Fábrica de Jatibonico: Una mirada a la creación del tabaco cubano

Este artículo es de hace 5 años

Tras 16 años de creada, la fábrica de tabaco de Jatibonico, Néstor Rodríguez, se destaca como una de las más productivas dentro de ese sector en Cuba, así lo confirma un reportaje del diario cubano Escambray.

La institución tabacalera incursiona actualmente en siete marcas de la isla con amplio nicho en la exportación, tal es el caso de Romeo y Julieta y Partagás.

“La materia prima que utilizamos es esencialmente de Pinar del Río, comentó Liset Fernández, directora de esa entidad donde el promedio diario de elaboración ronda los casi 5 mil tabacos.

La directiva apuntó que se ha logrado más estabilidad laboral en la fábrica, donde el salario promedio rebasa los 1 000 pesos cubanos; también hay cambios en el mobiliario de las áreas de torcido y despalillo, se colocó nueva carpintería, está en proyecto situar falso techo y climatizar la parte de terminado, para eso los equipos están comprados, de acuerdo los requisitos que exige esa producción final, añadií Fernández.

El pasado año la planta aportó más de un millón de tabacos redondos, entre otras tipologías como las de pirámide y figurado, considerada la mayor producción de los últimos tiempos.

Otro medidor del trabajo lo expresa la eficiencia al alcanzar un índice de rechazo a las muestras por debajo del 4 por ciento, resultado avalado por el punto de inspección de la industria y el grupo comercial Habano, comentó Fernández.

La exquisitez que define al tabaco cubano es moldeada por la mano de diversos personajes que son claves de la producción en la fábrica Néstor Rodríguez. Después de la selección de la materia prima, intervienen detalles como colocar las vitolas de alta regalía en las mesas delanteras.

Posteriormente, entran al juego el torcedor quien trabaja el producto hasta llegar a la perfección, combinando experiencia y destreza. Le sigue el rezagador que constituye un filtro vivo por el que pasan sólo los mejores torcidos siguiendo una selección de oscuro a claro y cuidando que no tengan baches ni la boquilla floja.

Finalmente, el catador, que no tiene que ser un fumador profeso, es el que le da el último visto bueno al olor, sabor, aroma y fortaleza del tabaco.

El muestreo consiste en fumarlo una pulgada, lo apagas y se le hacen otras pruebas externas, afirma Yosvel Neira, uno de los catadores de la entidad. “El sabor es lo más llamativo en la bocanada de humo, hay que detectar que tenga las características requeridas por la marca, por ejemplo, el Partagás es un tabaco fuerte, no puede haber entonces un Partagás suave”.

La directora reafirmó que el 100% de la producción diaria tiene que pasar por la máquina de tiro, equipo encargado de medir la combustibilidad del tabaco, la cual tiene que enmarcarse entre un 20 y un 80 por cientos.

“Todas las áreas son importantes, si no hay una buena selección de la capa y de la materia prima, es imposible que el torcedor pueda confeccionar un buen habano”, concretó Fernández.

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