipas generalmente), mientras que un 8% se halla dispersa sin acceso, apuntan cifras oficiales.

No obstante, las roturas de tuberías, salideros y demás afectaciones hidráulicas de las que soy testigo regularmente, hacen suya la ciudad ante los ojos de ciudadanos pasivos y resignados a vivir entre el desperfecto y la suciedad.

Estos “accidentes hidráulicos”, como el de la calle 25 esquina a I, Vedado, pueden llegar a ser verdaderos estorbos para el transeúnte y dañan considerablemente la higiene y la estética de la comunidad. A tan sólo una cuadra, en la concurrida avenida 23, se localiza otro gran salidero, esta vez colindante con una de las paradas de la ruta de ómnibus de la capital.

Dicha irregularidad obliga a los peatones a caminar por la calle atestada de autos en movimiento, a riesgo de ocasionarse algún funesto accidente.

El fenómeno de los salideros ocasiona en la actualidad pérdidas del 50 % del agua bombeada a nivel nacional, registraron medios de la isla durante las comisiones parlamentarias del IV periodo ordinario de sesiones de la Asamblea Nacional.

Según Inés Chapman, presidenta Nacional de Recursos Hidráulicos, el país cuenta con sólo un 36.7 % de agua almacenada, lo que ocasiona que este recurso natural no esté siempre disponible en los tiempos y en la magnitud requerida por la población.

Sin recaer en el tema de que nuestro país continúa siendo azotado por el dengue hemorrágico, enfermedad causada por un mosquito que encuentra su hogar en depósitos de agua estancada, el llamado de alerta hecho por el gobierno cubano no es suficiente si no se toman acciones ciudadanas urgentes en pos de eliminar el desperdicio irracional de agua.

Este artículo es de hace 5 años

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