Obra de teatro Mecánica abofetea a los nuevos ricos cubanos

Este artículo es de hace 5 años

Después de una tregua veraniega, vuelve a escena en septiembre Argos Teatro con su puesta en escena de Mecánica, la obra de teatro de Carlos Celdrán, quien se confirma entre los principales valores del teatro contemporáneo cubano. En la primera temporda las entradas se agotaron, parecía imposible conseguir una luneta, todo gracias al formidable desempeño de los actores y al profundo tratamiento de una realidad mostrada sin prejuicios.

Con un texto original del premiado y elogiado Abel González Melo, y protagonizada por Carlos Luis González, Yuliet Cruz, Yailín Coppola, Rachel Pastor, José Luis Hidalgo y Waldo Franco, con escenografía de Alain Ortiz, vestuario de Vladimir Cuenca y asistencia de dirección de Yeandro Tamayo, Mecánica provoca reacciones muy vivas del público ante cada frase con filo y cada gesto intencionado de los actores y actrices.

Tanto los actores como el texto y la dirección de Mecánica se aplican a develar las claves ocultas en el comportamiento de los Telmer, y constata la existencia de un egoísmo deshumanizado que amenaza los valores ancestrales del pueblo cubano en cuanto a solidaridad, humanismo y desinterés.

Mecánica se concentra en el universo sicológico de los nuevos ricos al interior de la contemporaneidad cubana, y pone sobre la escena gente plástica, hipócrita, de doble moral, a partir de establecer un paralelismo con Casa de muñecas, de Henrik Ibsen, en tanto se aluden personajes, conflictos y puntos de vista de aquel clásico escandinavo.

Todo se ambienta en la impersonal, frívola y lujosa suite-despacho del decimoquinto piso del Hotel Gran Cuba, en Varadero, donde vive la familia Telmer, aferrada al poder empresarial, un grupo que integra Osvaldo Telmer, Nara Telmer, Carlos Rogbar, Linda Kristín y la Dra. Katia Pérez.

A pesar de la similitud de los nombres con los personajes de Ibsen, Mecánica se desarrolla desde la perspectiva de Osvaldo Telmer, hombre apuesto, mantenido y manipulado por su mujer, gerente del hotel, que en este caso es quien lleva las riendas del poder.

Según ha declarado Celdrán al sitio web La Jiribilla, de donde hemos tomado también algunas de las anteriores opiniones, “Mecánica es el regreso de los burgueses cubanos a su salón. Su salida del clóset, su reaparición desfachatada y súbita. Con sus hábitos, sus excesos, sus dramas, su teatro. Es el salón burgués que vuelve a nosotros distorsionado pero apabullante en busca de espacio, de complejidad, de lugar”.

Celdrán se anota un nuevo éxito para su grupo Argos Teatro, fundado en 1996 en tanto laboratorio permanente para actores en la búsqueda de un lenguaje común, presto a sobrepasar cierta artificialidad reinante en el teatro cubano y a ponerlo en contacto con la espontaneidad y del mundo real.

Argos Teatro ha mantenido temporadas anuales desde su fundación con obras como Baal y El Alma Buena de Se-Chuan, ambos de Bertold Brecht; La Vida es Sueño de Calderón de la Barca; Vida y Muerte de Pier Paolo Pasolini de Michel Azama; Stockman, Un Enemigo del Pueblo, de Henrik Ibsen;  Chamaco y Talco, de Abel González Melo; Reino Dividido, de Amado del Pino; Aire Frío, de Virgilio Piñera, y El Tío Vania, de Antón Chéjov, entre muchas otras.

Celdrán ha recibido quince Premios de la Crítica, siete Premios Caricato de la Asociación de Artistas Escénicos de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, dos Grandes Premios de puesta en escena en el Festival Nacional de Teatro de Camagüey en el 2004 y en el 2010 y un Primer Premio de puesta en escena en el 2006.

Según declara Carlos Celdrán “el teatro tiene que ocupar en Cuba un lugar central en la sociedad, no puede ser un fenómeno marginal de élites, como un foro cívico, un foro donde se presenten y se debatan conflictos acuciantes de la sociedad, comportamientos, valores, éticas, discursos que dialoguen con nuestros problemas. Dramaturgos, directores y actores tienen que proponerse ese sueño, que el teatro vuelva a ocupar ese rol. La música o el baile serán centrales, el teatro no. El teatro es fundamental para pensar la sociedad, porque el libro es un hecho en solitario, mientras el teatro es una catarsis colectiva y requiere que tenga esa centralidad”.

Este artículo es de hace 5 años

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Joel del Río

Joel del Río. Periodista, crítico de arte y profesor. Trabaja como redactor de prensa en el ICAIC. Colabora en temas culturales con algunos de los principales medios en Cuba. Ha sido profesor en la FAMCA y la EICTV, de historia del cine y géneros cinematográficos.

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Joel del Río

Joel del Río. Periodista, crítico de arte y profesor. Trabaja como redactor de prensa en el ICAIC. Colabora en temas culturales con algunos de los principales medios en Cuba. Ha sido profesor en la FAMCA y la EICTV, de historia del cine y géneros cinematográficos.