La Habana: Frecuentes los accidentes por "apagón" de semáforos

Este artículo es de hace 5 años

En el mediodía de ayer dos automóviles se vieron involucrados en un penoso accidente en las cercanías del céntrico entrecruce de G y 23. En medio de una multitud acalorada, que no perdía oportunidad para documentar con sus celulares el acontecimiento, dos choferes se batían con la policía para resolver en quién recaía la culpa.

Con los rostros ensangrentados, los conductores aún mantenían en pie su disposición por arreglar legalmente el asunto; la policía no parecía interesada en priorizar la hospitalización o los primeros auxilios de ninguno.

Uno de los autos involucrados era –por supuesto- un viejo almendrón dedicado al “boteo”, o típico taxi de 10 pesos. Esta es, sin dudas, una escena que se ha vuelto cada vez más recurrente en el panorama urbano de la isla.

El suceso transcurrió durante el “apagón” repentino de los semáforos más importantes de las principales arterias del Vedado: donde se cruza la calle 23 con la Avenida de los Presidentes y con la calle Paseo. Ambas intersecciones unen dos de las más grandes y concurridas avenidas de La Habana.

Sin razón aparente y sin previo aviso, el grupo de señalizaciones situadas a lo largo de la popular avenida 23 dejan de funcionar casi semanalmente causando un peligroso caos vial. La sistematicidad de este fenómeno ha provocado serias molestias a los transeúntes y choferes ya que por este lugar circulan las principales rutas de ómnibus de la capital (las rutas P).

También queda sujeto a interrogantes el papel de las autoridades viales, quienes no arriban con prontitud a dichos escenarios.

La prensa independiente cubana se ha encargado de resaltar un tanto más las problemáticas de este tipo. Casi con una frecuencia diaria nos informamos sobre algún que otro accidente funesto en calles o carreteras por esta vía o por lo que el cubano denomina “radio bemba” y sólo si las cifras son alarmantes se ven reflejadas en los medios oficiales. 

A pesar del recato de estos últimos, la periodicidad de los accidentes automovilísticos y sus consecuencias devienen ecos altisonantes de una realidad más y más agravada a medida que se acerca y se desarrolla la etapa veraniega.

Otro de los factores determinantes en estos fatídicos sucesos es el aumento de peatones en la vía. Las personas, sumergidas en la ola de calor y sequía por la atraviesa Cuba, buscan trasladarse como se pueda a lugares o centros recreativos como playas, piscinas, clubes y heladerías.

Muchas veces los peatones atestan las aceras y parte de la calle obligando a los carros a realizar imprevistas maniobras de evasión. Hay que reconocerlo, el cubano no tiene cultura vial, no hay forma de que transitemos por las cebras u otros espacios establecidos, simplemente caminamos por donde mejor nos parezca sin medir las consecuencias.

Otro fenómeno son los boteros: estos personajes no tienen piedad si de agarrar a un cliente se trata. Hacen las piruetas más temerarias para llevarse a todo aquel que quepa (o no quepa, da igual, “se aprietan un poquito ahí”) en el auto.

Los boteros son los reyes de la calle y los “caballitos” (policías de tránsito) parecen padecer una ceguera irreparable y en ocasiones voluntaria.

Echarle la culpa al conductor por estado de embriaguez o por cometer indisciplinas viales resulta quizás el camino más fácil en el cuestionamiento sobre el incremento de accidentes, al menos es la vía que escogen los portavoces oficialistas.

Lo cierto es que existen muchos componentes de esta realidad que juegan su parte y cada uno debe ser evaluado con la misma rigurosidad, en especial aquellos que recaen en las autoridades competentes y encargadas de salvaguardar el bienestar de los peatones, conductores y pasajeros.

Este artículo es de hace 5 años

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